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La polémica por el canje del sargento Bergdahl se intensifica en EE UU

La retórica de “no dejar a ningún hombre atrás en ninguna batalla" pone contra las cuerdas a Obama

El presidente Obama durante su rueda de prensa con David Cameron.
El presidente Obama durante su rueda de prensa con David Cameron. REUTERS

Apelando a un sentimiento incontestable, el amor de unos padres por su hijo, el presidente Barack Obama declaró el jueves que “de ninguna manera” iba a pedir “disculpas” por haber logrado un acuerdo para liberar al sargento Bowe Bergdahl a cambio de cinco presos talibanes encerrados en Guantánamo. “No voy a pedir perdón por devolver a un joven a sus padres”, prosiguió Obama, que concluyó la frase diciendo que los norteamericanos seguro de que eran conscientes de que siempre se trata del hijo de alguien.

Obama está esta semana en Europa, intentando poner en práctica la idea de que EE UU puede ser el líder del mundo a golpe de coalición y sin recurrir a la guerra. Y sin embargo, toda la retórica que la doctrina Obama pensaba impartir, ya fuera en Varsovia, Bruselas o Normandía, ante los líderes del G 7 o el recién elegido presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, quedó aparcada ante la insistencia de la prensa norteamericana de centrase en el tema Bergdahl.

La retórica que en otros tiempos y con otros colores políticos funciona -“no dejar a ningún hombre atrás en ninguna batalla”-, está poniendo ahora contra las cuerdas al presidente, que en los últimos días sufre un auténtico acoso y derribo por parte de republicanos y creadores de opinión -las tertulias de la FOX-, que ya hablan de un Bengasi 2.0. Sin embargo, Obama se defendió ayer y contraatacó al decir que ni había tiempo para avisar al Congreso -que estipula 30 días de aviso para sacar a alguien de Guantánamo- ni la salud del soldado se lo podía permitir.

El presidente declaró estar acostumbrado a las controversias que se cocinan en Washington, algo que esperaba. Pero advirtió que este asunto no es una abstracción, “no es fútbol político”, quién pasa la pelota a quién. “Como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, soy responsable de esos chicos”, garantizó Obama. “Vimos una oportunidad y la tomamos. No me voy a disculpar por eso”, insistió el mandatario. Tras un largo proceso negociador con Catar, que ha ejercido de mediador en las negociaciones con los talibanes y ahora acoge a los cinco presos de Guantánamo, la Administración en algunos momentos pensó que habían perdido la batalla y que nunca recuperarían con vida al joven sargento.

A finales del año pasado, los talibanes enviaban un vídeo con el que probaban que Bergdahl estaba vivo –en la cinta, el soldado mencionaba la muerte de Nelson Mandela, lo que aseguraba que la grabación era actual y no pasada-. Sin embargo, en las imágenes se veía a un joven que parecía enfermo y débil, en ocasiones incluso ausente.

Ese vídeo fue mostrado en la noche del miércoles a la totalidad de los senadores del Congreso en una sesión a puerta cerrada, con el objetivo último de explicar a los 100 hombres y mujeres por qué la Administración tomó la decisión que tomó sin tener en cuanta el protocolo de los 30 días de aviso. “No tenía buen aspecto [Bergdahl]”, concedió el republicano por Illinois Mark Kirk. “Supongo que esa imagen impactó emocionalmente al presidente cuando lo vio”, concluyó Kirk.

Pero como suele suceder en Washington, no todo el mundo estaba contento y cada quien se ocupa de su propia agenda. Para varios senadores republicanos, había muchas cuestiones que quedaban en el aire. El senador de West Virginia Joe Manchin declaró que la información -clasificada- que les habían ofrecido funcionarios del espionaje dejaba “más preguntas que respuestas”. De momento, la semana que viene hay una audiencia a puerta cerrada del Comité de Fuerzas Armadas de la Cámara, aunque los senadores reclaman una propia y a puerta abierta.

Hasta el momento, todos los esfuerzos que ha hecho la Casa Blanca -equivocados o no- por glorificar la figura de Bergdahl -Susan Rice hablando de una carrera de “honor y distinción”; Chuck Hagel y “la victoria”; Obama en el jardín de la Casa Blanca- han sido contrapuestos con mayor intensidad por la demonización que del joven militar está haciendo de él la derecha más reaccionaria, que acusa al joven de desertor y hasta asesino, al haber provocado su desaparición la muerte de otros seis compañeros de filas que participaron en su búsqueda en 2009.

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