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La Europa extrema

El 20% del voto en las elecciones a la Eurocámara recayó en opciones euroescépticas

Las formaciones eurófobas en el Parlamento Europeo están divididas

Nigel Farage, líder de UKIP, en julio en la Eurocámara en Estrasburgo.
Nigel Farage, líder de UKIP, en julio en la Eurocámara en Estrasburgo. AP

Alí Hasan al Mayid fue ejecutado en 2010. Era conocido como Alí el Químico y fue ministro de Defensa en Irak en el régimen de Sadam Husein. Acumulaba cuatro penas de muerte por haber ordenado ataques que mataron a miles de personas. El pasado noviembre, el eurodiputado del partido nacionalista británico UKIP Paul Nuttall comparó a Herman Van Rompuy con Alí el Químico. “Como ministro iraquí fue una desilusión hasta límites inauditos, algo similar a usted”, le dijo en el Parlamento Europeo, en el acto de despedida de Van Rompuy como presidente del Consejo. Es solo un ejemplo de los exabruptos que han proliferado en la Eurocámara después de los comicios de mayo, en los que un 20% del voto recayó en alguna opción euroescéptica.

Nigel Farage, líder de UKIP, y Marine Le Pen, cabeza del ultraderechista Frente Nacional francés, son dos de las caras conocidas más beligerantes. Las formaciones europeístas, que siguen ostentando la mayoría, reconocen que hay más gritos, más salidas de tono en un hemiciclo que bien podría ser descrito como la casa de la diplomacia. Mucho ruido y pocas nueces, aseguran. Populares, socialdemócratas, liberales y verdes, las cuatro familias tradicionales europeas, siguen ostentando el 70% de los escaños.

"Soy eurodiputado. Y considero que supone una gran oportunidad para plantear los intereses de mi partido. Y también para hablar de inmigración", sostiene Udo Voigt (Viersen, 1952). Es el primer parlamentario del ultraderechista Nationaldemokratische Partei Deutschlands (NPD), cercano a planteamientos neonazis, que llega a la Eurocámara. Está en el grupo de los no inscritos y participa en la comisión de Libertades Civiles. Unas 300.000 personas le votaron en Alemania. Afirma, rotundo, que el antieuropeísmo está creciendo en la UE. Aunque él no se define como tal: "No estamos en contra de Europa, sino en contra de una Europa del capital y de la industria. Queremos tener una Europa de las patrias, de los pueblos".

"Me preocupa el auge de los populismos y la ultraderecha, no tanto por su acción en la UE como por su influencia en los Gobiernos y la política nacional de sus respectivos países. No obstante, el hecho de que las opciones eurófobas estén presentes en el Parlamento Europeo quiere decir que han sido elegidos y se ha respetado la voluntad de los votantes. Esto otorga legitimidad democrática", señala Sophie in't Veld (Vollenhove, 1963), que ha sido eurodiputada durante los últimos diez años por el partido holandés Democraten 66, que está integrado en el Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa. Solo por poner un ejemplo, en la precampaña de las europeas —en las que el Frente Nacional arrasó en Francia—, el expresidente Nicolas Sarkozy solicitó la suspensión inmediata del Acuerdo de Schengen, que garantiza la libre circulación de ciudadanos de la Unión.

Alain Lamassoure (Pau, 1944), exministro de Asuntos Europeos en Francia, le quita hierro al peso de los antieuropeos. El bloque euroescéptico está muy dividido. Ya lo demostraron Le Pen y Farage con sus enconadas peleas antes de los comicios de mayo y, después, en su competición por formar grupo en la Eurocámara. La francesa hubo de conformarse con la bancada de los no inscritos. Ganó él, que consiguió formar Europa de la Libertad y de la Democracia Directa. Pero la unión entre sus eurodiputados es algo volátil. De hecho, el eurófobo británico hubo de reconstruir a marchas forzadas su grupo en el Parlamento a finales de octubre tras la salida de la diputada letona Iveta Grigule —lo logró gracias a la incorporación a sus filas del polaco Robert Jaroslaw Iwaszkiewicz—. "UKIP debería aprender de los conservadores británicos, que sí intentan ser parte activa en la política europea. Pero los eurófobos no participan en las comisiones, por lo que no influyen en la legislación. Se limitan a asistir a los plenos", desliza Lamassoure.

Ignazio Corrao (Roma, 1984) se ha beneficiado de ese aislamiento. Su formación, Movimiento Cinco Estrellas, liderada por el cómico italiano Beppe Grillo, comparte grupo con UKIP. Ellos no pretenden desmantelar el Parlamento Europeo, como Farage. El despacho que Corrao ha estrenado hace apenas unos meses en Bruselas está decorado con carteles ecologistas. Su escritorio está coronado por una careta del grupo de hackers Anonymous. Justifica su unión en la crítica que ambos hacen a la UE. Los 17 diputados de la formación italiana ocupan el espacio que correspondería a la delegación de nacionalistas británicos en las comisiones. En un correctísimo castellano, pues cursó una beca Erasmus en Galicia, se dice europeísta y reconoce las diferencias que le separan del equipo de Farage. "Nosotros sí queremos integración europea. Pero a nivel de derechos de los ciudadanos. En el mercado laboral, por ejemplo". In't Veld apuesta por reforzar la UE: "A pesar de que los ciudadanos ahora no son muy proclives a escuchar este mensaje, deberíamos ser capaces de transmitir esta idea; el mundo necesita una UE fuerte".

Voigt no quiere ni oír hablar del tema. Si hay problemas económicos, prefiere cortar por lo sano: "Es preciso volver a los orígenes, abandonar el euro". Pero el eje de su discurso, sin lugar a dudas, es la inmigración. Todas sus respuestas desembocan en la "extranjerización" que está experimentando la UE. Él defiende una Europa que preserve su identidad y sea capaz de "aportar esperanzas, un futuro, a los europeos". Que "no derroche sus recursos" en ayudar a los inmigrantes. "No los necesitamos. Que vuelvan a sus países. Eso no implica abandonarles. La industria tiene que desarrollarse allí, así no tendrán que venir", sentencia.

Lamassoure, que conoce bien el Parlamento Europeo, pues llegó a la Eurocámara en 1989 y, salvo los años en los que formó parte del Gobierno francés, desde entonces ha desarrollado allí su actividad, apela al buen trato que mantienen los eurodiputados. "Siempre hemos hecho política sin hacer sangre, sin agresividad. Nos tratamos unos a otros como diplomáticos. Es imprescindible forjar mayorías sólidas que nos permitan negociar con el Consejo desde una posición fuerte. Tienes que hablar con muchísimas personas de distintos países y llegar a consensos". En su inmensa mayoría, sigue siendo así.