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São Paulo se queda sin agua

El Estado vive la peor crisis hídrica de su historia tras una seca temporada de lluvias y una dependencia total de las reservas desde hace 30 años

El Sistema Cantareira, la principal represa del Estado de São Paulo, sufre las consecuencias de la estación de lluvias más escasa en 45 años
El Sistema Cantareira, la principal represa del Estado de São Paulo, sufre las consecuencias de la estación de lluvias más escasa en 45 años REUTERS

Después de la estación de lluvias más seca en 45 años, São Paulo vive la peor crisis hídrica de su historia. El Sistema Cantareira, la principal represa de la región, que abastece a 14 millones de personas en la Grande São Paulo y en 62 ciudades del interior del Estado, nunca registró un nivel tan bajo, mientras que el volumen del resto de embalses cae también a niveles críticos. 

De los grifos de los paulistas sale desde mayo —y por primera vez— la reserva de la reserva, lo que llaman el volumen muerto, agua estancada bajo las compuertas que está siendo bombeada para subir la capacidad del sistema. Hace seis meses que algunas regiones están sin agua día sí día no, los bares de las zonas ricas de la ciudad empiezan a sufrir la falta de presión nocturna y la industria del país, concentrada en el Estado, de 41 millones de personas, alerta sobre el impacto económico que puede tener más sequía.

El Gobierno del Estado se ha negado a decretar un racionamiento de agua. Argumenta que “sería una medida cruel”

“Si no llueve vamos a tener perjuicios en grandes empresas. Y los efectos se sentirán no solo en los despidos, sino en la economía. Hay industrias que no pueden quedarse sin agua ni un solo día. Es grave que un sector de una petroquímica deje de producir”, advierte el director de Medio Ambiente de la Federación de Industrias del Estado, Nelson Pereira.

El Gobierno del Estado de São Paulo, en manos hace 20 años del Partido de la Social Democracia Brasileña —rival político de la presidenta Dilma Rousseff—, llegó a gastar más de 3,5 millones de dólares en provocar lluvia artificial con una avioneta que siembra gotas en las nubes, pero se ha negado a decretar oficialmente un racionamiento de agua. Argumenta que “sería una medida cruel”. Las elecciones de octubre están a la vuelta de la esquina.

Pero la realidad es que la presión de los grifos disminuye un 75% por las noches y se repiten los relatos de vecinos que sufren cortes justificados como “trabajos de manutención”, sin previo aviso. Del grifo de Elias Lopes do Santos, un taxista de 52 años vecino de Guarulhos, solo sale agua cada 24 horas. “Vivo solo con mi mujer y tengo mi propia reserva de 1.000 litros. No lo sufro tanto, pero las familias más grandes tienen dificultades para lidiar con las comidas, los baños de los niños, la limpieza diaria...”, explica. “Estoy muy harto. El Estado no invirtió en la construcción de una nueva reserva, y tampoco hizo nada para tener un tratamiento efectivo del agua. Siento vergüenza al pasar por nuestros ríos”, lamenta.

El Instituto Brasileño de Defensa al Consumidor pidió la semana pasada que se declare la situación de racionamiento tras recibir, desde junio, 14 reclamaciones diarias por falta de agua. La Fiscalía Federal y la Estatal, que investigan la gestión del Gobierno durante la crisis, también han recomendado medidas urgentes.

Si no llueve vamos a tener perjuicios en grandes empresas. Y los efectos se sentirán no solo en los despidos, sino en la economía

Nelson Pereira, director de Medio Ambiente de la Federación de Industrias de Sao Paulo

Por otro lado, el racionamiento sería imprudente para entendidos como el presidente del Consejo Mundial del Agua, Benedito Braga. “Cuando cortas el agua para un sector de la ciudad, dejas las cañerías vacías permitiendo que se filtre agua que está en el suelo y de cuya calidad no tenemos ningún control. Existe un riesgo de contaminación”, defiende Braga. “Además, si aplicas el racionamiento y dejas dos días sin que corra el agua, la gente que está al final de la tubería, los más pobres generalmente, van a quedarse días sin agua”, añade.

Varios especialistas están de acuerdo en que la falta de lluvias y las altas temperaturas no son las únicas responsables de la actual falta de abastecimiento. “Nuestro sistema está completamente desfasado en el tiempo. Hace 30 años que tenemos los mismos manantiales porque ningún Gobierno invirtió en ampliar el sistema, mientras la población de la ciudad crecía hasta los niveles actuales”, lamenta Julio Cesar Cerqueira, ingeniero civil y miembro del Consejo de Medio Ambiente de la Federación de Industrias de São Paulo. La Fiscalía del Estado, que abrió nueve procesos para depurar responsabilidades, defiende que el contrato de explotación del agua de la compañía estatal estaba condicionado a reducir la dependencia del Sistema Cantareira, un incumplimiento que la crisis ha dejado al descubierto.

El Gobierno, defensor sin fisuras de su gestión, mantiene su negativa al racionamiento y garantiza que la reserva aguantará hasta marzo del año que viene. Cuando ese volumen muerto acabe, solo quedará esperar que la próxima temporada de lluvia, que va de octubre a marzo, sea extremadamente generosa. O encomendarse, como ya hacen aquí con ironía, a San Pedro, el patrón brasileño de la lluvia.

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