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Europa se moviliza para salvar las elecciones ucranias

Rusia cree que los comicios no tienen sentido en el actual marco de violencia

El ministro de Exteriores de Ucrania, Andrii Deshchitsa, durante la 124ª sesión del Comité de Ministros del Consejo de Europa. Ampliar foto
El ministro de Exteriores de Ucrania, Andrii Deshchitsa, durante la 124ª sesión del Comité de Ministros del Consejo de Europa. EFE

La violencia que se propaga con rapidez por Ucrania amenaza seriamente las elecciones presidenciales, previstas, como las de la Unión Europea, para el 25 de mayo. La diplomacia del continente intensifica sus contactos para mantener la cita electoral en el calendario. Representantes de todos los Estados europeos —salvo Rusia—, miembros de la OSCE (la organización para la seguridad y la cooperación en Europa, que realiza tareas de observación en Ucrania) y destacados mandatarios de los Veintiocho defendieron ayer esos comicios como antídoto contra el abismo en Ucrania.

Los titulares de Exteriores destacaron la necesidad de respetar los derechos de las minorías en el país, en clara alusión a las rusófonas

“Si no se celebran, será el caos y habrá riesgo de guerra civil”, advirtió el presidente francés, François Hollande, en París. Una “gran mayoría de países europeos”, en palabras del ministro británico de Exteriores, William Hague, aboga por garantizar el voto de los ucranios el próximo día 25. Tanto Hague como el resto de ministros del Consejo de Europa (la organización que vela por los derechos humanos en el continente, con 47 países asociados) suscribieron un comunicado que subraya la “importancia esencial de elecciones presidenciales libres y justas”. También el “importante paso” que representan en la “consolidación del progreso democrático del país”. Solo Rusia, también miembro de esta organización, se negó a respaldar la celebración de elecciones.

Como contrapartida a ese apoyo electoral, los titulares de Exteriores destacaron también la necesidad de respetar los derechos de las minorías en el país, en clara alusión a las rusófonas. Fue la principal conclusión del encuentro que el Consejo de Europa celebró en Viena, con la mirada puesta en Ucrania.

Las elecciones necesitan más seguridad para la gente que tiene que votar

Didier Burkhalter, presidente de turno de la OSCE y ministro de Exteriores suizo

Fuera de la reunión, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, expresó sus objeciones. “Celebrar elecciones en un momento en que el Ejército está desplegado contra una parte de la población es bastante inusual”, ironizó en conferencia de prensa. La cita de Viena escenificó con claridad la falta de entendimiento entre rusos y ucranios, a pesar de que ambas delegaciones se escucharon mutuamente en la reunión conjunta. El jefe de la diplomacia ucrania, Andréi Deschitsa, se mostró partidario de celebrar otra ronda de diálogo (tras la parálisis de los acuerdos de Ginebra, impulsados por Estados Unidos y la UE) si Moscú apoya las elecciones. Lavrov lo condicionó a que se permita también participar a representantes de las zonas rusófonas. Y el ministro ucranio lo descartó de inmediato con el argumento de que su Gobierno ya representa a todo el país y que tampoco el resto de interlocutores envía portavoces de sus minorías.

Entretanto, la diplomacia europea intenta lograr el apoyo de Rusia a las elecciones ucranias con una contrapartida: potenciar la mayor autonomía de las zonas de influencia rusa acelerando los cambios en la Constitución. La oferta, de momento, no suscita el entusiasmo de Moscú, clave para que los comicios se puedan celebrar.

Consciente de que la situación en el terreno no favorece la vía democrática, el presidente de turno de la OSCE y ministro de Exteriores suizo, Didier Burkhalter, pidió un alto el fuego. “Las elecciones necesitan más seguridad para la gente que tiene que votar”. Bulkhalter viajará el miércoles a Moscú para reunirse con Lavrov.

Las turbulencias en Ucrania preocupan también a Occidente por el impacto en el suministro energético. Los ministros del ramo del G-7 (los siete países más industrializados del mundo) se mostraron ayer “extremadamente preocupados” por esas consecuencias y pidieron que la energía “no se use como forma de coacción política ni como amenaza a la seguridad”.

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