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Francia vira a la derecha

La crisis socialista augura pulsos clave de los partidos de Sarkozy y de Le Pen

Sarkozy, junto al centrista Jean-Christophe Lagarde  y la vicepresidenta de la UMP, Nathalie Kosciusko-Morizet.
Sarkozy, junto al centrista Jean-Christophe Lagarde y la vicepresidenta de la UMP, Nathalie Kosciusko-Morizet. AFP

Francia se adentra en un periodo turbulento en el que el poder ya no lo disputarán la izquierda y la derecha, sino sobre todo la derecha y la ultraderecha, con unas consecuencias imprevisibles para la segunda potencia de la eurozona y para toda la UE. Mientras las medidas para atajar la crisis económica no arrojan aún fruto alguno, los socialistas se asoman a toda una serie de debacles electorales y a su desaparición de muchos centros de decisión que ahora controlan. A la crisis económica se ha sumado la política, y todos los datos apuntan a un deterioro también en este frente. Esta es la situación que el presidente François Hollande afronta a la mitad de su mandato de cinco años.

La crisis económica avanza sin frenos. En los últimos 12 meses, en Francia se han cerrado 63.322 empresas y el paro sigue creciendo. Ya hay 3,5 millones de desempleados. El crecimiento este año será del 0,4%, y sólo del 1% el que viene. La agencia de calificación Fitch acaba de rebajar la nota de Francia, como lo hizo Standard & Poor’s en octubre, con el argumento de que las reformas “no parecen suficientes para invertir las tendencias negativas sobre el crecimiento a largo plazo”. Más reformas es también lo que exige la Comisión Europea.

Pero no hay más reformas previstas, al menos de gran calado y, por tanto, a Hollande y a su Gobierno solo les queda confiar en haber acertado y en que haya resultados. La suerte de los socialistas ya está echada tras lanzar el Pacto de Responsabilidad para recortar gasto, la liberalización de la economía y la reducción administrativa de 22 a 13 regiones. Buena parte de sus votantes se sienten traicionados y optan masivamente por la abstención. “Hollande les prometió que la solución frente a la crisis era el modelo francés, el modelo social, y ahora la izquierda no acepta el giro liberal”, argumenta por teléfono Madani Cheurfa, secretario general de Cevipof, el centro de investigaciones políticas de Sciences Po.

Como consecuencia, el electorado francés se ha transformado radicalmente. Al tradicional combate dual entre la izquierda y la derecha, entre los socialistas y la derecha de la UMP, se ha agregado con fuerza como tercer protagonista el Frente Nacional. “Es la gran novedad. Se está asentando un sistema tripartidista, y el gran perdedor es el Partido Socialistas”, dice Cheurfa.

El Partido Socialista ya solo confía en que las grandes reformas ya lanzadas acaben dando frutos

La encuesta de esta semana de Odoxa para diarios regionales pone cifras a la debacle de la izquierda. De los 61 departamentos o provincias —hay 101— que ahora controlan los socialistas, pasarán a tener solo 15 o 20 tras las elecciones de marzo próximo. Y para las regionales de finales de 2015 las encuestas también apuntan a un tremendo retroceso de los socialistas, que ahora gobiernan en 20 de las 22 regiones metropolitanas. Es la continuación de lo ocurrido en las municipales en marzo y las europeas de mayo. Los socialistas perdieron un centenar de municipios de más de 9.000 habitantes a favor de la derecha, y el Frente Nacional fue el más apoyado en las europeas con el 25% de los votos. El partido en el Gobierno quedó en tercera posición.

El tradicional pulso en las segundas vueltas electorales entre izquierda y derecha será sustituido en muchos casos en el futuro próximo por duelos entre la derecha y la ultraderecha. Ya ocurrió el pasado día 14 en las elecciones parciales del departamento de Aube. Y volverá a pasar en muchos departamentos en marzo, porque el Frente Nacional volverá a ser la fuerza más votada a escala nacional en la primera vuelta, seguida de la UMP. Y lo mismo prevén los sondeos para las presidenciales de 2017: Marine Le Pen sería la más votada en la primera vuelta y se enfrentaría a un candidato de derechas en la segunda.

Deriva electoral

Junio 2012. Los socialistas controlan el Elíseo, tienen mayoría absoluta en las dos cámaras, gobiernan en 20 de las 22 regiones, en 61 de los cien departamentos y en grandes Ayuntamientos.

Marzo 2014. Elecciones locales. El PS pierde cien ayuntamientos de más de 9.000 habitantes. La UMP es la más votada y el FN gobierna en una decena de Ayuntamientos.

Mayo 2014. El FN es el partido más votado en las europeas: 25% de los votos.

Septiembre 2014. La UMP controla el Senado, y el PS pierde la mayoría absoluta en la Asamblea.

Marzo 2015. Elecciones departamentales. Se prevé que el FN sea el más votado en primera vuelta y el PS pierda 40 gobiernos provinciales.

Junio 2015. Congreso del Partido Socialista.

Mayo 2017. Presidenciales. Según las encuestas, el FN será el más votado en la primera vuelta, y en la segunda ganará la UMP.

La ultraderecha es la más beneficiada de la crisis política y económica. La encuesta de Odoxa arroja un inquietante dato: el 58% de los franceses cree que el FN “debe ser considerado un partido como los otros”. Su eurodiputado Aymeric Chauprade dice a este diario que “los franceses están cada vez más convencidos de que el FN es una alternativa de Gobierno”. Y explica así el origen de este cambio: “Los dos partidos que hasta ahora han compartido el poder se han vendido a la mundialización y han fracasado en la gestión de los principales problemas, que son la desindustrialización, el paro, la inmigración y la inseguridad”.

“Cuando hay dificultades, la gente se refugia en la identidad propia, y Marine Le Pen la exalta”, declara a este periódico Hugues Fourage, diputado y portavoz socialista próximo a, primer ministro, Manuel Valls. En esa supuesta búsqueda de identidad, el FN propugna la salida del euro, la recuperación de las fronteras nacionales, la salida de la UE en último término y la expulsión de los inmigrantes no legalizados a sus países “incluso si están en guerra”, como ha afirmado Le Pen.

Los franceses castigan a los socialistas por el giro liberal del Gobierno y por sus divisiones internas

Sarkozy se prepara para el nuevo escenario y se apresta a pescar votos desde el centro hasta la ultraderecha. Su portavoz y diputada Isabelle Le Callennec asegura que el partido ha emprendido “una reconquista” del poder. Sus potenciales pulsos con la ultraderecha le benefician porque, en segundas vueltas, los dirigentes de la izquierda llaman “al voto republicano, a la responsabilidad” para frenar los pies a los xenófobos de la ultraderecha. Como acaba de ocurrir en Aube.

Mientras, a los socialistas solo les queda la esperanza de que las reformas sean comprendidas, den sus frutos y, a la vez, se reactive la economía europea. “Puede que los electores de izquierda estén despistados porque no entienden las reformas que se hacen”, asume el diputado Fourage. “Pero Hollande ha sembrado mucho y la cosecha llegará”, ha señalado Jean-Christophe Cambadélis, primer secretario de los socialistas.

Hasta que no llegue, el futuro del socialismo es negro. “Suicidio” y “catástrofe” son los términos que utilizan sus diputados rebeldes para describir su futuro panorama electoral. En la sede del partido asumen que, en efecto, puede haber “un terremoto”.

Los franceses no solo castigan al Ejecutivo por la mala situación económica y por la falta de resultados, sino también por las divisiones internas. “Los franceses asimilan mal esas divergencias ante los problemas económicos y sociales existentes”, señala Cheurfa.

La dirigente Martine Aubry, exministra y alcaldesa de Lille, ha calificado de “agresión social” alguna de las reformas liberalizadoras. “La izquierda se muere”, comentaba la semana pasada a Europe 1 Julien Dray, exdiputado y referente de la izquierda, en línea con lo que Valls ya anunció en verano: “Hay peligro de que la izquierda desaparezca, se diluya”. El congreso del PS en junio será el escenario de la gran batalla entre socialdemócratas y social-liberales.

Del bipartidismo al tripartidismo

C. Y.

El tradicional bipartidismo que ha dominado la escena política francesa durante tiempo parece en su ocaso. La persistente pujanza del Frente Nacional está instalando a Francia en un tripartidismo. Los tres principales partidos han lanzado campañas para captar militantes ante las elecciones de 2015.

El gobernante Partido Socialista tiene una imperiosa necesidad de movilizar a su electorado porque es la formación más perjudicada ante la creciente tendencia a la abstención. Fuentes de la formación aseguran que pretenden hacer especiales esfuerzos de captación en las zonas más castigadas por el desempleo, que son los lugares en los que más crece el Frente Nacional.

Las cifras de afiliaciones reflejan la situación política que vive Francia y los movimientos de los últimos meses. El Partido Socialista tiene hoy 160.000 militantes, pero la mitad de ellos están “dormidos”, y no llevan al día el pago de su cuota. En la Unión por un Movimiento Popular (UMP), son 260.000, con casi 200.000 activos. Estas dos formaciones acaban de lanzar este mes sendas y ambiciosas campañas para movilizar a sus potenciales electores y conseguir 500.000 militantes cada uno. El ultraderechista Frente Nacional también quiere ampliar su base y, porcentualmente, muestra tener más poder de atracción que los dos grandes partidos clásicos. Los ultraderechistas aseguran que ya tienen 85.000 afiliados y que han duplicado la cifra en los últimos 12 meses. “La gente se retraía antes a la hora de ser candidato del FN, para no quedar marcado en su localidad. Ese tabú ha caído”, asegura el investigador Madani Cheurfa, de Sciences Po, a pesar de que el partido sigue siendo “islamófobo, intolerante y nacionalista”.