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La derrota de los socialistas en Francia ahonda la fractura interna

Los diputados rebeldes exigen un cambio drástico de la política económica

Manuel Valls y François Hollande, este lunes en París.
Manuel Valls y François Hollande, este lunes en París. AFP

El duro castigo que los franceses han aplicado este domingo en las elecciones departamentales al gubernamental Partido Socialista ahonda las divisiones internas. La corriente crítica Vive la Gauche, en la que se integran decenas de diputados rebeldes, responsabiliza del fracaso a la política reformista del Ejecutivo y exige un nuevo rumbo para detener la constante pérdida de poder del partido en las cuatro elecciones registradas en el último año. “Continuar sin cambiar nada es subestimar la amplitud del golpe político”, asegura en un comunicado esa corriente crítica. El primer ministro, Manuel Valls, ha anulado un viaje a Alemania para asistir el martes a una reunión con sus parlamentarios.

Con su aplastante victoria, Sarkozy se convierte en el jefe de la oposición a los socialistas

Lo ocurrido en Essonne, cuna electoral de Valls, describe bien la situación en el PS francés. Jérôme Guedj, destacado rebelde socialista, ha sufrido la derrota. Era hasta ahora el presidente de ese departamento, pero el suyo ha sido uno de los 28 que el centroderecha ha arrebatado a la izquierda (tenía 61 del centenar existentes en Francia). Tras su fracaso, Guedj sostiene que la culpa no es suya, sino del Gobierno. “Vamos contra la pared”, advierte al comentar la política económica del Gobierno y las próximas elecciones regionales (en diciembre) y presidenciales (en 2017).

Valls opina que la clave del hundimiento es la fragmentación de la izquierda (Comunistas, Verdes…), que presentó candidaturas por separado. “Cuando se provoca la división, se produce la división”, le responde Guedj, quien argumenta que es el Gobierno el que no ha consensuado las reformas con las fuerzas de izquierda.

La alcaldesa de Lille, Martine Aubry, considerada la líder de los rebeldes y cuyo departamento (Nord) también ha perdido la izquierda, deploró nada más conocer los resultados “el voto de protesta a raíz de la política nacional”. “Las clases populares, los empleados, los jubilados humildes, nos han abandonado”, ha declarado a RTL el exministro Benoît Hamon, expulsado del Gobierno en agosto pasado por alinearse con los críticos.

Hollande y Valls han iniciado ahora una estrategia de acercamiento a sus críticos para intentar unir a la izquierda como única fórmula para detener su sangría. A la vez, diseñan una remodelación del Gobierno, al que podría incorporarse algún dirigente rebelde y un representante de Los Verdes. Pero los críticos advierten de que esa reunificación solo será posible si se modifica la política económica. “Sin cambios sinceros en las políticas, sin renovación en la práctica del poder, la dispersión de la izquierda será irreversible”, asegura Vive la Gauche.

No parece, sin embargo, que Valls prevea cambios profundos en su política reformista. Conocida la derrota, el primer ministro afirmó que seguirá adelante con la ley liberalizadora de la economía, conocida como Ley Macron. Valls tuvo que aprobarla por decreto en febrero cuando los rebeldes decidieron rechazarla en el Parlamento.

En las filas de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido de Sarkozy, gran vencedor de esta cita electoral, reina la euforia. “La alternancia está en marcha”, repiten haciéndose eco de las palabras del expresidente. Por el momento, lo que ha logrado el expresidente de la República, que el verano pasado regresó a la política activa, es consagrarse en el jefe de la oposición. Por delante tiene a finales de mayo el congreso fundacional del partido, al que quiere cambiar incluso el nombre.

Pero su principal reto lo abordará a finales de 2016, en las primarias para elegir candidato a las presidenciales. Ha ganado enteros con su triunfo en las departamentales, pero su principal rival, Alain Juppé, ha dejado claro que sigue en la competición. Sarkozy, además, tiene el techo de cristal por la decena de casos de corrupción en los que, a uno u otro nivel, está implicado.

El ultraderechista Frente Nacional, por su parte, ha demostrado su pujanza al conseguir el 22,23% de los votos (frente al 45,03% del centroderecha y el 32,12% de la izquierda, aunque al PS le corresponde solo el 16,06%). Pero Marine Le Pen ha fracasado en su intento de lograr al menos un Gobierno departamental. Es la consecuencia del sistema mayoritario y a doble vuelta en estas elecciones. Sí tendrá 62 consejeros departamentales (12 en Pas-de-Calais, un gran feudo de la izquierda) de un total de 4.108. Una nimiedad, pero un gran salto si se compara con lo que ahora tenía: solo uno.

Además, todas las encuestas coinciden en que Le Pen pasaría a la segunda vuelta si las elecciones presidenciales se celebraran ahora. La duda es si su competidor será el candidato del centroderecha o el de la izquierda. Es también el drama que ahora vislumbran los socialistas. Si no se produce un cambio radical de tendencia, el eliminado será el PS. Ya ocurrió en 2002 (Jean-Marie Le Pen contra Jacques Chirac) y la izquierda aún lo recuerda como la mayor afrenta de su historia.

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