Los militares golpistas declaran disuelto el Senado en Tailandia

La ex primera ministra Yingluck Shinawatra continúa retenida. La junta convoca a otros 35 políticos y académicos pro democracia

La junta militar que se ha impuesto en Tailandia desde el jueves dio un paso más asumir el control del país y declaró disuelto el Senado, la única cámara del legislativo que continuaba operativa. Mantiene asimismo retenida a la ex primera ministra Yingluck Shinawatra. Aunque asegura que no la retendrá más de una semana, ni a ella ni al resto de personalidades detenidas, hoy convocó a otros 35 académicos y políticos de la oposición, mientras crece la resistencia al golpe de Estado y centenares de personas se han lanzado a las calles de Bangkok para protestar contra él.

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Un portavoz de la junta, el coronel Winthai Suvaree, aseguró que ni Yingluck ni el resto de los detenidos después de que 155 personalidades políticas fueran convocadas a instalaciones militares en Bangkok permanecerán bajo arresto “más allá de una semana, dependiendo de su grado de implicación”. Los militares parecen quererse hacer con un rápido control de la situación y evitar las manifestaciones que siguieron a la asonada anterior, en 2006, cuando quedó depuesto el entonces primer ministro y hermano de Yingluck, Thaksin Shinawatra, un magnate de las telecomunicaciones quien pese a vivir en el exilio desde 2008 no ha dejado de ejercer una importante influencia en el país.

Así, en un comunicado leído en televisión, la junta indicó que se hace con los poderes que correspondían hasta ahora al Senado: “Todas las leyes que tengan que ser aprobadas por el Parlamento o el Senado lo serán a partir de ahora por el líder” militar, Prayuth Chan-Ocha.

En cualquier caso, la estabilidad parece complicada de alcanzar. Al menos dos ex ministros del Gobierno derrocado -el de Educación, Chaturon Chaisaeng, y el de Interior, Charupong Ruangsuwan- han anunciado a través de las redes sociales que no se presentarán ante los militares.

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Y centenares de personas se manifestaron hoy, rodeados de un fuerte dispositivo de seguridad, junto al Monumento a la Victoria en Bangkok para protestar contra el golpe de Estado encabezado por el jefe militar del país, el general Prayuth Chan-Ocha.

Hasta el momento, la Junta, o Consejo Nacional para la Paz y el Orden, su nombre oficial, no se ha fijado un calendario para abandonar el poder. Tan sólo ha apuntado que la prioridad será poner en marcha reformas antes de celebrar elecciones y entregar el poder.

El quid de la cuestión será precisamente qué tipo de reformas. Los manifestantes que protestaban desde hace seis meses contra Yingluck y el Gobierno depuesto -y cuyas protestas precipitaron la crisis actual- exigían cambios para una vuelta a un sistema más tradicional, de democracia dirigida en la que el Gobierno esté sometido a mayores controles. 

En cualquier caso, se aleja la perspectiva de unas elecciones que habían estado previstas para este verano. Y que los simpatizantes de Thaksin y su hermana tenían todas las de ganar. Apoyados por las clases más populares se han impuesto en todos los comicios desde 2001. Para frustración de una oposición apoyada por las clases más altas y que cree que la mejora del país pasa por mantener los sistemas tradicionales, los diferentes gobiernos pro Thaksin sólo han acabado mediante intervenciones ajenas al proceso electoral.

Dada la actual composición del país, unas elecciones verdaderamente democráticas volverían a dar la victoria al Pheu Thai, el partido de Thaksin y Yingluck. Y las clases más altas lo seguirían encontrando inaceptable.

“Es difícil ver qué podría hacer Prayuth que cambiara el paisaje electoral”, apunta Kim McQuay, representante de la organización The Asia Foundation en Bangkok.

Por el momento, la Junta ha dado ya sus primeros pasos para tratar de atraerse a los partidarios de Thaksin. Según publica hoy el diario “The Nation”, pagará a los campesinos arroceros las deudas de más de 1.800 millones de euros dejadas por el fracaso de un programa de subsidios a este grano, una de las principales promesas con las que Yingluck ganó las elecciones en 2011.

Sobre la firma

Macarena Vidal Liy

Es la corresponsal de EL PAÍS en Asia. Previamente trabajó en la agencia EFE, donde ha sido delegada en Pekín, corresponsal ante la Casa Blanca y en el Reino Unido. También ha cubierto conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio como enviada especial. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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