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Erdogan busca reforzar sus poderes sin reformar la Constitución

El AKP necesita 13 votos más de otros partidos para poder aprobar las enmiendas

Recep Tayyip Erdogan saluda tras rezar en una mezquita de Estambul.
Recep Tayyip Erdogan saluda tras rezar en una mezquita de Estambul. AP

Recep Tayyip Erdogan acudió ayer a rezar a la mezquita de Eyüp de Estambul, donde oraban los sultanes del Imperio Otomano. La victoria electoral por mayoría absoluta de su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) reabrió el domingo la vía para que el presidente turco refuerce su poder ejecutivo. Cuenta con 317 escaños en su haber en una Cámara de 550, pero el AKP necesita 13 votos más para poder aprobar una enmienda de la Constitución en solitario que encumbre a Erdogan antes de someterla a referéndum de los ciudadanos.

Casi nadie parece dudar en Turquía de que Erdogan intentará ampliar sus atribuciones como jefe del Estado para aproximarlas a las que tiene el presidente de la República Francesa. La victoria aplastante del 49,5% de los sufragios no concede sin embargo a su partido la mayoría cualificada de las tres quintas partes (330 escaños) de la Gran Asamblea de Ankara necesaria para abordar la reforma. El resultado también constata la extrema polarización de la ciudadanía turca en dos mitades enfrentadas a favor y en contra de Erdogan, primer ministro durante más de 11 años y presidente elegido por el 52% de los votos en agosto de 2014.

A los islamistas del AKP les resultará fácil formar un nuevo Gobierno estable y monocolor, el cuarto en 13 años, gracias a su hegemonía en el hemiciclo, pero van a tener muchas dificultades para sumar los pocos escaños que necesitan y brindar a su fundador una presidencia con mayores poderes ejecutivos. Los partidos de la oposición temen que Erdogan aproveche las nuevas atribuciones para extremar su deriva autocrática, lo que acentuaría aún más las profundas divisiones entre sectores islámicos y laicos en la sociedad turca, y la marginación de la minoría kurda, que representa una quinta parte de los 78 millones de habitantes del país.

“La voluntad nacional se ha expresado en favor de la estabilidad”, declaró ayer Erdogan a la salida de la mezquita de Eyüp, antes de reclamar unidad a los turcos. “Ahora que un partido con un 50% de los votos ha alcanzado el poder, eso debe ser respetado por todo el mundo”, advirtió el presidente, quien criticó la cobertura de las elecciones de la prensa internacional.

Dentro de apenas dos semanas, el presidente y el recién ratificado en las urnas primer ministro, Ahmet Davutoglu, recibirán en la ciudad costera mediterránea de Antalya a los líderes del G20. En el cónclave económico mundial se oficiará el reconocimiento internacional de un modelo de poder bicéfalo de facto.

A la espera de que cuajen las negociaciones políticas entre todos los partidos para reformar las Constitución —una oferta que lanzó Davutoglu en la madrugada siguiente a la jornada electoral—, Erdogan ya ha ido construyendo por la vía de los hechos consumados un aparato de poder en su entorno. El Parlamento ha aprobado recientemente partidas para dotar a la Presidencia de la República de asesores en materia de seguridad y defensa, servicios de inteligencia y relaciones políticas, en lo que algunos analistas turcos denominan un gabinete en la sombra.

Con la cuarta mayoría absoluta del AKP, Erdogan ve también reforzado su liderazgo en un momento en el que el conflicto sirio se ha internacionalizado. Ankara se ha comprometido con Washington y participa directamente con su aviación en los bombardeos contra posiciones del Estado Islámico (ISIS) en el norte de Irak y de Siria, aunque también libra su propia guerra contra las milicias kurdas sirias del Partido de la Unión Democrática (PYD), aliado de la guerrilla separatista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que ha roto hace tres meses la tregua con Turquía. El equilibrio de fuerzas resulta complejo: Estados Unidos, que utiliza las bases aéreas turcas de Inçirlik y Diyarbakir en sus incursiones contra los yihadistas del ISIS, sostiene además las operaciones sobre el terreno del PYD en el norte de Siria.

Concesiones de la UE

La Unión Europea también cuenta con Turquía para gestionar el flujo de refugiados que huyen de la guerra en Siria. Más de dos millones de sirios han sido acogidos en campamentos establecidos y en el conjunto del territorio turco desde el inicio de la guerra en la primavera de 2011. Desde el pasado verano, decenas de miles de sirios han llegado a suelo griego desde las costas turcas para solicitar después asilo en países de la UE.

La canciller alemana, Angela Merkel, viajó a Turquía recientemente para ofrecer concesiones económicas al Gobierno de Ankara a cambio de su participación en el control de movimientos de los refugiados. Turquía quiere sacar partido de la situación para acelerar su proceso de negociaciones de adhesión, prácticamente congelado desde hace una década. Como primer gesto de buena voluntad, el Gobierno turco ha planteado a Bruselas que adelante al próximo 1 de enero de 2016 el previsto levantamiento de la imposición de visado a los turcos para viajar por los países de la zona Schengen.

 

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