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ELECCIONES EUROPEAS

“La Unión Europea es un enano maniatado por los Gobiernos”

En su último pleno, diputados que abandonan la Eurocámara abogan por acercar Europa a los ciudadanos

El líder de Los Verdes, Daniel Cohn-Bendit, el miércoles en Estrasburgo tras dar su último discurso en la Eurocámara. Ampliar foto
El líder de Los Verdes, Daniel Cohn-Bendit, el miércoles en Estrasburgo tras dar su último discurso en la Eurocámara. AFP

Su discurso logró una larga ovación en la Eurocámara y gran parte de la bancada de los Verdes se puso en pie. Fue enérgico, vehemente. “Yo nací en 1945. Fui concebido tras el desembarco de Normandía. Imaginad que aquel 4 de abril hubiera aparecido caminando y les hubiera dicho a mis padres: ‘En 50 años no habrá fronteras entre Francia y Alemania’. Me habrían dicho: ‘Este niño habla muy pronto y dice tonterías’. Pero esta es mi historia; y también la de toda Europa”, dijo Daniel Cohn-Bendit (Montauban, 1945), de origen francés nacionalizado alemán, copresidente del grupo ecologista en el Parlamento Europeo. Fue el pasado miércoles. Así se despedía de la cámara, tras 20 años como diputado, uno de los líderes de Mayo del 68, conocido entonces como Dani el Rojo, por sus ideas y por el color de su pelo.

El de esta semana ha sido el último pleno de estos cinco años: la legislatura de la crisis económica y de la austeridad, de Merkozy y de los rescates. Y ha sido el último de los 72 plenos antes de las elecciones europeas, que serán del 22 al 25 de mayo. Han sido cuatro días en los que, además de atender los 150 temas que conformaban el orden del día, algunos diputados han abandonado definitivamente los escaños que han ocupado durante lustros. Es el momento, pues, de hacer balance. Y autocrítica.

"Los diputados deben estar bien pagados", afirma Cohn-Bendit

“El mayor problema de Europa es la lejanía de los ciudadanos. La UE es un enano político porque está maniatado por los Gobiernos nacionales. Es preciso avanzar en la integración, la única que puede poner a Europa en el mundo. Para ello debe haber voluntad política, y dudo que la haya. A partir de la crisis estamos asistiendo a la recuperación de poder por parte de los Estados miembros. Aquí además existe una contradicción: la ciudadanía no se suma a la integración porque se sienten lejanos, y ese proyecto no avanza porque no cuenta con el apoyo ciudadano”, reflexiona el español Alejandro Cercas (Cáceres, 1949), del PSOE, poco antes de salir de su despacho. Suena el timbre que indica que hay votación y se dirige al hemiciclo.

La británica Sharon Bowles (Oxford, 1953), la liberal que ha liderado la comisión parlamentaria de Asuntos Económicos esta legislatura, dice adiós tras 10 años. Se muestra crítica con la forma en que las instituciones comunitarias se dirigen a los ciudadanos. “La Comisión debería modernizarse. Suena demasiado dictatorial. La desconexión entre la población y la UE es preocupante. Ha crecido en parte por la crisis, pero también porque la gente no entiende qué ocurre en Europa”.

“En los Gobiernos de los Estados miembros siempre se atribuyen las decisiones positivas. Fui ministra [de Movilidad y Transportes] en mi país. Lo sé. Pero la culpa de las decisiones negativas siempre es para la UE”, lamenta la belga Isabelle Durant (Bruselas, 1954), de los Verdes. Se despide esta semana tras una legislatura en la Eurocámara, en la que ha sido una de sus 14 vicepresidentes. “El lenguaje que se utiliza es totalmente incomprensible; la Comisión ha actuado con un perfil demasiado bajo, siguiendo la posición hegemónica de Alemania en el Consejo [que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho]. Entiendo que la gente pueda estar enfadada, pero creo que la dirección en la que enfocan su descontento está equivocada. Europa no es el problema, sino los Gobiernos nacionales que no dejan avanzar”, precisa.

"La Comisión debe modernizarse. Suena dictatorial", dice la liberal Bowles

La española Carmen Fraga (León, 1948), del PP, cuestiona, por ejemplo, que las elecciones europeas se jueguen en clave nacional y que no se informe más sobre las políticas comunitarias. Pero ella subraya los logros de la UE. “Llegué a Bruselas en 1985. Si entonces me hubieran dicho lo que evolucionaríamos en solo 30 años, no me lo habría creído. Entonces el Parlamento era un mero órgano consultivo y se hablaban ocho lenguas. Ahora, cuando me voy, se hablan 24... Debemos tener en cuenta que gran parte de las decisiones se toman aquí”.

Y en eso coincide con Cohn-Bendit: “Los mayores éxitos de la UE son la paz y la propia existencia de Europa”. Sostiene que la desafección ciudadana, más que hacia la UE, es hacia la política en general, y anima a sus colegas a mostrar “empatía, emoción” y a abandonar el lenguaje tecnocrático. “La gente ha dejado de creer que los políticos pueden cambiar las cosas. Y asocia la política a privilegios. Podemos debatir acerca de la celeridad con la que actúan las instituciones comunitarias... pero no hay más privilegios aquí. La democracia cuesta dinero. Si quieres una democracia independiente, los diputados tienen que estar bien pagados. Si no, será una forma de corrupción”, dice Cohn-Bendit. Y, aunque aboga por ir hacia la integración, insiste en que la construcción de Europa ha de ser lenta: “En Francia tardaron 150 años en lograrlo. Por tanto, debe serlo a nivel transnacional”.