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Hollande refuerza la vigilancia ante los últimos ataques

Las autoridades francesas descartan que el atropello del domingo sea terrorismo

La escena del atropello, en Dijon, este 22 de diciembre Ampliar foto
La escena del atropello, en Dijon, este 22 de diciembre AFP

El presidente francés, François Hollande, llamó este lunes a la calma a la vez que recordó que las fuerzas de seguridad y todos los servicios del Estado están en “extrema vigilancia” ante la amenaza terrorista, tras un fin de semana marcado por dos ataques separados cometidos al grito de “Alá es el más grande” (“Allahu al Akbar”). El sábado un joven agredió con un cuchillo a tres policías en una comisaría de la periferia de Tours, en Indre y Loira, antes de morir por disparos de los agentes. Y el domingo, un conductor con graves trastornos psiquiátricos atropelló voluntariamente a 13 personas en pleno centro de Dijon, al este del país. Las autoridades han descartado que este último caso se trate de un acto terrorista, pero la secuencia de ambos sucesos ha encendido las alarmas en el país. El Ministerio del Interior ha ordenado “reforzar las medidas de seguridad” en torno a las comisarías.

Este lunes, el país volvió a contener la respiración cuando un hombre entró con su camioneta en un mercadillo de Navidad de Nantes (oeste del país) y arrolló a una decena de personas, cinco de las cuales están heridas de gravedad. Después, indicaron fuentes policiales a France Presse, se apuñaló. Las autoridades investigaban anoche si el ataque tiene motivaciones religiosas. Las primeras informaciones apuntaron que el hombre había irrumpido al grito de “Alá es el más grande” pero el Gobierno desmintió ese punto a través de la fiscal de la República, Brigitte Lamy.

“No nos habíamos enfrentado antes a un riesgo tan grande en materia de terrorismo”, reconoció este lunes el primer ministro, Manuel Valls, en una visita a una comisaría de Montpellier. El presidente Hollande remarcó en el Consejo de Ministros del lunes que hay en marcha distintas operaciones para luchar contra todo acto de violencia, según explicó el portavoz del Gobierno, Stéphane Le Foll. El mandatario resumió la postura del Gobierno ante los incidentes con tres palabras: “Solidaridad, vigilancia y acción”. También pidió a toda la población que no ceda al pánico.

A la reunión de ministros semanal no asistió el titular de Interior, Bernard Cazeneuve, quien se encontraba en Dijon para visitar a las víctimas del atropello múltiple de la víspera. Éste se produjo cuando, a última hora de la tarde, un hombre de 40 años originario de Estrasburgo (en el este del país) y con graves antecedentes de enfermedad mental, arrolló a 13 personas que circulaban por el centro de la ciudad al tiempo que gritaba “Alá es el más grande” (la profesión de fe musulmana). Ocho de las víctimas seguían hospitalizadas este lunes, ninguna de ellas en estado grave.

La Fiscalía descartó este lunes toda inspiración terrorista en el hombre, aquejado de una “psicosis antigua con delirio místico”, exdrogadicto y que había sido ingresado en institución psiquiátrica hasta en 157 ocasiones entre febrero de 2001 y noviembre de 2014. El conductor admitió haber actuado solo y de forma voluntaria. Indicó que su objetivo era el Estado, y dijo haber gritado “Allahu al Akbar” para “darse fuerza” y “aniquilar todo pensamiento crítico”. El autor no argumentó ninguna motivación religiosa, pero sí aseguró que había actuado en nombre de los niños de Chechenia. Pasará a disposición judicial el martes por “tentativa de asesinato”.

Los investigadores mantienen, sin embargo, abierta la pista terrorista en el caso de Bertrand Nzohabanayo, el joven de 20 años abatido el sábado en la periferia de Tours, tras atacar una comisaría. Natural de Burundi, de familia de religión católica y convertido al islam, llegó a Francia a los 10 años junto a su padre y sus hermanos para reunirse con su madre, que vivía en el país desde 2001. En el registro de la casa de esta última, las autoridades han descubierto una especie de “testamento religioso” en el que Nzohabanayo dejó indicaciones sobre sus deudas pendientes y pedía fuerzas a Alá. El fiscal de París, François Molin, advirtió sin embargo que nada indica que el documento esté directamente vinculado con los hechos.

Parte de la investigación se centra ahora en el hermano de Nzohabanayo, Brice, un año menor, detenido el sábado por la noche en Burundi por las autoridades del país de forma preventiva. La madre había alertado a los servicios de seguridad de la radicalización de Brice —también convertido al islam— en agosto de 2013; también de la influencia que tenía sobre Bertrand. Dos días antes del ataque, Bertrand había colgado la bandera del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en su perfil de Facebook, poco después de que lo hiciera su hermano.

Los últimos sucesos han disparado las alarmas en vísperas de las fiestas navideñas en un país que tiene 1.200 ciudadanos involucrados en grupos yihadistas, según datos del Gobierno. Una cifra, además, que se ha duplicado desde principios de año. “Más de 300 están [combatiendo] en Siria o en Irán, y unos 56 o 57 han muerto allí; esto muestra el grado de implicación”, declaró Valls. El Gobierno calcula que 200 de sus ciudadanos ya han abandonado Siria o Irak. La ofensiva del EI en ese último país ha acelerado el regreso a Francia de yihadistas, dice Interior. Desde el verano de 2013, cinco “proyectos de acciones terroristas” yihadistas han sido desbaratados, cuatro de los cuales proyectados por personas de vuelta de Siria.

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