Reino Unido vota por dejar la Unión Europea

David Cameron anuncia que dejará la jefatura de Gobierno tras el congreso de su partido en octubre

Un grupo de ciudadanos rodea el coche de Boris Johnson este viernes a las puertas de su domicilio en Londres.Tim Ireland (AP) / Quality (reuters_live)

La primera incógnita, la principal, se despejó con la comunicación del resultado oficial a primera hora de la mañana. Los británicos, por un 51,9% contra un 48,1% de los votos, habían decidido abandonar la Unión Europea.

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La segunda no tardó ni dos horas en resolverse. Ante el 10 de Downing Street, la que ha sido su residencia en los últimos seis años, David Cameron anunció que se va en octubre. El país, dijo un primer ministro que hace un año parecía intocable, “necesita un liderazgo fuerte” que él no está en condiciones de proporcionar. Su legado será exactamente el contrario del que soñó. Quien quiso pasar a la historia como el primer ministro que zanjó el debate europeo y que hizo resurgir la economía británica, se va tras sacar al país de Europa y depositar una bomba en la economía mundial.

Recuento de votos tras el referéndum del 'Brexit'.Quality (reuters_live)

A partir de ahí, todo aconteció en cadena. Nicola Sturgeon, ministra principal escocesa, se encargó de recordar al país que el desafío al que se enfrenta es de carácter doble: no solo habrá de encontrar un nuevo lugar en el mundo, sino abordar su delicada realidad territorial. “Un nuevo referéndum de independencia en Escocia es altamente probable”, dijo Sturgeon, quien consideró “democráticamente inaceptable” que los escoceses sean arrastrados fuera de la UE contra si voluntad mayoritaria.

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Los efectos colaterales del Brexit alcanzaron también a la oposición laborista. Su fracaso en movilizar a su electorado tradicional fue una de las claves del desenlace. El laborismo no tuvo argumentos para responder al miedo a la inmigración entre las clases trabajadoras, que el referéndum ha revelado como uno de los conflictos sociales más importantes del país. En respuesta al tibio compromiso que exhibió en la campaña Jeremy Corbyn, dos diputadas promovieron por la tarde una moción de censura que supone la primera cristalización del desafío a su liderazgo amagado por sus enemigos desde que tomó las riendas del partido en septiembre.

Europa, por su parte, recibe un revés seco y directo. Al mentón, donde más duele. El Brexit la condena a una etapa de convulsiones económicas, financieras, políticas e incluso legales cuando el club está aún lejos de reponerse de la Gran Recesión. La UE descubre, de pronto, que ya no es irreversible. El desplome de la libra esterlina fue apenas un aperitivo: las turbulencias en los mercados recordaron los tiempos de Lehman Brothers.

Cameron tras anunciar que dimitirá en octubre.
Cameron tras anunciar que dimitirá en octubre.Matt Cardy (Getty Images)

El Brexit abre una nueva era: es, de largo, el mayor revés del proyecto desde su fundación hace seis décadas. “Reino Unido ha elegido el camino de la inestabilidad; el resto de socios europeos no debería seguir esa senda”, acertó a decir el jefe del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. Las principales instituciones –Comisión, Consejo Europeo y Eurocámara—emitieron un comunicado conjunto en el que abren la puerta de salida a Londres y subrayan la unidad del resto de socios.

Bruselas miraba de reojo a Berlín y París. De ambas capitales llegó la misma sensación de incertidumbre: “El resultado del referéndum será un parteaguas para el proyecto europeo”, dijo la canciller Angela Merkel. “Se trata de un shock explosivo: es hora de reinventar otra Europa”, apuntó el primer ministro francés, Manuel Valls. Juncker pidió a Berlín y París “celeridad” para dejar claro cuanto antes cómo va a funcionar desde ahora la Unión de los Veintisiete.

El equilibrio no será fácil: ni Alemania ni Francia quieren concesiones para Reino Unido que estimulen el euroescepticismo a escasos meses de sus elecciones. Hollande y Merkel se reúnen el próximo lunes con el italiano Matteo Renzi y el presidente del Consejo, Donald Tusk, para fijar una posición común de cara a la cumbre de la semana próxima.

¿Es el principio del fin del proyecto europeo?, se preguntaba la prensa británica en la sede de la Comisión Europea. “No”, contestó rotundo el jefe del Ejecutivo europeo, Jean-Claude Juncker, que reclamó a Londres “que no prolongue innecesariamente la incertidumbre” y empiece a negociar de inmediato su salida, a la vista de que el Ejecutivo británico ha empezado a jugar con los tiempos como estrategia para lograr un acuerdo más beneficioso.

Ni siquiera con la miel de la victoria en la boca renunció Boris Johnson a llevar la contraria a sus odiados “burócratas europeos”. El exalcalde de Londres y estrella principal de la campaña por el Brexit dijo que no había prisa por invocar el artículo 50, que abre el proceso de dos años para negociar los términos del divorcio. Con actitud grave de hombre de Estado, preparando acaso el camino hacia Downing Street que se le se presenta ahora más despejado, Johnson llamó a la calma y a la conciliación. La policía hubo de protegerle de una multitud que se congregó junto a su casa para insultarlo.

La euforia la aportó Nigel Farage. El líder del antieuropeo UKIP, cuya amenaza al partido tory llevó a David Cameron a convocar el referéndum, quiso recordar que si no fuera por él todo esto nunca se habría producido. “Atrevámonos a soñar que amanece en un Reino Unido independiente”, dijo, a primera hora de la mañana, como si llevara toda la vida saboreando la frase.

La celebración de Farage, apartado de la campaña oficial por su potencial divisorio, era la prueba de que el del jueves fue también un voto contra las élites. La Inglaterra media despreció en las urnas las reiteradas advertencias del establishment político y económico sobre los riesgos del Brexit. El mensaje será convenientemente asimilado por los movimientos populistas y nacionalistas que alimentan el antieuropeísmo en todo el continente.

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