China presiona a Taiwán ante la llegada del partido independentista al poder

Pekín ha llevado a cabo varias acciones que los analistas interpretan como avisos al futuro gobierno de la isla autogobernada.

Este viernes la candidata del pro-independentista Partido Democrático Progresista (PDP) tomará las riendas de la República de China (Taiwán). Tsai Ing-wen ganó las elecciones presidenciales y parlamentarias el pasado 18 de enero. Durante el periodo de transición hacia su mandato, la República Popular China ha tomado una serie de decisiones que han mermado las relaciones entre los dos lados del estrecho que separa a ambos territorios.

Ensayo para la toma de posesión de la nueva presdienta.
Ensayo para la toma de posesión de la nueva presdienta. RITCHIE B. TONGO (EFE)

En los cuatro meses de traspaso de poder, el Gobierno de China ha despertado la preocupación entre las autoridades de Taipéi con casos como el final de la “tregua diplomática”: el pasado 17 de marzo el gigante asiático restablecía relaciones diplomáticas con un antiguo aliado de Taiwán, Gambia. Elizabeth Freund Larus, profesora de ciencias políticas y asuntos internacionales de la Universidad de Mary Washington en Virginia (EE UU), señala al respecto que “Pekín podría estar forzando intencionadamente a Taiwán a gastar enormes cantidades de dinero para mantener los lazos diplomáticos con los pocos aliados que le quedan.”

En abril, otro caso que desató el malestar en Taipéi fue el “secuestro”, según el Ministerio de Exteriores de la isla autogobernada, de ciudadanos taiwaneses, sospechosos de participar en un fraude telefónico en Kenia. Los supuestos malhechores, con pasaporte taiwanés, fueron deportados a China en vez de a Taiwán. Malasia tomó una decisión similar a finales del mismo mes, enviando a 32 sospechosos de la República de China a Pekín.

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Medios de la República de China han visto en las recientes maniobras militares del Ejército Popular de Liberación una advertencia más al gabinete de la futurible presidenta. La mayor de ellas ha tenido lugar esta misma semana en Fujian, una provincia al sureste de China, a pocos kilómetros del territorio taiwanés.

La presión ejercida en organismos internacionales para evitar la presencia de representantes de la ínsula, o forzar la aceptación del consenso de 1992 —un concepto que implica la existencia de una sola China, pero con diferentes interpretaciones—, es otra de las formas con la que el país presidido por Xi Jinping parece avisar a Taiwán. Ma Xiaoguang, de la Oficina de Asuntos Taiwaneses en el lado continental, declaraba la semana pasada que cualquier intento de desafiar el consenso de una sola China es “insostenible”. Sus declaraciones llegaban tras la polémica suscitada por la invitación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a Taiwán para participar como observador en su próxima asamblea anual. La invitación obliga al Gobierno de la región en disputa a aceptar la Resolución 2758 de la ONU, la cual reconoce al país comunista como "el único representante legítimo de China ante las Naciones Unidas”. 

La presidenta electa siempre se ha mostrado ambigua respecto al consenso de 1992. El PDP no acepta la definición de Pekín. El gigante asiático, que en más de una ocasión ha reiterado que “contempla el uso de la fuerza en caso de que Taiwán declare formalmente su independencia”, observará con atención el discurso de inauguración de Tsai, donde se espera que haga una clara referencia a dicha problemática.

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En marzo Yang Guo-qiang, jefe de la inteligencia taiwanesa, afirmó que China podría parar el dialogo entre los dos vecinos del estrecho si el país presidido por Xi se siente insatisfecho con la líder del PDP. Ya entonces Yang alertó sobre los métodos que el gigante asiático podría utilizar para ejercer presión sobre la isla autogobernada: “Podrían poner fin a las negociaciones bilaterales, podrían frenar las visitas de turistas chinos o aislar y presionar a Taiwán en el escenario internacional”. Larus añade que “los analistas ya anticiparon que si Tsai ganaba las elecciones, Pekín cogería su bolsa de herramientas para forzarla a aceptar la política de una sola China [consenso de 1992].”

El turismo como arma disuasoria

Los viajeros de la República Popular China son la mayor fuente de ingresos para la industria turística taiwanesa. La administración de Ma Ying-jeou, el presidente saliente de la isla autogobernada, fomentó durante su mandato la llegada de visitantes del lado continental. El número de ciudadanos del gigante asiático que visita Taiwán desde el 2008 ha aumentado de manera progresiva; en 2015 se alcanzaron los 4,2 millones de visitantes, sin embargo las cifras del pasado mes de marzo marcan una disminución del 10% respecto al año pasado.

El Centro Nacional de Regalos Creativos y Culturales en Taipéi recibe a muchos de los grupos de turistas que llegan desde el otro lado del estrecho. Durante los últimos meses, sin embargo, el número de visitas por parte de turistas de la República Popular China ha disminuido. He Siyan, uno de los empleados del centro señala que “cada vez hay menos [visitantes]”, mientras acompaña a la prensa a una de las secciones favoritas —y más caras— de los viajeros del país oriental: las joyas de coral.

Con piezas de hasta 40.000 NTD (1.075 euros), las ventas se han resentido. “La mayoría de nuestros clientes son de China continental, pero en los últimos meses hemos visto disminuir sus llegadas”, indica Tina, que trabaja en dicha sección.

El turismo es uno de los sectores con los que Pekín parece estar enviando un mensaje a Taipéi ante la toma de posesión de Tsai. Una fuente del Departamento de Turismo de Taiwán señala: “Hay una clara preocupación al respecto, pero todavía no sabemos muy bien qué es lo que va a pasar”.

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