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Dimite el presidente de Yemen tras días de combates con los Huthi

Abdrabbo Mansur Hadi renuncia después de alcanzar un acuerdo con los insurgentes

Un vehículo militar frente al palacio presidencial yemení.
Un vehículo militar frente al palacio presidencial yemení. REUTERS

El desgobierno de Yemen ha alcanzado este jueves una cota sin precedentes cuando su presidente, Abdrabbo Mansur Hadi, ha dimitido apenas media hora después de que lo hiciera el primer ministro, Jaled Bahah. La víspera, Hadi había firmado un acuerdo con los rebeldes Huthi que intentaba frenar el último estallido de violencia. No está claro si su renuncia es una protesta porque los insurrectos no liberaron a su jefe de Gabinete, o la admisión de que aceptó el pacto bajo coacciones. El Parlamento se ha apresurado a rechazar su renuncia y ha convocado una reunión de urgencia para mañana viernes por la mañana.

“El Parlamento, representado por su presidente, Yahia al Rai, se ha negado a aceptar la dimisión del jefe del Estado y ha convocado una reunión extraordinaria para el viernes por la mañana”, ha declarado a France Presse un alto funcionario desde el anonimato.

Era en realidad un gesto desesperado, tratando de agarrarse al último cabo institucional antes de que el país se convierta irreversiblemente en un agujero negro. Con los rebeldes de Ansarullah (Partidarios de Dios, que es el nombre de los popularmente conocidos como Huthi) controlando el norte y el centro, un movimiento separatista en el sur y Al Qaeda en la Península Arábiga en el centro y sureste, a cada pueblo y cada tribu no le queda más remedio que aliarse con quienes disponen de armas y dinero. La capital, Saná, el único reducto que se había salvado de la fragmentación, ha sucumbido esta semana al nepotismo, la rapiña y la falta de miras de los políticos.

Un destacado dirigente Huthi, Abumalik Yusef al Fishi, ha celebrado el cese de Hadi como “una buena nueva”, en su cuenta de Twitter. Curiosamente para un país donde apenas la mitad de la población tiene acceso a la electricidad (una cuarta parte en las zonas rurales donde viven dos tercios de los yemeníes), no ha sido el único en recurrir a las redes sociales.

Bahah ha difundido en Facebook la carta de dimisión de su Gobierno que envió al presidente. Tras recordar que el suyo había sido un Gabinete de tecnócratas que habían hecho lo que había estado en su mano para sacar adelante a Yemen, quería evitar que fueran considerados responsables de la situación actual o futura. “Hemos decidido distanciarnos de las aventuras políticas que no respetan ni la ley ni la lógica”, afirmaba en aparente referencia al enfrentamiento entre Hadi y los Huthi.

El desequilibrio del pacto que firmaron el día anterior se hizo evidente desde primera hora de la mañana cuando, a pesar de lo acordado, los milicianos rebeldes seguían controlando el Palacio Presidencial y patrullando el perímetro de la residencia de Hadi. Pero sobre todo, aún mantenían secuestrado a Ahmed Awad Bin Mubarak, el jefe del gabinete presidencial cuya liberación era una de las condiciones.

Portavoces rebeldes intentaron relativizar el asunto. El activista pro Huthi Husain al Bukhaiti aseguró que en dos o tres días Bin Mubarak quedaría libre y los milicianos se retirarían de las sedes presidenciales, “cuando se compruebe que el Gobierno cumple su parte del acuerdo”. Pero no todo el mundo resultó convencido.

“Bin Mubarak sigue rehén de los Huthi a pesar del acuerdo. Han conseguido lo que querían, ¿por qué habrían de cumplir su compromiso?”, se preguntaba en Twitter la ministra de Información, Nadia Sakkaf, haciéndose eco de un sentir compartido por muchos yemeníes.

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