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La pugna entre conservadores y reformistas se cobra tres ministros en Irán

El presidente Rohaní intenta frenar los ataques del ala dura con una remodelación de Gobierno

El presidente iraní Hasan Rohaní, en marzo pasado en Teherán.
El presidente iraní Hasan Rohaní, en marzo pasado en Teherán.

El presidente de Irán, Hasan Rohaní, ha aceptado la dimisión de su ministro de Cultura y Orientación Islámica, Ali Jannati, poniendo fin a una semana de especulaciones y rumores al respecto. De forma inesperada, también han renunciado los titulares de Educación, Ali Asghar Fani, y Deportes, Mahmud Gudarzi. La oficina de Rohaní ha descrito este jueves los cambios como una “reestructuración y refuerzo del Gabinete”. Sin embargo, a siete meses de las elecciones presidenciales, la medida sugiere un intento de frenar el desgaste que ha supuesto para su Gobierno la batalla de los conciertos lanzada por los conservadores contra Jannati.

La dimisión de Fani se produce apenas una semana antes de su interpelación en el Parlamento. Gudarzi, por su parte, había expresado su falta de ánimo para participar en el futuro Gabinete si Rohaní gana los comicios del próximo mayo. Algunos analistas aseguran que la remodelación no va a limitarse a estos tres ministros y señalan que los de Industria, Mohammad Nematzadeh, y Economía, Ali Tayebniá, serán los siguientes. Otros interpretan que se trata de arropar la dimisión de Jannati como algo programado y no como resultado de la presión conservadora.

“El Ministerio de Cultura ha sufrido más que cualquier otro los ataques [de los conservadores], y sus actividades han sido objeto de mentiras, calumnias y acusaciones infundadas”, manifiesta Jannati en su carta de dimisión, despejando cualquier duda.

Jannati llevaba más de un año soportando las invectivas de los sectores más conservadores quienes no sólo han censurado su desempeño respecto al cine o la prensa, ambas competencias de su ministerio, sino que, apoyados por la policía, han cancelado la mayoría de los conciertos autorizados por el Gobierno en todo el país. Estas limitaciones y la pasividad del ministro han indignado a su vez a los artistas y periodistas iraníes que le acusaban de no tomar cartas en asunto.

Las presiones aumentaron tras el levantamiento de las sanciones el pasado enero como resultado del acuerdo nuclear, la principal baza de Rohaní ante sus opositores. Pero la brecha entre Jannati y el presidente se abrió cuando el ministro dio su brazo a torcer ante los altos clérigos de Mashad y Qom, las dos ciudades santas para los chiíes, que exigían la prohibición de los conciertos programados por el ministerio.

“No se pueden dar conciertos al lado de la cúpula del mausoleo de Imam Reza (…) Mashad es una ciudad de peregrinación, no un lugar turístico o de juerga”, declaró en agosto el ayatolá Alamolhoda, imam de las plegarias de viernes en esa ciudad del noreste de Irán, la segunda ciudad más poblada de país y el mayor mausoleo del mundo musulmán.

La Asociación del Profesorado del Seminario de Qom también expresó hace un par de semanas su indignación por un concierto celebrado en esta ciudad, donde se ubica el mausoleo de Hazrat Masumeh, hermana del octavo imam. Esa institución calificó el evento de “ofensivo e irracional (…) un acto vergonzoso, inaceptable y no digno de la ciudad santa de Qom”. Sus responsables incluso amenazaron al ministerio achacándole la responsabilidad de “la reacción de los altos clérigos y los daños materiales y espirituales que puedan causar los fieles”.

Tras la revolución de 1979, el Ministerio de Cultura y Arte fue rebautizado como de Cultura y Orientación Islámica. Desde entonces siempre ha sido uno de los más polémicos.

Jannati dio un nuevo paso atrás. Primero aceptó la retirada del representante de Cultura en Qom y luego anunció que “como el representante del líder supremo en Mashad se opone a los conciertos, nosotros respetamos su opinión y renunciamos a celebrarlos”. Su gesto sólo agravó las diferencias con Rohaní. “Cualquiera que se levanta por la mañana y encuentra un podio, no puede ponerse a decretar leyes. Nuestro ministro no tiene que obedecerlos; tiene que cumplir la ley”, declaró el presidente.

Por una parte, la salida de Jannati libera a Rohaní de un peso, pero está por ver si también es un éxito de los conservadores. Para ello habrá que esperar a saber si el nuevo ministro de Cultura está más en sintonía con las exigencias de los ultras, o si el presidente aprovecha para cumplir finalmente las promesas que hizo durante la campaña electoral de 2013 y presenta al Parlamento un candidato más progresista.

Tras la revolución de 1979, el Ministerio de Cultura y Arte fue rebautizado como de Cultura y Orientación Islámica. Desde entonces siempre ha sido uno de los departamentos más polémicos de todos los gobiernos y un campo de batalla ideológico entre las distintas corrientes que compiten por el poder en la República Islámica. El Gobierno de Rohaní no ha sido una excepción.