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La batalla por el liderazgo laborista se inclina hacia la izquierda

Blair toca a rebato después de que un sondeo externo dé como ganador al más izquierdista

El candidato Jeremy Corbyn.
El candidato Jeremy Corbyn. Getty

Mientras el Gobierno de David Cameron procede a desmantelar el Estado de Bienestar, el derrotado Partido Laborista contempla el espectáculo incapaz de ofrecer una oposición unitaria, sumido en un proceso de elección de líder y búsqueda de identidad que será clave para el devenir de la izquierda clásica europea. Hoy miércoles Tony Blair, el último laborista en ganar unas elecciones generales, ha tocado a rebato después de que la primera encuesta externa sobre la lucha por el liderazgo laborista arrojara un inesperado resultado: Jeremy Corbyn, el candidato más izquierdista, encabeza la contienda y ganaría por seis puntos a su rival en la segunda vuelta.

El partido corre el riesgo de convertirse en “una mera plataforma de protesta”, ha dicho el ex primer ministro del Nuevo Laborismo, y eso le llevaría a sufrir “cuatro derrotas electorales consecutivas”. El líder que ganó tres elecciones consecutivas se ha negado a apoyar a ninguno de los candidatos, como tampoco hizo en 2010, y ha reconocido que duda que su apoyo fuera de ninguna ayuda.

La semana comenzó con una rebelión que escenificó la división del partido en un asunto crucial: medio centenar de diputados se negaron a seguir las instrucciones de su líder interina de no votar en contra del recorte de 12.000 millones de libras a las prestaciones sociales anunciado por Osborne, canciller del Exchequer. El diputado John McDonnell aseguró que estaría dispuesto a “nadar en vómito” para oponerse a dicha medida. El blairista Barry Sheerman opinó que la rebelión mostraba que su partido “se encamina a un regreso a los años 80”.

Los candidatos

Jeremy Corbyn. El candidato más a la izquierda. Es el preferido por el 43% de los militantes, según la encuesta de YouGov. En una segunda vuelta, enfrentado al segundo, ganaría por 6 puntos.

Andy Burnham. Su candidatura es la que cuenta con más avales. Fue asesor de Blair, estuvo en el Gobierno de Brown y fue portavoz de Sanidad con Miliband. Preferido por el 26%.

Yvette Cooper. Fue portavoz de interior con Miliband y lucha por no ofrecer un perfil continuista. La favorita del 20%.

Liz Kendall. Es la candidata del cambio y favorita de los medios de cnetro-derecha. Preferida por el 11%

El candidato Jeremy Corbyn lideró la rebelión. Y esta mañana la primera encuesta externa sobre la batalla por el liderazgo, realizada por YouGov para The Times, le daba una inesperada cómoda ventaja.

Para comprender la magnitud de la sorpresa hay que recordar que Jeremy Corbyn, de 66 años, un histórico socialista, militante antiausteridad y antibelicista, fue el último de los cuatro candidatos en presentar la candidatura. Consiguió los avales necesarios para presentarse horas antes de que venciera el plazo y entró en juego, en sus propias palabras, para proporcionar “un espectro más variado de candidatos y un debate a fondo sobre el futuro del partido”. En un proceso en el que el resto de contendientes responde a un perfil semejante, más centrista, la del viejo Corbyn se veía como una candidatura para enriquecer el debate ideológico. Nadie le daba como ganador.

Entonces llegaron los primeros sondeos internos del partido que inesperadamente daban la victoria a Corbyn. Los tories celebraron la noticia y el conservador Daily Telegraph, en un alarde de más que discutible fair play, publicó un artículo en el que daba instrucciones a sus lectores para registrarse como votante laborista y facilitar una victoria de Corbyn. “Regístrese hoy y asegúrese de que el barbudo socialista repelente de votantes se convierte en el nuevo líder laborista y condena al partido para siempre”, rezaba el artículo en su entradilla.

Corbyn ha respondido a Blair, horas después de su comparecencia, calificando sus comentarios de “tontos” durante un discurso sobre economía, en el que ha dicho que “la austeridad es una opción política y no una necesidad económica”. Otras figuras del Nuevo Laborismo han advertido también del peligro de un giro a la izquierda, como el exportavoz de Educación Tristam Hunt, que ha llamado a evitar que el partido se vea reducido a “un grupo de presión”.

Ed Miliband creyó que la crisis financiera y las posteriores políticas de austeridad del primer Gobierno de Cameron habían desplazado a la ciudadanía hacia la izquierda. Se separó de la tercera vía de Blair, pero a medida que se acercaban las elecciones moderó su postura hacia territorios más centristas. Por eso su contundente derrota ofrece argumentos para las dos facciones del Partido Laborista. Unos defienden que la derrota fue fruto del distanciamiento del centro y otros, que la pérdida de los escaños escoceses ante el más izquierdista SNP y la abstención entre los jóvenes piden abrazar postulados socialistas.

Cuando su dimisión abrió la batalla sucesoria, muchos pidieron un proceso rápido para no repetir el error de 2010. Entonces, una contienda larga dejó vía libre a las políticas liberales del Gobierno de coalición. Ahora, con el partido envuelto de nuevo en un proceso sucesorio que concluirá el 12 de septiembre y el Gobierno concentrando el peso de sus medidas en estos primeros meses de legislatura, aquellas advertencias cobran más fuerza. Y el Gobierno se ha encargado de preparar un duro recibimiento al nuevo líder, colocando en las semanas siguientes al 12 de septiembre dos votaciones —sobre restricciones a los sindicatos y sobre la prohibición de endeudarse en tiempos de bonanza— en las que el ganador, recién aterrizado, deberá demostrar control sobre el partido.

Blair: “Si su corazón está con Corbyn, pida un trasplante”

Tony Blair ha advertido de que el Partido Laborista no ganará las elecciones desde “una posición izquierdista tradicional”. “Y aunque esa fuera la ruta hacia la victoria”, ha añadido, “yo no la tomaría”. En un discurso pronunciado en el think tank laborista Progress, ha pedido a quienes apoyan a Corbyn que no se dejen guiar por el corazón. La gente que dice que su corazón está con él, ha bromeado, “debería pedir un trasplante”.

“Perdimos en 2010 porque nos alejamos de la plataforma modernizadora”, ha defendido. “Perdimos en 2015 en unas elecciones que fueron una repetición de los años 80, del periodo de Star Trek: nos alejamos aún más y la derrota fue mayor. No comprendo la lógica de alejarnos completamente de esa plataforma”.

Para Blair, que se ha negado a apoyar directamente a ninguno de los candidatos, Jeremy Corbyn es “el preferido de los tories”. El partido no volverá al poder si se limita a ser una “plataforma de protesta”.