Los dos toros de Osborne

El canciller del Exchequer es la estrella ascendente de los conservadores En sus manos están la economía y la negociación con Europa, que marcan la legislatura

El canciller del Exchequer, George Osborne, llega la congreso 'tory' en Manchester.
El canciller del Exchequer, George Osborne, llega la congreso 'tory' en Manchester.Dan Kitwood (Getty Images)

El poder tiende a alejarse de aquellos que no lo ambicionan. Por eso, cuando el pasado 24 de marzo en la cocina del 10 de Downing Street, David Cameron admitió que no se presentaría a un tercer mandato, liberó un chorro de poder.

Un mes y medio después ganó la primera mayoría absoluta para los tories en 23 años. Pasó el verano y los laboristas eligieron un candidato que nunca podría ser primer ministro. Quien se resignaba a pasar a la historia como el líder que no logró una sola mayoría tiene antes sí la posibilidad de hacerlo como el hombre que propició la etapa más larga del conservadurismo en el poder. Cameron llega al congreso anual de su partido, que arrancó ayer en Manchester, exhibiendo un legado incuestionable. Pero el cónclave marca también, paradójicamente, el inicio oficial del poscameronismo.

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El sentir general en el congreso del año pasado era que el Partido Conservador necesitaba un revulsivo. Alguien que conectara con la gente. Alguien como Boris Johnson, el alcalde de Londres. Su discurso insufló optimismo a un partido amodorrado. Ajeno al equipo de Gobierno, además, era el único al que no se llevaría consigo Cameron si caía.

Pero Cameron ganó. Y el poder que se había liberado aquel día en la cocina del 10 de Downing Street acabó depositado en la puerta de al lado, en el número 11, la residencia oficial del canciller del Exchequer.

El poder ya rondaba la cabeza de Gideon Oliver Osborne cuando, siendo un niño en un elitista colegio privado londinense, decidió llamarse George porque, según explicaba a sus amigos, sonaba más a primer ministro.

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El mayor de los cuatro hijos del barón de Peter Osborne nació en 1971 y creció en una gran casa de Notting Hill. La suya fue la típica trayectoria de la élite política británica. Pasó de la Universidad de Oxford al Partido Conservador y ganó su escaño en el Parlamento en 2001. Solo cuatro años después, en mayo de 2005, el entonces líder de los tories, Michael Howard, le hizo portavoz de Economía de la oposición. Y cuando dimitió, en diciembre de ese mismo año, le comunicó a Osborne que deseaba que considerase seriamente presentarse a líder del partido.

Pero Osborne no lo hizo. Consultó con su círculo más próximo y, según ha contado alguna vez, se pasó la noche viendo Enrique IV de Shakespeare. Por la mañana decidió que, a sus 34 años, no estaba listo para el puesto. En su lugar, dirigió la campaña de su íntimo amigo David Cameron por el liderazgo del partido.

Así se fraguó el tándem que ha marcado la política británica de después de la crisis financiera. El más amigable presidente de la empresa y el gris director financiero.

Osborne vivió la campaña de 2010 en la trastienda y en la de 2015 desempeñó un papel estelar. Su popularidad ha seguido la línea ascendente de la recuperación económica británica.

Hoy Osborne está al frente de una economía en expansión. Es el hombre fuerte del primer Gobierno tory en mayoría desde 1992. Encabeza la negociación con los otros Estados miembros de cara al referéndum sobre la permanencia del país en la Unión Europea. Y las casas de apuestas le dan, por primera vez, como favorito para suceder a Cameron.

En sus manos está los dos asuntos que marcarán la legislatura: la economía y la negociación con Europa. Los dos toros de Osborne. De cómo los lidie dependerá si alcanza su sueño en 2020.

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Sobre la firma

Pablo Guimón

Es el redactor jefe de la sección de Sociedad. Ha sido corresponsal en Washington y en Londres, plazas en las que cubrió los últimos años de la presidencia de Trump, así como el referéndum y la sacudida del Brexit. Antes estuvo al frente de la sección de Madrid, de El País Semanal, y fue jefe de sección de Cultura y del suplemento Tentaciones.

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