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Schulz da su apoyo a una coalición liderada por el conservador Juncker

El líder socialdemócrata pide a cambio concesiones al candidato del PPE y asegura que Juncker le quiere en la Comisión

Juncker y Schulz charlan en Berlin, en marzo
Juncker y Schulz charlan en Berlin, en marzo Getty

El presidente de la Eurocámara y candidato socialdemócrata a las elecciones europeas, el alemán Martin Schulz, ha dado este jueves un apoyo sin fisuras al líder conservador, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, para lograr la silla más preciada de Bruselas: la presidencia de la Comisión Europea. Schulz pone únicamente dos condiciones a ese respaldo. Por un lado, que el programa de Juncker para los próximos cinco años haga concesiones al centroizquierda e incluya “asuntos relacionados con la justicia social, la reducción de desigualdades, estímulos a favor del crecimiento y el empleo y fórmulas para que el crédito vuelva a fluir”. Por otro, Schulz quiere ser el número dos de Juncker en la Comisión, en un papel similar al que juega el vicecanciller Sigmar Gabriel en la gran coalición alemana de Angela Merkel. “Juncker me quiere en su Comisión”, aseguró ayer en un encuentro con varios periódicos, “y eso facilitaría las cosas entre los dos grandes partidos”.

Schulz, en fin, abre la puerta a una coalición europea liderada por Juncker, algo que había apuntado su partido pero que nunca había explicitado el líder socialdemócrata tras el 25-M. Conservadores y socialistas suman más de 400 escaños en el Parlamento Europeo, suficientes para garantizar el nombramiento. Pero son los primeros ministros, en el Consejo Europeo, quienes proponen el nombramiento, y ahí han surgido voces discordantes, capitaneadas por el británico David Cameron, que no quiere ver a Juncker ni en pintura. Schulz no ve dificultades insalvables por ese flanco: “Juncker tiene el pleno apoyo de la Cámara, pero también una amplia mayoría en el Consejo”.

“Este es un momento decisivo para la democracia europea. Si no queremos dar voz a los extremistas, los dos grandes partidos tendrán que hacer gala de una gran responsabilidad, y este es el primer paso. Es obligado tender puentes”, apuntó Schulz ante las previsibles muecas de disgusto entre muchos socialistas. El nuevo jefe del Partido Popular en la Eurocámara, el alemán Manfred Weber, confirmó que ve posible esa alianza y advirtió que habrá “una crisis institucional” si los países desoyen al Parlamento y no apoyan a Juncker.

Pero entre la realidad y el deseo están los problemas, que empiezan en Alemania, prosiguen en Italia y son más que evidentes en Reino Unido, Hungría y Suecia. Fuentes del propio PPE dan a Juncker una probabilidad del 50% de convertirse en presidente de la Comisión. La ambigüedad de Merkel y la oposición frontal de Cameron hacen que ese proceso esté aún muy abierto. Solo la Eurocámara cierra filas en favor de Juncker, consciente de que se juega su influencia en la próxima legislatura —y más allá. El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, inició ayer los contactos con populares, socialistas y liberales. “Van Rompuy ha venido a consultar y se ha llevado una respuesta: Jean-Claude Juncker”, afirmó un enérgico Schulz.

A pesar de la aparente luna de miel entre las dos grandes familias, la presidencia de la Comisión es una especie de carrera de obstáculos. El primero que debe sortear Juncker es la oposición de Cameron, que ha llegado a amenazar con la salida de Reino Unido de la UE si el federalista y socialcristiano luxemburgués —recluido en su país desde la noche electoral— se sale con la suya. A ese órdago ha contribuido la prensa británica con todo tipo de navajazos hacia la figura de Juncker, a quien han llegado a atribuir un pasado familiar nazi. “Es una vergüenza lo que está pasando: es injusto e indecente”, apuntó Schulz, que reveló que ha conversado frecuentemente con Juncker durante las dos últimas semanas. “Puede que tanto Cameron con sus amenazas como la prensa británica con sus ataques estén consiguiendo el efecto contrario del que persiguen”, añadió.

La segunda dificultad es la calculada ambigüedad de Merkel: “La canciller es una figura clave, pero no es la única voz importante, y no parece lógico que apueste por un choque institucional, que llegaría si el nombre elegido no es el de uno de los candidatos a las elecciones”, a juicio de Schulz.

El tercer y último obstáculo pasa por desactivar las minorías de bloqueo en el Consejo, y para eso la última palabra le corresponde a otro socialdemócrata: el primer ministro italiano, Matteo Renzi. “Es evidente que el entusiasmo en mi partido por Juncker es limitado. Por eso debe haber concesiones. Italia va a jugar un papel clave en la nueva Unión después del apoyo del electorado a Renzi, superior al 40%: Juncker debería satisfacer algunas de las aspiraciones italianas”, enfatizó Schulz. Lo que pide Renzi es más flexibilidad con las reglas fiscales para los países que, como Italia, van a acometer reformas. Además de algún cargo goloso, como la presidencia del Consejo para un italiano.

El cortejo entre Parlamento y Consejo ha empezado. Contra el desánimo en su propio partido por el apoyo a Juncker, Schulz alude al “momento decisivo, histórico” que afronta la construcción europea, con viejos diablos en forma de radicales saliendo del armario. Para vencer las reticencias de Merkel, Schulz cuenta con la presión de la prensa alemana. Pero socialdemócratas y conservadores incluso tantean ya recetas para rebajar la resistencia de Cameron. “Populares y socialistas estamos de acuerdo en devolver competencias a los niveles de gobierno locales, regionales y nacionales cuando sean más eficientes. Hay que estudiar en qué debe haber más Europa y en qué menos”, apunta Schulz, que incluso se atreve con asuntos más delicados: “La libre circulación de mercancías, capitales y personas está garantizada dentro de la Unión. Es uno de los pilares básicos de la UE. Pero la libre circulación de personas no incluye el acceso directo a todas las garantías que ofrece cada Estado miembro”. Sorprende ese guiño descarado a David Cameron, que denuncia desde hace meses el denominado turismo de prestaciones en la Unión, pese a que no hay un solo dato que sustente esa tesis.