La crisis política en Irak dificulta la lucha contra el ISIS

Destituido el ministro de Defensa justo cuando se prepara el asalto final a Mosul

Una bandera del ISIS parcialmente rasgada, a la entrada de Qayara, localidad iraquí recuperada recientemente por Bagdad.
Una bandera del ISIS parcialmente rasgada, a la entrada de Qayara, localidad iraquí recuperada recientemente por Bagdad.Susannah George (AP)

"Después de Faluya, Mosul”, coreaban los soldados iraquíes tras la recuperación de la simbólica ciudad de Al Anbar el pasado junio. Envalentonado por el éxito, el propio primer ministro, Haider al Abadi, aseguró que echarían al Estado Islámico (ISIS) de su último gran bastión en el país antes de que acabara este año. Incluso el jefe de las fuerzas de EE UU en Oriente Próximo, el general Joe Votel, lo cree posible. Sin embargo, la crisis política en Bagdad amenaza, una vez más, los planes militares.

La gravedad de la situación desde que en el verano de 2014 el ISIS conquistara casi una cuarta parte del territorio de Irak, ha eclipsado a menudo la feroz lucha política que se libra en la capital. En el último episodio, el Parlamento destituyó la semana pasada al ministro de Defensa, Jaled al Obeidi. Se trata de un asunto complejo porque toca de lleno el precario equilibrio confesional que el Gobierno iraquí requiere para funcionar.

“Su destitución complica el éxito de las operaciones contra el ISIS y los esfuerzos de reconciliación suní”, estima Emily Anagnostos, del Institute for the Study of War

Dicha reconciliación es en realidad un prerrequisito para vencer a los yihadistas. Además de explotar el sentimiento de marginación de los suníes, el autoproclamado califato ha agrandado la brecha generacional en esa comunidad y destruido las estructuras tribales. En lugar de plantar cara a los invasores, los líderes tradicionales huyeron a Bagdad, Erbil o Ammán. El ISIS explotó esa situación asignando responsabilidades a los jóvenes, en especial de las tribus más alineadas con el Gobierno, tal como ha analizado el International Crisis Group.

De acuerdo con ese centro de estudios, los nuevos líderes empoderados por el ISIS “pueden ser remisos a dejar el poder y enfrentarse tanto a los políticos suníes como a la legitimidad de los notables de la tribu”. Para alcanzar una fórmula satisfactoria para todos en las zonas reconquistadas a los yihadistas, además de minimizar los abusos de las milicias chiíes que han sido habituales en operaciones anteriores, el Gobierno necesita contar con un mínimo consenso suní. Pero Al Obeidi ha sido víctima de una disputa dentro de esa comunidad, lo que hace temer que su relevo fomente una mayor inestabilidad.

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Si los partidos suníes, ahora divididos entre partidarios de Al Obeidi y de su rival, el presidente del Parlamento, Salim al Juburi, no logran ponerse de acuerdo en un candidato, es posible que la plaza termine en manos de un político más cercano a Irán. En opinión de Anagnostos, eso podría “limitar la implicación de EE UU en Irak justo cuando se aproxima la operación de Mosul”.

De momento, las fuerzas de seguridad iraquíes, respaldadas por la coalición que dirige EE UU, siguen sus operaciones preparatorias alrededor de esa ciudad. La semana pasada lograron expulsar a los milicianos del ISIS de Qayara, una localidad situada a 60 kilómetros al sur y cuya cercana base aérea se considera clave para el lanzamiento de la ofensiva final. Además, y en previsión de esta, la ONU ha empezado a preparar seis grandes campamentos para los 1,2 millones de desplazados que espera.

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Sobre la firma

Ángeles Espinosa

Corresponsal para los países ribereños del golfo Pérsico, ahora desde Dubái y antes desde Teherán. Especializada en el mundo árabe e islámico. Ha escrito El tiempo de las mujeres, El Reino del Desierto y Días de Guerra. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense (Madrid) y Máster en Relaciones Internacionales por SAIS (Washington DC).

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