El gas de Siberia viaja al Sur

Gazprom prevé que el flujo en los nuevos gasoductos superará al de Europa

El presidente chino, Xi Jinping, y su esposa, en la cumbre del G-20.
El presidente chino, Xi Jinping, y su esposa, en la cumbre del G-20.PETER PARKS (REUTERS)

El acuerdo firmado por los presidentes de Rusia y China esta semana para construir un segundo gasoducto entre ambos países certifica los lazos económicos entre ellos, pero los detalles de las negociaciones ponen de relieve los intereses a menudo divergentes. Esta segunda ruta de suministro de gas abre a Rusia la posibilidad, por un lado, de reducir su dependencia de los mercados occidentales, ya que actualmente los yacimientos de Siberia occidental tienen sólo una salida, hacia Europa, y, por otro, de exportar sus recursos no sólo a China sino a otros países de la región, como Japón o Corea del Sur.

El segundo gasoducto, la llamada ruta occidental (la ruta de Altái), complementa, según los analistas, el convenio histórico, de 400.000 millones de dólares, (319.000 millones de euros) alcanzado el pasado mayo entre el gigante gasístico ruso, Gazprom, y la compañía petrolera estatal china, CNPC, sobre la construcción del gasoducto Sila Sibiri (La Fuerza de Siberia). La ruta oriental deberá facilitar el suministro a China de 38.000 millones de metros cúbicos anuales de gas por un período de 30 años a partir de 2018. La ruta occidental proveerá un suministro adicional de otros 30.000 millones de metros cúbicos anuales por un período de 30 años. El proyecto se valora en 24.000 millones de euros.

Gazprom prevé que el flujo en los nuevos gasoductos superará al de Europa

En el primer acuerdo, Pekín se había comprometido a pagar por adelantado la construcción del gasoducto, de unos 20.000 millones de euros, pero en septiembre pasado no sólo se negó a hacerlo, sino que fue más allá y propuso a Moscú invertir en la edificación de gasoductos en el territorio chino. A esa necesidad de asumir el total de la inversión se añade la disminución del precio real del contrato hasta unos 240.000 millones de euros debido a la caída de los hidrocarburos.

“Sí, estábamos negociando sobre el avance del pago, y ese anticipo era uno de los elementos de las negociaciones sobre el precio del gas. Pero dado que hemos llegado a un acuerdo final sobre el precio, ya no examinamos la posibilidad de utilizar el pago por adelantado como instrumento financiero para seguir reduciendo el precio”, concretó en Pekín el presidente de Gazprom, Alexéi Miller. Rusia necesita nuevos mercados y poder maniobrar entre Europa y Asia, sobre todo en tiempos de agravamiento de las relaciones con Occidente. Por eso esta obligada a tragar con esas exigencias. “Teniendo en cuenta el aumento del abastecimiento por la ruta occidental a medio plazo el volumen de las exportaciones a China podría superar los volúmenes actuales de exportación a Europa”, indicó Miller.

“Creo que las perspectivas son muy buenas, debido a que China está interesada en la modernización del noreste, por lo cual le es ventajoso obtener el gas ruso lo antes posible. Para Rusia también es una ventaja, ya que es un paso para fortalecer las relaciones económicas y comerciales con China y, por otra parte, es una manera de promover su gas en el futuro a otros países en la región”, estima Pavel Kamennov, del Instituto de Extremo Oriente.

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Alexéi Belogoriev, director general adjunto del Instituto de Estrategia Energética, no es tan optimista. “Los chinos habían dado a entender que no necesitan más de 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas ruso. Y sólo dos factores pueden cambiar la actitud china: o los precios por debajo de mercado, lo que para Rusia no es aceptable, o la penetración directa de los chinos en la producción de gas en Rusia. Este es el objetivo final de China. Para ambos el comercio gasístico es más un proyecto geopolítico que económico”.

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