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Corbyn da libertad de voto a los laboristas sobre el bombardeo a Siria

El líder britanico elude una rebelión pero deja claro que la postura oficial es de rechazo

Jeremy Corbyn, líder de la oposición británica
Jeremy Corbyn, líder de la oposición británica. REUTERS

Jeremy Corbyn, el líder de la oposición laborista en el Parlamento británico, dará a sus diputados libertad para apoyar o rechazar la participación de Reino Unido en los bombardeos al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en Siria. El primer ministro conservador, David Cameron, quiere someter el asunto cuanto antes a la preceptiva votación parlamentaria para estar bombardeando Siria antes de Navidad. Los diputados laboristas tendrán libertad de voto, pero Corbyn dejará claro que la postura oficial del partido es la suya propia: la firme oposición a bombardear Siria, al entender que no existe un plan claro sobre qué hacer después de las bombas, y que estas podrían empeorar las cosas si las muertes civiles accidentales acaban fortaleciendo al grupo terrorista. Una postura que, según una encuesta online realizada durante el fin de semana por el equipo de Corbyn entre 1.900 militantes, comparte el 75% de las bases.

Corbyn tratará de presionar a Cameron para que retrase la votación, que el primer ministro pretendía celebrar el miércoles, hasta que se dé respuesta a las preocupaciones de los laboristas respecto al plan presentado la semana pasada. En una carta enviada este lunes a Cameron, el líder de la oposición le pide que celebre un debate de dos días por tratarse de un tema “de una importancia crítica”. La petición oculta una maniobra para retrasar la votación a la próxima semana: celebrar el debate el miércoles y jueves obligaría al primer ministro a cancelar un viaje a Bulgaria que tiene programado y haría coincidir la votación con unas elecciones parciales en Oldham, provocadas por el fallecimiento de un diputado.

La decisión de dar libertad de voto neutraliza el riesgo de una dimisión en masa del llamado gabinete en la sombra, que reproduce en la bancada de la oposición las carteras ministeriales: dos tercios de sus miembros, incluidos el vicepresidente del partido y el portavoz de Exteriores, han anunciado que votarán a favor de los bombardeos. Pero al mismo tiempo, al dejar claro que su postura es la oficial del partido, busca ejercer una presión a los diputados: quienes voten a favor de la propuesta del primer ministro no solo se señalarán públicamente, sino que estarán desafiando la línea oficial. Algo que, por otro lado, el propio Corbyn se cansó de hacer en sus más de 30 años de diputado raso.

En la actualidad, las fuerzas aéreas británicas solo tienen autorización para bombardear en Irak: los diputados votaron no intervenir militarmente en Siria en 2013, en lo que supuso una importante derrota para David Cameron. Pero el primer ministro confía en que ahora, tras los atentados en París y la posterior resolución de la ONU instando a sus miembros a combatir al ISIS “con todas las medidas necesarias”, contará con el respaldo del Parlamento.

Cameron, que cuenta con una frágil mayoría en la Cámara, necesita que un número de diputados laboristas vote a favor de su moción, ya que algunos rebeldes de sus propias filas han anunciado que votarán en contra. El jueves, en su intervención en el Parlamento, dejó claro que no celebrará la votación si no está seguro de ganarla. Una derrota, dijo, sería un indeseable “golpe de publicidad” para el ISIS.

En su Congreso de finales de septiembre, los laboristas llegaron a una acuerdo sobre las precondiciones que debían darse para que el partido apoyara los bombardeos. Estas incluyen el apoyo inequívoco de la ONU y de los socios en la región, y un plan humanitario completo. Corbyn considera que el plan presentado por Cameron el pasado jueves no cumple esas precondiciones, y así se lo hizo saber este fin de semana por carta a cada uno de los diputados. Por su parte, expertos del Gobierno han mantenido reuniones informativas con diputados laboristas para aclarar dudas acerca del plan de Cameron.

Uno de los temas más controvertidos del plan presentado por Cameron es la afirmación de que 70.000 rebeldes sirios moderados están dispuestos y preparados para la ofensiva terrestre posterior a los bombardeos, que el primer ministro reconoció que será necesaria, pero en la que aseguró que Reino Unido no participará. El primer ministro dijo haber obtenido la cifra de sus servicios secretos pero no especificó cuál era la composición de esas fuerzas.

La decisión de dar libertad de voto pone fin a los días más tumultuosos de los ya muy tumultuosos casi tres meses desde que el izquierdista Jeremy Corbyn asumiera el liderazgo del laborismo el 12 de septiembre, con un amplio respaldo de los militantes pero con escaso apoyo entre los diputados de su partido. La disyuntiva que tenía estos días ante sí era difícil de superar: si imponía la disciplina de voto, como dijo que haría, se arriesgaba a una rebelión en toda regla; si daba libertad, como finalmente ha hecho, pondría en evidencia la radical división ante un asunto de Estado de un partido que aspira a gobernar.