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Una destrucción lucrativa

Un total de 14 empresas compiten por gestionar 7.000 toneladas de residuos químicos sirios

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas ofrece 20 millones para esa tarea

El navío estadounidense Cape Ray, equipado para destruir el arsenal químico sirio en alta mar, durante unas pruebas el pasado 10 de enero. Ampliar foto
El navío estadounidense Cape Ray, equipado para destruir el arsenal químico sirio en alta mar, durante unas pruebas el pasado 10 de enero. EFE

Un 5% del arsenal químico sirio flota en aguas internacionales del Mediterráneo, en el interior del buque estadounidense Cap Ray. Un total de 14 empresas internacionales, entre ellas una española —Sita SPE Ibérica—, compiten por 20 millones de euros que la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) ha ofrecido a través de un concurso público a aquellas compañías que gestionen las más de 7.000 toneladas de residuos químicos resultantes. Los ganadores se harán públicos a mediados de febrero.

El régimen de Bachar el Asad se comprometió a destruir su arsenal químico tras el ataque del pasado agosto con sarín —un gas nervioso— que según Estados Unidos mató a más de 1.400 civiles en Guta, a las afueras de Damasco, a cambio de evitar una intervención militar estadounidense. Según fuentes de la OPAQ, la primera partida salió a principios de enero de Siria y suma 20 toneladas de gas mostaza y otros dos elementos —isopropanol y difloruro de ácido metilfosfónico— que al mezclarlos producen gas sarín, uno de los más letales.

Aunque no hay cifras oficiales, la OPAQ calcula que la cifra ronda las 1.300 toneladas, cantidad que la comunidad internacional se ha propuesto eliminar en su totalidad. “El proceso [de destrucción] es costosísimo”, comenta desde su despacho Roberto Martínez Álvarez, catedrático de química orgánica en la Universidad Complutense de Madrid, que forma parte del Comité Consultivo Científico de la OPAQ.

El 19 de enero la organización para el desarme químico —con sede en La Haya (Holanda)— abrió un concurso y puso encima de la mesa 20 millones de euros, según fuentes de la institución, para aquellas empresas que gestionen la basura química que salga del Cap Ray, dotado de infraestructuras —un par de reactores con una capacidad de destrucción de 50 toneladas diarias— que espera órdenes para la eliminación del arsenal en medio del Mediterráneo.

La mitad de esa veintena de millones son donativos internacionales “a fondo perdido”, puesto que Siria es incapaz de afrontar los costes que supone la destrucción del arsenal, inmersa en una guerra civil que ha dejado ya más de 130.000 muertos y nueve millones de desplazados. España no está entre los países donantes.

Un representante de Sita SPE Ibérica que prefiere no dar su nombre confirma que se trata de un negocio de “grandes dimensiones”, aunque no desvela ni la cantidad de residuos que la empresa gestionaría ni el dinero que recibiría por ello. “Podría dar pistas a nuestros competidores [siete empresas europeas, una china, una saudí y cuatro estadounidenses] y poner en peligro la candidatura”, explica por teléfono. Sita SPE Ibérica, con sede en Barcelona, es accionista de Grecat, en Constantí (Tarragona). Es la única planta de incineración de residuos químicos en España y la que acogería las miles de toneladas de basura química. No se entierran, se tratan con diluyentes específicos hasta que solo quede “agua sucia”, explica el científico. Habrá que esperar hasta mediados de febrero para que el jurado adjudique el destino (o destinos) finales de la basura química.

Los efectos de un ataque químico

B.D.C

Es igual que el de fuego. La sustancia química se introduce en un proyectil de artillería y se lanza contra el objetivo que se desea exterminar. Al explotar, el gas -que es líquido- se esparce y llega al contacto con el cuerpo humano que responde de diferentes maneras.

El gas mostaza: Fue utilizado por primera vez en Ypres (Flandes). Contiene agentes vesicantes. Es decir, que produce ampollas a aquel que entra en contacto con él. Esas partículas se intercalan en el ADN de la víctima produciendo graves quemaduras en las diferentes capas de la piel. Puede no ser mortal aunque las secuelas son enormes. El gas mostaza fue el más utilizado durante la Primera Guerra Mundial, además se usó también en la guerra Irán-Irak entre 1980 y 1988. La dosis letal de gas mostaza en un adulto es de tan solo 100mg por kilo. Por ejemplo, tan solo se necesitan ocho gramos para acabar con la vida de un adulto de 80 kilos.

El gas Sarín: Es uno de los más mortales que existen. Es un agente nervioso que inhibe la respuesta de los músculos a reacciones externas y produce un temblor en el cuerpo. A la víctima se le contraen las pupilas y acto seguido muere por asfixia. Los expertos recomiendan inyectarse inmediatamente un barbitúrico (calmante) seguido de atropina (un dilatador de pupilas). La dosis letal es muy pequeña y la víctima puede morir en pocos minutos.

Existen dos métodos para destruir un arsenal químico. El primero, que suele ser el procedimiento para eliminar sarín, es la incineración de los gases —que en realidad son líquidos— a una temperatura de entre 1.000 y 1.500 grados centígrados. El calor neutraliza los efectos letales y genera un residuo industrial. Pero según los expertos, este proceso es imposible de llevar a cabo en un buque en alta mar. Así que lo que en las esferas científicas se conoce como hidrólisis mediante sosa cáustica será el método escogido para acabar con este arsenal. “El proceso es muy rápido. De 24 a 48 horas”, explica Martínez, quien añade que genera mucho más cantidad de residuos que la incineración.

El proceso de eliminación en alta mar puede durar hasta 90 días. Despúes, el barco atracará en el puerto italiano de Gioia Tauro, al sur de la Bota, y los residuos se distribuirán por el mundo.

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