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Theresa May perseguirá una “relación profunda y especial” con la UE

La primera ministra emplea un insólito tono conciliador y constructivo en su comparecencia ante el Parlamento tras la activación del Brexit

Theresa May durante su discurso en Westminster, este miércoles.

Theresa May ha llamado a la unidad de los británicos, este miércoles a  mediodía en el Parlamento de Westminster, ante un “momento histórico” para el que “no hay marcha atrás”. Poco antes de sus palabras, en Bruselas, el embajador de Reino Unido, Tim Barrow,  entregaba a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, la carta de seis páginas, firmada anoche por la propia May, que abre oficialmente el plazo de 24 meses para romper una relación de 44 años.

Nueve meses después del referéndum en el que los británicos decidieron abandonar la UE, la primera ministra ha querido emplear un tono llamativamente conciliador ante los diputados. Ha evitado amenazas como la supuesta disposición del país, reiterada por el Gobierno desde enero, a abandonar la UE sin acuerdo. Ha hablado, en cambio, de alcanzar "una relación profunda y especial con la UE". Ha dibujado un Reino Unido “global” que siga siendo “un imán para el talento internacional”. El país después del Brexit, ha dicho la primera ministra, “será el mejor amigo y vecino de nuestros socios europeos pero alcanzará también más allá de las fronteras europeas”. May ha querido sonar resolutiva pero constructiva. Un talante muy diferente al mostrado hasta ahora. Más pragmático. Es tiempo de hablar.

“Cuando me siente en la mesa negociadora en los meses venideros”, ha dicho, “representaré a cada persona de todo Reino Unido, jóvenes y viejos, ricos y pobres, ciudades grandes y pequeñas, el campo, los pueblos y las aldeas. Y sí, también a esos nacionales de los países de la UE que han hecho de este país su hogar”.

La primera ministra ha insistido en su intención de negociar en paralelo los términos de la salida y las bases de la relación futura, y ha confiado en que ambos objetivos se lograrán en el plazo de dos años que abre el artículo 50 del Tratado de Lisboa, activado hoy.

Ha dejado claro May que Reino Unido saldrá de la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo. Y ha reconocido que aceptar las cuatro libertas de la UE (libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales) “es incompatible con la voluntad democrática del pueblo británico” y, por eso, Reino Unido abandonará el mercado común. Eso tendrá “consecuencias” para el país, ha admitido, pero se ha mostrado dispuesta a “convertir el proceso en un éxito”.

“Reforzar la unión de las cuatro naciones que forman Reino Unido”, ha dicho May, será una prioridad durante el proceso negociador. Igual que “garantizar los derechos” de los europeos residentes en Reino Unido y de los británicos residentes en la UE. Algo que, según May, ha dejado claro en la carta a Tusk que quiere zanjar cuanto antes.

La agenda de May, en este día en que emprende la labor para la que lleva nueve meses preparándose, empezó con una reunión de su Gabinete a primera hora de la mañana en Downing Street. Poco antes, el canciller del Exchequer, Philip Hammond, ofrecía un entrevista radiofónica en la BBC en la que lanzó un mensaje conciliador. El hecho de que Hammond, el menos euroescéptico de los ministros, fuera el elegido para abrir la jornada en la principal entrevista de los informativos matinales daba una idea del espíritu de compromiso que la primera ministra quiso recalcar horas más tarde ante el Parlamento.

Hammond, como haría hora después la primera ministra, se distanció del discurso más radical que ha marcado la pauta del Gobierno en los últimos nueve meses. El titular de Finanzas reconoció que Reino Unido no podrá seguir siendo miembro del mercado único y que el Brexit tendrá “consecuencias” para el país. Contradiciendo declaraciones anteriores del ministro de Exteriores, Boris Johnson, Hammond advirtió que Londres no podrá tomar lo que quiera y dejar el resto en las negociaciones. También rechazó Hammond la afirmación de Johnson de que abandonar la UE sin haber alcanzado un acuerdo estaría “perfectamente bien”. “Tenemos planes para el primer día después de abandonar la UE con una gran variedad de escenarios”, dijo Hammond, “pero somos muy claros en que lo que perseguimos es negociar una relación profunda y especial con la UE”.

Respecto a la factura económica del Brexit, Hammond también se mostró receptivo. Calificó el cálculo de 60.000 millones de euros, en que se ha cifrado extraoficialmente la factura desde Bruselas, de “un punto de partida muy agresivo”. Pero reconoció que Londres debe “cuadrar sus derechos y obligaciones”.

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