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La batalla por la Eurocámara rompe el pacto entre populares y socialistas

La gran coalición se disuelve al no poder pactar la presidencia del Parlamento Europeo

De izquierda a derecha, Gianni Pittella y Antonio Tajani, ayer antes de empezar un debate.
De izquierda a derecha, Gianni Pittella y Antonio Tajani, ayer antes de empezar un debate. REUTERS

La gran coalición de fuerzas políticas ha saltado por los aires en el Parlamento Europeo. A escasos días de que la institución elija a su nuevo presidente, los partidos afrontan por primera vez la votación sin una alianza previa que asegure el resultado. Populares y socialistas —muy igualados en la Eurocámara, con una diferencia de 28 escaños— pugnan por un puesto que acabarán decidiendo fuerzas más minoritarias (grupos de izquierda o liberales) y, en última instancia, formaciones eurófobas (como las de Le Pen o Farage).

La sucesión del socialdemócrata Martin Schulz, que preside el Parlamento desde 2012, está resultando muy compleja. Los puentes entre socialdemócratas y miembros del Partido Popular Europeo (PPE) se rompieron definitivamente el pasado martes, cuando el jefe de filas populares, Manfred Weber, aireó un documento hasta ahora secreto que recogía, en apenas dos párrafos y sin membrete, un acuerdo de 2014 para turnarse la presidencia de la Eurocámara con los socialistas. Tras cinco años con Schulz en el puesto, Weber les reprocha que se desvinculen de ese esquema en lugar de apoyar al candidato del PPE, el excomisario europeo Antonio Tajani. “El acuerdo se ha roto. Pero este no estaba vinculado a ninguna otra institución europea”.

Ese posible panorama monocolor en las instituciones europeas es lo que ha empujado a los socialdemócratas a defender la candidatura de su líder, el también italiano Gianni Pittella. Porque si el próximo martes prospera la opción de Tajani, las tres grandes instituciones (Comisión Europea, Consejo y Parlamento) estarán dirigidas por representantes del PPE, pese a que su posición no fue tan hegemónica en las últimas elecciones europeas ni lo es ahora en el elenco de jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Si los socialistas no consiguen la presidencia del Parlamento, “la tensión se trasladará a la presidencia del Consejo Europeo, porque el PPE no puede presidir las tres instituciones”, auguraba Ramón Jáuregui, jefe de la delegación socialista española en la Eurocámara, en un encuentro con periodistas. En ese supuesto, se complicaría la reelección de Donald Tusk al frente del Consejo, prevista para el próximo mes de mayo.

El decisivo voto de Le Pen, Farage o Grillo

Las fuerzas euroescépticas o claramente eurófobas constituyen una porción nada despreciable del Parlamento. De sus 751 eurodiputados, el llamado grupo conservador (reúne a los tories británicos y a los ultraconservadores polacos) se ha convertido en la tercera fuerza de la Eurocámara, con 74 sillones. El grupo que lidera el UKIP de Farage aglutina a 44 y el Frente Nacional de Le Pen integra un grupo de 39 eurodiputados.

Una de las grandes incógnitas reside en qué acaban votando estas formaciones. Pittella emplaza a Tajani a rechazar los apoyos que puedan provenir de algunos de esos grupos, pero el voto es secreto y partidos como el Frente Nacional o la Liga Norte italiana pueden acabar decantando la balanza a favor del PPE. Más incierta resulta la posición del rupturista UKIP, gran impulsor del Brexit, o la del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, que en los últimos días ha ensayado una maniobra para unirse a los liberales en la Eurocámara y que estos han acabado rechazando por el dudoso apego de Grillo a los valores liberales y europeístas.

La situación es inédita. Nunca el nombramiento del presidente, que rota en el puesto cada dos años y medio (a mitad de la legislatura europea) se había jugado a la última papeleta en la sesión de votación. La llamada gran coalición, que aglutinaba a populares y socialistas, pero también a los liberales, siempre había forjado algún tipo de acuerdo previo. En esta ocasión, todos los grupos han presentado candidato propio y la incógnita sobre el elegido se mantendrá hasta el final.

Las formaciones minoritarias son muy conscientes de la posición de fuerza que les otorga este escenario. La sede de la Eurocámara es estos días un hervidero de citas en las que los dos italianos que previsiblemente se disputarán la presidencia tratan de conquistar el apoyo de otros. Las normas dictan que el líder de la cámara debe ser elegido por mayoría absoluta en un máximo de tres votaciones. Si nadie lo logra, hay una cuarta ronda que se libra, por mayoría simple, entre los dos candidatos más votados. Ahí es donde los grupos más modestos deberán decidir si prefieren a Pittella o a Tajani. Al primero se le achaca un perfil bajo. Al segundo se le vincula con su mentor político, Silvio Berlusconi.

La incógnita liberal

Los liberales, con 68 escaños, figuran entre quienes tienen la llave. Una de sus diputadas, Beatriz Becerra (ahora independiente y antes en UPyD), echa en falta “peso, liderazgo y capacidad de gestión de acuerdos” en las dos figuras propuestas. Si finalmente hay que decantarse por una, Becerra aventura que sus colegas de filas se repartirán.

La izquierda minoritaria es uno de los grupos a los que el miércoles intentaba seducir el candidato socialista. La acogida fue, en principio, fría. “Por mucho que Pittella diga que la gran coalición se ha acabado, solo se demostrará cuando cambien su postura en asuntos como el CETA, las políticas de refugiados o las económicas”, avanza Marina Albiol, eurodiputada de Izquierda Unida. Este grupo rehúsa anticipar cuál será el sentido de su voto cuando se enfrente a la disyuntiva final.

También Los Verdes recelan de las credenciales de los dos grandes candidatos, aunque no contemplan abstenerse. “Es una carrera de caballos cojos. Los dos ponen muy difícil votarlos si no perteneces a su grupo”, lamenta el diputado alemán Sven Giegold.

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