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Los islamistas de Marruecos encaran sus mayores retos

El presidente recién elegido debe superar sus desencuentros con el rey, aplicar medidas económicas impopulares y luchar contra la corrupción

El presidente de Marruecos y secretario general del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), durante una conferencia de prensa celebra el 22 de octubre en Salé.rn
El presidente de Marruecos y secretario general del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), durante una conferencia de prensa celebra el 22 de octubre en Salé. AFP

El locuaz presidente de Marruecos, el islamista Abdelilá Benkirán, lleva bastante tiempo sin ofrecer  titulares de prensa. Después de señalar al Palacio Real durante la campaña de las legislativas como responsable de un poder autoritario en la sombra que se impone sobre el elegido en las urnas, ha llegado el momento de la discreción. Desde que ganó las elecciones del 7 de octubre, el secretario general del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) se limita a fraguar con otros partidos las alianzas que le permitirán gobernar en los próximos cinco años. El político más popular de Marruecos deberá recomponer en ese periodo una relación maltrecha con el rey, afrontar algunas de las medidas más impopulares, como la reducción de subvenciones al pan, el azúcar y el gas butano, y ponerle el cascabel al gato de la corrupción, una promesa bandera que le sirvió para vencer en las legislativas de 2011 y sobre la que nada ha intentado en su primer mandato.

Mohamed Madani, profesor en la facultad de Ciencias Jurídicas de Rabat, se muestra escéptico: “En 2011 Benkirán creía que se podía hacer algo respecto a la corrupción, pero ahora se ha vuelto más pragmático. No creo que vaya a sacudir el cocotero. Él sabe que la corrupción forma parte del régimen y atacarla es romper los equilibrios políticos”.

En el plano económico, el paro se encuentra estancado en torno al 10% y la deuda pública asciende al 64% del PIB, 12 puntos por encima de la que encontró Benkirán en 2011. Este último dato aboca al presidente a un recorte en las subvenciones de productos básicos. Benkirán ya superó con éxito el desafío de subir el precio de la gasolina; después se atrevió a aumentar la edad de jubilación desde los 60 a 63 años. Pero esta última medida le granjeó la oposición de los principales sindicatos del país.

“Benkirán”, señala el politólogo Madani, “ha demostrado que puede enfrentarse a los sindicatos. Ha superado las huelgas que le convocaron. Por primera vez en este país, un sindicato, el más antiguo, la Unión Marroquí del Trabajo (UMT), llamó en esta elección a votar contra el PJD. A pesar de eso, los islamistas vencieron. Pero a Benkirán no le interesa tener a los sindicalistas en contra”.

Si Benkirán fracasa en su lucha contra el paro, la pobreza y la corrupción la gente pensará que ha sido porque no le dejan trabajar

Mohamed Madani, politólogo

Muchos analistas creen que Benkirán no cambiará ni los grandes equilibrios políticos del país ni los macroeconómicos. Sus medidas podrán ser impopulares, pero no atentarán contra los poderes fácticos del Estado. “Si Benkirán fracasa en su lucha contra el paro, la pobreza y la corrupción”, señala Mohamed Madani, “la gente pensará que ha sido porque no le dejan trabajar. La gente cada vez está mejor informada y sabe que el margen de maniobra del presidente es muy corto”.

Mohamed Daadaoui, profesor de ciencias políticas en la universidad estadounidense de Oklahoma y autor de un libro sobre la monarquía marroquí y el desafío islamista, cree que el mayor reto de Benkirán será “caminar en la cuerda floja de seguir pareciendo leal al régimen y al mismo tiempo denunciar lo que él llama ‘tahakoum', o control político autoritario, en referencia un Gobierno en la sombra instalado en Palacio”.

“Dudo que pueda emprender ninguna reforma profunda en relación con la corrupción”, advierte Daadaoui. Y en cuanto a los desafíos económicos, Daadaoui cree que Benkirán no tiene garantizada la paz social. “Su reforma de las pensiones y los aumentos en el precio de la gasolina ya despertaron la ira de muchos marroquíes”, advierte. Indica Daadaoui que lo que ayudó a Benkirán a ganar en las últimas elecciones fue la enorme abstención. Aunque la participación se situó en un 43% de los inscritos en la lista electoral, Daadaoui recuerda que hay varios millones de marroquíes que ni siquiera quieren inscribirse en las listas, con lo cual, la participación real, según Daadaoui, fue del 23%.

El politólogo afincado en Estados Unidos recuerda que Benkirán estará también limitado por los partidos que decidan gobernar junto al en coalición. Y en última instancia, “las reformas económicas de mayor calado necesitarán la aprobación tácita del Palacio”, apostilla.

En Marruecos hay varios ministerios, como los de Religión, Defensa, Interior y Relaciones Exteriores, cuyos resortes se manejan directamente desde Palacio. Los poderes de Benkirán están bastante limitados. Pero tal vez ni a Benkirán ni al rey les interese limitar aún más la influencia del presidente democráticamente elegido. En cualquier caso, los desafíos seguirán esperando a la vuelta de la esquina.

Un nuevo ascensor social para las élites

FRANCISCO PEREGIL

Los islamistas del PJD llevan cinco años en el poder y dispondrán de otros cinco tras su victoria en las legislativas del 7 de octubre. ¿Conseguirán situar gente afín en las estructuras del Estado que permanezca allí incluso si el PJD perdiera las próximas legislativas?

“El rey es quien ostenta el poder para nombrar los cargos de las grandes empresas públicas estratégicas, tanto de los medios de comunicación como de la energía renovable”, indica el politólogo Mohamed Madani. “En el dominio de la seguridad, donde Benkirán tiene derecho por ley a nombrar altos cargos, no lo hace para no entrar en conflicto con el rey. Y en otros terrenos, como en las universidades, por ejemplo, el PJD no coloca a su gente. Los medios empezarían a criticar la islamización de la sociedad. Pero lo que sí hace el PJD es colocar allá donde pueden, como en las universidades, a personas que no están en contra de los islamistas. El PJD tiene una estrategia de hacerse atractivo para las élites. Hasta ahora, la monarquía era el único medio para las élites de progresar en sus carreras. Los islamistas del PJD quieren demostrar que ellos pueden servir como ascensor social.