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Berlín lucha contra la burbuja del ladrillo

Mientras el Gobierno alemán trata de frenar la subida de los alquileres, un barrio de la capital se moviliza para evitar que la especulación expulse a un vecino

Un cartel del barrio berlinés de Kreuzberg reclama el pasado 12 de junio que se mantenga abierta la tienda de Ahmet Caliskan.
Un cartel del barrio berlinés de Kreuzberg reclama el pasado 12 de junio que se mantenga abierta la tienda de Ahmet Caliskan.

Tras 28 años rodeado de frutas y verduras, Ahmet Caliskan está a punto de tener que abandonar la tienda que ha sido su vida. Kreuzberg, el barrio popular berlinés en el que se instaló en los años setenta, es ahora uno de los preferidos por los profesionales con buenos sueldos que llegan a la capital alemana. Y la empresa que acaba de comprar el edificio le da de plazo hasta septiembre para que deje el local. Pero los centenares de personas que se manifiestan desde hace tres semanas con carteles como “Bizim Bakkal [el nombre de la tienda] se queda” se han propuesto impedirlo.

Caliskan ha logrado implicar a todo un barrio que siente que si la tienda desaparece, la próxima vez será el turno de la librería de al lado. O del estudiante que aún paga un alquiler razonable por su piso compartido. Este es un caso único, pero refleja el malestar por una escalada de precios que ha empujado al Gobierno central a aprobar una ley que haga frente al problema. El llamado “freno al precio del alquiler” entró en vigor en Berlín este mes. Y el 1 próximo de julio lo hará en Hamburgo y en Renania del Norte Westfalia, el Estado que, con más de 17 millones de habitantes, es el más poblado del país.

Dos claves del nuevo freno al alquiler

  • Según la nueva ley, el precio de los nuevos alquileres no podrá superar un 10% el de las viviendas equivalentes de la zona, sin contar los pisos nuevos puestos en alquiler tras el 1 de octubre de 2014 y los reformados en profundidad.
  • El freno al precio del alquiler ha sido aprobado por el Gobierno central, pero son los Estados federados los que deciden cómo y cuándo entra en vigor. El primero ha sido Berlín. Le seguirán Hamburgo y Renania del Norte  Westfalia.

Pese a no estar directamente relacionadas, la iniciativa del Gobierno y la movilización popular de Kreuzberg responden a la misma inquietud. Una preocupación que el pasado miércoles resumía a la perfección Susanne Becker, una clienta habitual de Caliskan. “Si él se va, acabaremos yéndonos de aquí toda la gente normal. Y solo quedarán los yuppies”, decía.

“Podría hacer un esfuerzo y subir algo los 1.083 euros del alquiler actual. Pero los nuevos propietarios solo quieren que me vaya. Confío en que al final me ofrezcan un nuevo contrato”, confiesa el pequeño empresario. El inversor compró el inmueble debido a su “importante potencial de revalorización”, según explica la empresa en su página web. “Tiene que quedarse. Le necesitamos”, dice al tendero de origen turco una vecina que irrumpe en la tienda solo para mostrarle su apoyo. Fuera, en la calle, los voluntarios reparten folletos y recogen firmas (llevan más de 3.000). Y los centenares de personas que abarrotan la calle comen, beben y bailan al son de la música que interpreta la banda que ameniza la protesta.

El freno al precio al alquiler decretado por el Gobierno llega a una ciudad en la que el metro cuadrado ha pasado de los 5,5 euros de hace una década a los casi diez actuales. Y en el que, según un estudio de la empresa Jones Lang LaSalle, los precios del alquiler aumentaron el año pasado un 9%. Berlín está aún a años luz de los precios de París o Londres, pero ya no es esa ciudad en la que las gangas inmobiliarias eran la norma. El Gobierno de Angela Merkel, por iniciativa de los socios de coalición socialdemócratas, trata de evitar abusos con una norma que impide que los nuevos contratos de alquiler superen el 10% del precio de una vivienda similar en la misma zona.

Como es habitual, la norma no ha satisfecho a los inversores, que advierten de los efectos negativos por interferir en el libre mercado, ni a algunos defensores de la vivienda asequible, que critican la ley por contener demasiadas excepciones. Pero asociaciones como la de los arrendadores consideran que es un paso en la dirección adecuada. “Es aún pronto para analizar sus efectos, pero servirá para atajar algunos abusos. Y acaba, por ejemplo, con el absurdo de que fuera el inquilino el que tenía que pagar al agente inmobiliario. Es como si al comprarte un coche, además tuvieras que costear el sueldo del vendedor”, aseguraba esta semana en su despacho berlinés Wibke Werner, de la asociación de inquilinos.

Pese a las buenas intenciones de la norma, su objetivo no siempre se cumple. Es lo que le pasó a Florian Wirt, un joven berlinés que buscaba un piso asequible en el centro. “A mí la nueva ley no me ha servido. Encontré un estudio que sobrepasaba el límite legal e informé al casero. Me dijo que se pondría en contacto conmigo. No supe nada de él y al poco vi que ya había alquilado el piso”, explica Wirt.

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