“He ganado para vivir a lo grande 20 años”

Detenido en Alemania el tesorero de una red de traficantes de refugiados eritreos, presuntos responsables de la tragedia de Lampedusa

Un hombre armado vigila a un grupo de migrantes al oeste de Trípoli,  tras ser rescatados por los guardacostas libios, después de que su barco naufragara el pasado agosto y murieran 76 personas.
Un hombre armado vigila a un grupo de migrantes al oeste de Trípoli, tras ser rescatados por los guardacostas libios, después de que su barco naufragara el pasado agosto y murieran 76 personas. MAHMUD TURKIA (AFP)

El secreto de los traficantes de hombres que controlan la ruta mediterránea, el corredor marítimo entre el Magreb y la isla de Lampedusa, se halla en el corazón de Europa. En Alemania se ocultaba Mulubrahan Gurum, ciudadano eritreo de 41 años, acusado por los fiscales italianos de Palermo de ser el contable de Medhanie Yehdego Mered, uno de los cuatro poderosos señores del tráfico de migrantes en Trípoli, junto con Abdul Razak, Ermias Ghermay y Wedi Issack. Este cartel de traficantes es presuntamente responsable del naufragio de Lampedusa de octubre de 2013, en el que murieron 350 personas. Gurum había desaparecido del centro de acogida para solicitantes de asilo de Mineo, al este de Sicilia, en la provincia de Catania, donde oficialmente residía y desde donde consiguió con facilidad que se perdiera su pista. Hasta la mañana del pasado 13 de agosto, cuando fue detenido en Worms en virtud de una orden de detención europea emitida en junio de este año en el marco de la operación Glauco II y gracias a una precisa indicación del Servicio Central de Operaciones de la policía italiana.

La detención de Gurum, actualmente encarcelado en Alemania a la espera de su extradición a Italia, no se ha hecho pública. En el momento de su detención se le confiscaron un ordenador y teléfonos móviles, de cuyas memorias puede salir una información decisiva no solo para reconstruir una de las principales redes de traficantes de Europa, sino, sobre todo, para saber en qué lugar de Alemania guarda sus ganancias. Una fortuna de la que, desde hace semanas, lleva hablando con la policía italiana y con los jueces de Palermo el primer arrepentido de la red, Nuredin Atta, eritreo al igual que Gurum. “El dinero de los traficantes de Trípoli —ha dicho Atta- no está en Libia, sino en Alemania".

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Gurum se hizo pasar por un prófugo que huía de la guerra. En Alemania presentó una segunda solicitud de asilo, proporcionando una identidad falsa. De las conversaciones telefónicas interceptadas por la policía italiana se desprende que Gurum es la clave para llegar al dinero de los traficantes de Trípoli y poder reconstruir la mecánica que decide las salidas desde Libia, su número, su rentabilidad económica. "Si no se tiene la seguridad del pago, no pueden zarpar", se escucha en una de sus conversaciones telefónicas interceptadas con Medhanie Yedego. No solo el pago ha de ser por anticipado, como es obvio, sino que antes de nada los traficantes deben recibir su confirmación desde el país en el que se ingresa mediante los métodos tradicionales del hawala o del money transfer.

Mulubrahan Gurum en una imagen de la policía de Palermo.
Mulubrahan Gurum en una imagen de la policía de Palermo. EL PAÍS

Como por lo demás, aparte de la investigación policial, confirma en Bruselas Mirjam van Reisen, experta en el tráfico ilícito de emigrantes procedentes de Eritrea y director del think-tank "Europa External Policy Advisores" (EEPA): "Los inmigrantes pagan una parte de la suma antes del viaje en el momento del embarque. El resto lo pagan amigos y familiares en los países de llegada, o se abona a través de servicios como Western Union o Money Gram, o lo saldan en el lugar de destino los propios inmigrantes con trabajos gratuitos hasta que se agota la deuda".

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Del importe del viaje, entre 2.000 y 2.500 dólares, sólo el 5% se abona en efectivo en Libia. El resto ha de pagarse en el extranjero.

“Del importe del viaje, entre 2.000 y 2.500 dólares, sólo el 5% se abona en efectivo en Libia. El resto ha de pagarse en el extranjero. Y para confirmar que el pago se ha efectuado, basta con un mensaje de texto", aseguró Atta. El dinero, por lo que ha podido reconstruir hasta ahora la investigación de la fiscalía de Palermo, va a parar normalmente a países como Alemania, Suecia, Noruega y Reino Unido. Una de la conversaciones de Ghermay permite intuir la magnitud de las operaciones: “He ganado tanto dinero como para vivir a lo grande durante 20 años, por cada barco que mando a Italia me embolso 80.000 dólares”.

“Los cuatro señores de Trípoli nunca entran en conflicto entre ellos, sino que colaboran”, explica Atta. En su mesa se deciden los “flujos” y las “cuotas”, teniendo en cuenta la demanda del mercado y la relación de fuerzas entre los traficantes. En las últimas semanas, Abdul Razak se ha convertido en el hombre más influyente en Trípoli,según el Servicio Central Operativo y de la brigada móvil de la Policía de Palermo, . “Es el único que ha abierto una sucursal en Bengazi”, explica Atta. Junto a él, se sientan Ermias Ghermay, Medhanie Yehdego Mered (sobre ambos penden órdenes de captura de jueces italianos) y Wedi Issack, el más misterioso de los cuatro.

Los cuatro señores de Trípoli nunca entran en conflicto entre ellos, sino que colaboran”, explica Atta.

Los hombres que trabajan con Ghermay reciben el sobrenombre de los “coroneles”. Y por lo menos dos de ellos, Yonas y Salomon viven en Tel Aviv, donde confluye el dinero pagado por los falasha, judíos de origen etíope .”Son nuestros mejores clientes. Pagan más y de inmediato”, confía Yonas a uno de los traficantes de la ruta libia. Y cuando no pagan, se les secuestra. "Tengo a ocho judíos en mis manos —explica por teléfono Ermias Ghermay—. Si quieren que los suelte y continúen su viaje, sus parientes de Israel tendrán que pagarme. Y ya mismo”.

Traducción de Carlos Gumpert

Con información de Carlo Bonini, Alessandra Ziniti, Franco Viviano, Salvo Palazzolo y Fabio Tonacci (Repubblica), Ileana Grabitz y Veronika Vollinger (Die Welt).

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