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Miliband promete un referéndum sobre la permanencia en la UE

La consulta queda condicionada al “improbable” caso de acuerdo que obligue a Londres a transferir más soberanía a Bruselas

El líder de la oposición y del Partido Laborista, Edward Miliband, durante su intervención en la LSE este miércoles.
El líder de la oposición y del Partido Laborista, Edward Miliband, durante su intervención en la LSE este miércoles. REUTERS

El líder de la oposición y del Partido Laborista británico, Ed Miliband, ha conseguido cuadrar el círculo del dilema europeo que le perseguía desde hace meses: se ha comprometido a convocar en la próxima legislatura un referéndum sobre la permanencia o no de Reino Unido en la Unión Europea. Pero, en la práctica, lo que realmente ha hecho es descartar casi por completo esa consulta porque la ha condicionado al “improbable” caso de que haya algún acuerdo europeo que obligue a Londres a transferir más soberanía a Bruselas.

El anuncio, adelantado por Miliband en un artículo en Financial Times y confirmado luego en un discurso, tiene un gran impacto político. Primero, porque lleva un paso más allá la posición de los laboristas respecto a la consulta: hasta ahora se limitaban a comprometerse a que los británicos ratificaran o negaran nuevas transferencias de soberanía; ahora, la consulta no sería sobre esa transferencia de poder en concreto, sino sobre la permanencia misma de Reino Unido en la UE. Por muy “improbable” que según el propio Miliband sea esa posibilidad, no deja de ser un paso que sigue la agenda marcada por los euroescépticos, que en unos pocos años han pasado de defender un menor papel británico en la UE a exigir una consulta para decidir el abandono puro y duro de las instituciones comunitarias.

Pero hay también un aspecto muy significativo a más corto plazo: marca el terreno de juego europeo en las próximas elecciones generales de mayo de 2015. A diferencia de los conservadores de David Cameron, Miliband ha decidido correr el riesgo de ir a esos comicios sin una promesa que le obligue a convocar un referéndum sobre Europa quiera o no quiera, pase lo que pase.

Es, sin embargo, un riesgo muy calculado: le puede costar algunos votos –y quién sabe si esos votos le puedan costar las elecciones– pero le deja las manos libres si consigue llegar a Downing Street. Tras varios meses de cavilaciones, los laboristas han llegado a la conclusión de que llegar al Gobierno con la obligación de convocar un referéndum sobre la permanencia en la UE habría hipotecado sus primeros meses o años en Downing Street, dominados por ese fantasma. Y el referéndum podría incluso forzar la dimisión de un eventual primer ministro Miliband si los británicos acabaran votando a favor de abandonar la UE.

En un territorio político más especulativo, la posición de los laboristas encaja con la que mantienen desde hace ya un tiempo los liberales-demócratas, que no es completamente impensable que vuelvan a tener la llave del Gobierno tras las próximas elecciones y pueden estar en posición de decidir quién será el próximo primer ministro. Dejar a los tories en la oposición dejaría en un segundo plano –ruidoso segundo plano, seguramente– la cuestión del referéndum europeo.

El anuncio ha sido bien recibido por las organizaciones empresariales más representativas. Sir Mike Rake, presidente de la CBI (equivalente británico de la CEOE), ha apoyado la declaración de Miliband porque aclara el panorama “y la incertidumbre es de poca ayuda cuando intentas asegurar inversiones a largo plazo”. A juicio del director general de las Cámaras de Comercio Británicas, John Longworth, las posiciones de Miliband sobre el referéndum “armonizan con el pensamiento del mundo de los negocios”.

Miliband explicó su decisión con el argumento de que su prioridad si gana las elecciones no sería el debate sobre la permanencia en la UE sino “centrarnos en afrontar la crisis del coste de la vida creando empleos y prosperidad”. Se fijó, sin embargo, una clara agenda reformista respecto a la UE, incluyendo la imposición de periodos transitorios tanto para los trabajadores de futuros nuevos socios como para poder acceder al sistema británico de prestaciones sociales, en línea con las posiciones que defienden euroescépticos.