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Al menos 7 muertos en la explosión de 17 paquetes bomba al sur de China

Las autoridades no han atribuido la responsabilidad del ataque

Vista de un edificio destrozado tras una explosión en Liuzhou (China), el 30 de septiembre de 2015.
Vista de un edificio destrozado tras una explosión en Liuzhou (China), el 30 de septiembre de 2015. EFE

Al menos 7 personas han muerto, 2 están desaparecidas y más de 50 han quedado heridas después de la explosión de una misteriosa serie de paquetes bomba en diferentes lugares públicos de la ciudad de Liuzhou y sus alrededores, en la región autónoma china de Guangxi, en el sur del país. Entre las instalaciones afectadas se encuentran la sede del gobierno local, un hospital, una estación, un centro comercial y un mercado.

La serie de 17 explosiones, según los medios oficiales chinos, se produjo en poco más de una hora, a media tarde. Al parecer, los paquetes explosivos habían sido repartidos por mensajero, un servicio ubicuo en toda China gracias al gran auge del comercio electrónico. Según los medios oficiales chinos, la Policía examinaba otros 60 paquetes sospechosos por si pudieran contener explosivos.

La oleada de bombas generó el pánico y la confusión en la zona. En las redes sociales, los residentes se apresuraban a colgar imágenes que mostraban edificios derrumbados, cráteres, heridos que pedían ayuda y numerosos daños materiales.

Los medios oficiales han ofrecido pocos detalles sobre el suceso. Como suele ser habitual en los casos de incidentes considerados “sensibles”, los periodistas chinos han recibido instrucciones del gobierno de limitarse a reproducir la información que provenga de canales oficiales, tal y como indica una directiva filtrada en internet y de la que se hace eco la página web “Shangaiist”.

Un dato que los medios chinos sí están autorizados a publicar es que la Policía china descarta que se trate de un “acto de terrorismo” organizado, afirman. Los investigadores han detenido a un residente local, de apellido Wei y de 33 años de edad, como sospechoso. Podría no ser el único: la cadena de televisión CCTV alude en su cuenta de Twitter a declaraciones de testigos a la Policía para hablar de “sospechosos” (en plural) que “pagaron a los mensajeros para que entregaran los paquetes”.

Es relativamente frecuente que en China -donde el acceso a la Justicia se encuentra plagado de obstáculos y los tribunales no se perciben como entidades imparciales- algunos ciudadanos que se sienten víctimas de abusos recurran a la fuerza. Aunque en casos previos no se había dado una combinación similar de nivel de violencia y organización.

En 2013, una persona murió y 8 quedaron heridas cuando un hombre hizo estallar una serie de artefactos explosivos caseros en el exterior de un edificio gubernamental en Taiyuan, en el norte de China. También ese año, otro hombre se suicidó y mató a más de 40 personas al prender fuego al autobús en el que viajaba en la provincia de Fujian para protestar contra las autoridades locales.

Las explosiones en Liuzhou han resultado tanto más alarmantes cuanto se han producido un día antes del día nacional de China, el 1 de octubre, que abre la llamada “semana dorada”, siete días festivos que componen una de las temporadas altas para el turismo nacional. El 1 de octubre también marca un aniversario “sensible”, el establecimiento de la región autónoma de Xinjiang.

Xinjiang es cuna de la minoría uigur, de religión musulmana, y donde ha ido en aumento una violencia que Pekín atribuye a grupos extremistas y que ha incluido explosiones y ataques con cuchillos. En los últimos tres años China también ha atribuido a grupos uigur un puñado de incidentes fuera de la provincia, como un ataque con cuchillos en una estación en la ciudad de Kunming en 2014 en el que murieron 33 personas o un burdo coche bomba en la plaza pekinesa de Tiananmen, que costó la vida a 5 personas, incluidos los 3 atacantes.