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El ‘affaire’ Hollande pone en duda la seguridad de la presidencia francesa

Los indirectos vínculos del piso de la actriz con la mafia cercan al jefe de Estado

François Hollande y su compañera, Valerie Trierweiler, el pasado octubre. Ampliar foto
François Hollande y su compañera, Valerie Trierweiler, el pasado octubre. REUTERS

François Hollande, el presidente normal que prometió a los franceses ser ejemplar, ha convertido su mandato en un vodevil y es un jefe de Estado bajo sospecha de lesa imprudencia. La revelación de que Hollande se veía en secreto con su amante, la actriz Julie Gayet, engañando a Valérie Trierweiler —la primera dama continuará hospitalizada varios días en una clínica de París para recuperarse de su “gran ataque de tristeza”, según confirmó ayer un portavoz del Elíseo— se ha ido envenenando cada vez más.

Como era previsible, el affaire ha virado de lo íntimo a lo público y ha colocado a Hollande en una situación política muy delicada. El presidente dará esta tarde su conferencia de prensa semestral ante 500 periodistas en el Elíseo, y se verá obligado a ofrecer explicaciones sobre sus frecuentes escapadas en una moto oficial para visitar un apartamento relacionado con la mafia corsa.

Los datos inquietantes se acumulan. El piso de las citas galantes, situado en la calle Du Cirque, número 20, a dos calles del palacio del Elíseo, está relacionado de forma indirecta con la banda mafiosa Brisa de Mar, una de las más pujantes de Córcega. Los fotógrafos que robaron las imágenes del presidente ante la puerta alquilaron un piso enfrente para poder trabajar. Nadie lo sabía y nadie lo impidió. El agujero en los servicios de seguridad del presidente lleva a algunos observadores a afirmar que Manuel Valls, el ministro del Interior, más amigo de Trierweiler que del presidente, ha traicionado a su jefe. Aunque según Le Monde, la pareja presidencial sospecha que han sido las redes subterráneas del anterior presidente, Nicolas Sarkozy quienes han tendido la trampa a su sucesor.

El nido de amor clandestino de la calle Du Cirque tiene detrás una historia cuando menos extraña. Su propietario es un inocente jubilado de 71 años, Jean-Pierre Discazeaux, que vive en Biarritz, y que en 2011 alquiló el piso a la actriz Emmanuelle Hauck, nacida en Bastia (Córcega), quien a su vez se lo prestó a su amiga Julie Gayet, la amante de Hollande, mientras esta realizaba obras en su estudio de la calle Fauburg Saint-Honoré.

Hauck estuvo casada hasta hace seis años y tiene seis hijos con el actor corso Michel Ferracci, protagonista de la serie televisiva Mafiosa, que fue condenado en noviembre pasado a 18 meses de cárcel por abuso de confianza en el proceso del Círculo Wagram, una timba clandestina parisiense de altos vuelos de la que Ferracci era director y que mantenía estrechos lazos con Brisa de Mar.

Después de separarse de Ferracci, Hauck se emparejó con otro corso, un tal François Masini, que fue asesinado a balazos el 31 de mayo de 2013 durante un ajuste de cuentas en el norte de la isla mediterránea.

Estas informaciones suscitan algunas dudas. En primer lugar, sobre la prudencia de Hollande, que ha expuesto la función presidencial a un gran embrollo sentimental y se ha visto inmerso, aunque sea de forma fortuita, en una red ligada a la mafia corsa. En segundo lugar, sobre la seguridad del jefe del Estado. Según el diario digital Mediapart, si el ministro del Interior no sabía nada de todo eso, pecó de incompetencia, y sí lo sabía, parece razonable dudar de su lealtad hacia Hollande.

Manuel Valls rechazó ayer toda responsabilidad en el asunto, y comentó que el Grupo de Seguridad de la Presidencia de la República (GSPR), dirigido por la comisaria Sophie Hatt, “dispone de una absoluta autonomía de funcionamiento”. El ministro añadió que “no estaba al corriente de los desplazamientos del presidente”: "Si decide ir a algún sitio, es su responsabilidad", dijo.

Valls asegura que solo conoció los detalles de la historia el domingo por la noche, y culpa implícitamente a Hollande de haber cometido una ligereza: “Esto no es Estados Unidos: si un ministro o un político decide no aceptar un dispositivo de seguridad, no se le impone hacerlo”.

Fuentes del Elíseo afirmaron que Hollande ha visitado el apartamento una docena de veces desde el otoño de 2013, y que llegaba hasta la calle Du Cirque como pasajero en una moto perteneciente a la flota del Elíseo conducida por un miembro de su escolta. Un segundo escolta le acompañaba. Ninguno de ellos investigó el pasado de la inquilina corsa, ni sus lazos con individuos de perfil tan dudoso, según el Elíseo. Tampoco supieron que los paparazzi que robaron las fotos del presidente habían alquilado un piso cercano para hacer el reportaje de la revista Closer.

¿Hay una mano negra detrás de los amoríos de Hollande? En el Elíseo sospechan del entorno de Sarkozy, ya que los rumores sobre la relación secreta del presidente han sido aventados por varias redes cercanas al expresidente, que mantiene sus contactos en la cúpula policial y en el servicio de seguridad del Elíseo. En diciembre, Closer publicó que uno de los hijos de Trierweiler había sido detenido por posesión de hachís. Según Le Monde, la pareja, o expareja presidencial, vio en ese asunto “la acción de las redes subterráneas de Sarkozy”.

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