Ocio y viviendas: la nueva prosperidad de la capital de Corea del Norte

El régimen ha inaugurado numerosos centros de ocio, como un delfinario o un cine en 3-D

Una familia asiste a un espectáculo en el delfinario de Pyongyang (Corea del Norte), el 11 de octubre de 2015.
Una familia asiste a un espectáculo en el delfinario de Pyongyang (Corea del Norte), el 11 de octubre de 2015.ED JONES (AFP)

El delfín "Pyongyang 4" acaba de acertar la suma de 5+3 y ha hecho sonar el silbato 8 veces. Los 1.500 asistentes al espectáculo del delfinario Rugna, en la capital norcoreana, se deshacen en aplausos. En las afueras, el jubilado Kim Yu-chol, de 63 años, pasea con sus nietos en el Parque Folklórico, un parque temático que recrea la historia del país en versión oficial. "Gracias al liderazgo del Partido de los Trabajadores podemos ver esta enorme riqueza cultural. Me alegra que mi familia y yo podamos disfrutarlo", declara Kim.

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El delfinario y el Parque folklórico son, como un cine en 3-D, un centro ecuestre o un crucero por el río Taedong, algunas de las nuevas opciones de entretenimiento que desde hace 3 años han empezado a multiplicarse en Pyongyang, construidas por orden de Kim Jong-un.

No son las únicas novedades en el paisaje de la capital norcoreana. Pyongyang vive un "boom" de la construcción. En 2014 se inauguró todo un barrio de rascacielos, Changjon, de 18 gigantescos bloques construidos en apenas un año. Y, justo a tiempo para el 70 aniversario del Partido de los Trabajadores que el régimen conmemoró a todo trapo este fin de semana, se ha terminado de construir un gigantesco complejo de viviendas con vistas al río para científicos y académicos, la "Calle para los Científicos Mirae".

"Las cosas están cambiando a una velocidad que nos sorprende incluso a nosotros mismos", afirma el señor Han, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Corea del Norte atraviesa una etapa de recuperación económica, gracias en parte al surgimiento de una economía informal que el régimen tolera tras la quiebra del sistema de cuotas a raíz de la hambruna de los 90. También contribuyen la venta de materias primas a China y a los fondos que hacen llegar los trabajadores norcoreanos enviados -muchos en condiciones muy precarias- como mano del obra al exterior.

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Una serie de incipientes reformas económicas, que aplican algunos principios del mercado en la agricultura y el comercio, "parecen haber elevado el nivel de vida para una porción de norcoreanos de a pie", reconocía un informe del Servicio de Investigación del Congreso de EE UU en julio. Según el Banco Central surcoreano, el vecino del norte crece a un ritmo del 1% anual.

Los signos de prosperidad en la capital –donde solo se permite vivir a los más afectos al régimen– son ubicuos. Muchos ciudadanos corrientes llevan móvil. Koryolink, la red de telefonía móvil propiedad de Orascom –una joint venture de la estatal Corporación de Correos y Telecomunicaciones y de la compañía egipcia Global Telecom Holdings– tiene más de 2 millones de suscriptores. Los coches, una rareza hace unos años, son cada vez más. Abundan los taxis, operados por cuatro compañías diferentes; aunque a un precio básico de 1,8 euros por bajada de bandera, la mayoría de los residentes solo recurre a ellos en casos de extrema necesidad.

Con la nueva prosperidad ha comenzado a surgir una incipiente clase media, formada por aquellos con buenos contactos entre la jerarquía pero también por aquellos que han aprendido a hacer negocios. Son los donju, o los "amos del dinero". Acuden a los restaurantes más modernos, llenan los 5 cines de Pyongyang, pueden asistir a conciertos y han empezado a poner de moda tomar café.

Pero el crecimiento ha empezado a crear desigualdades y a acentuar las diferencias entre la privilegiada Pyongyang y el resto del país. Según la ONU, 18 millones de norcoreanos, el 70% de la población, no tienen garantizada la seguridad alimentaria, y el 28% de los niños menores de 5 años padecen raquitismo por la mala alimentación.

Esta situación puede verse agravada por la grave sequía. Un informe de la FAO advierte que la producción de grano puede caer un 14%, de 4,3 millones de toneladas en 2014 a 3,7 millones este año, una cantidad insuficiente para alimentar a todo el país.

Es una realidad que pone en tela de juicio la necesidad de un parque de atracciones o de una estación de esquí. En el delfinario, los 10 animales comen cada día 10 kilos de pescado cada uno. El agua marina que necesitan se recibe a través de una tubería de 70 kilómetros conectada con el puerto de Nampo, algo que la responsable de atención al cliente, Jon Suk-yong, admite que "cuesta mucho dinero".

Aunque al ordenar estos proyectos Kim Jong-un no introduce ninguna novedad en las prioridades del régimen. Solo tiene más medios para llevarlas a cabo.

Su padre y predecesor, Kim Jong-il, ya lo dictaba en 2004 en su libro Sobre la Arquitectura: "las casas de calidad son un prerrequisito para las vidas felices y armoniosas del pueblo, las fábricas son indispensables para la producción de máquinas y ropa y los teatros, los cines, los parques y los lugares recreativos son necesarios para la vida cultural popular".

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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