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ANÁLISIS

Trump, el caballo de Calígula

Desde que el emperador nombrara cónsul a su caballo, no ha habido un caso en el que la discrepancia entre la capacidad y las exigencias de un cargo sea más abismal

Donald Trump, candidato republicano a la Casa Blanca
Donald Trump, candidato republicano a la Casa Blanca REUTERS

Es imposible —absolutamente imposible— exagerar lo acertado que estuvo Barack Obama el martes cuando declaró que Donald Trump no estaba capacitado para ser presidente de Estados Unidos.

Algo parecido decimos todos en la vida cotidiana sobre gente que ocupa o aspira a ocupar puestos de autoridad. En el colegio: ¿cómo es que nos tocó un profesor de matemáticas que no sabe enseñar? En el trabajo: ¿cómo demonios fue que nombraron jefa a fulana? En el fútbol: ¿qué estaba pensando el presidente cuando eligió a semejante inepto como entrenador?

Bien. Normal. Pero nunca, al menos desde que el emperador Calígula nombró a su caballo cónsul de Roma, ha habido un caso en el que la discrepancia entre la capacidad y las exigencias de un cargo sea más abismal que en el caso del aspirante republicano a la Casa Blanca.

Trump no solo carece de la inteligencia emocional y cerebral de un chico de primaria, no ha hecho ni los más elementales deberes. Como consecuencia suelta una imbecilidad tras otra. Quizá lo que provocó que el presidente Obama disparará contra él con más contundencia que nunca esta semana fue lo que había dicho dos días antes el candidato republicano en una entrevista de televisión.

Preguntado sobre su admirado Vladimir Putin, Trump dijo que si él fuera presidente de Estados Unidos el presidente ruso no enviaría tropas a Ucrania. La transcripción en español de aquel segmento de la entrevista es la siguiente.

Trump: “Él [Putin] no va a entrar en Ucrania, ¿OK? Para que lo entienda. No va a entrar en Ucrania, ¿entendido? Lo puede anotar. Lo puede apuntar. Lo puede llevara donde quiera.”

Entrevistador: “Bueno, ya está ahí, ¿no?”

Trump: “OK. Bien, lo está de cierto modo. Pero yo no estoy ahí. Obama está ahí. Y francamente toda esa parte del mundo es un lío por Obama.”

Ya conocemos todos lo que el presidente francés Francois Hollande acaba de llamar “los excesos” de Trump que hacen “que la gente quiera vomitar”. Pero lo que no habíamos tenido tan claro con tanta nitidez hasta esta entrevista es su abismal ignorancia del mundo en el que vivimos.

Cualquiera con un mínimo de interés en las noticias sabe que hace un par de años Putin envió tropas invasoras a Crimea, en el sudeste de Ucrania, y anexionó el territorio ocupado. Pero Trump no se enteró. Pillado, no pudo hacer más que balbucear la igualmente ridícula falsedad de que el responsable del “lío” ucraniano era no Putin, sino Obama.

Tanto Obama como todos los demás presidentes de la historia de Estados Unidos son unos colosos comparados con Trump, unos parangones de la cordura, la inteligencia y el buen juicio. Sí, hasta Richard Nixon, Ronald Reagan y George W. Bush. Trump vive en un mundo paralelo de su propia invención. Es un loco que decenas de millones de los habitantes del país más rico y poderoso del mundo creen digno de ser su presidente.

Queremos creer que la civilización humana progresa. Nos equivocamos.