Las promesas electorales de Rohaní, pendientes de la negociación nuclear

Mas esperanzas que hechos durante los 100 primeros días en el Gobierno del presidente iraní

El presidente de Irán, Hassan Rohaní.
El presidente de Irán, Hassan Rohaní.EFE

Hasan Rohaní llegó a la presidencia de Irán este año con la promesa de una política internacional más conciliadora que la de su predecesor, una mejor gestión económica y mayores libertades. Para sorpresa de muchos, ha logrado el respaldo del líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, para resolver el aislamiento de su país y las sanciones que le ha granjeado el programa atómico. Sin embargo, al cumplirse el martes cien días de su toma de posesión, y a pesar de los gestos positivos que ha realizado, sus compromisos electorales permanecen en buena medida rehenes del resultado de las negociaciones nucleares.

"La situación económica sigue siendo mala; [el anterior presidente Mahmud] Ahmadineyad dejó todas las puertas cerradas y aunque Rohaní intenta abrirlas, los candados se resisten", explica Hosein M., un joven de 25 años que gestiona un pequeño negocio familiar en Teherán. Aunque él no votó en las pasadas elecciones, comparte la esperanza en el nuevo presidente de muchos iraníes. "Confiamos en que acabe con las sanciones para poder vivir mejor, como antes. Si Rohaní lograra mejorar las cosas, la gente daría la vida por él", asegura.

Pero el final de las sanciones no parece inmediato. Su ofensiva diplomática ha conseguido interesar a Estados Unidos (principal impulsor del asedio económico y con quien Irán no tiene relaciones desde hace 34 años) y se ha traducido en una reanudación de las conversaciones nucleares. Sin embargo, el proceso se presenta arduo tal como pudo verse el pasado fin de semana en Ginebra.

"Si en dos o tres meses lográramos acceder a los depósitos que tenemos [bloqueados] en China e India, supondría un alivio enorme", asegura Saeed Laylaz por teléfono desde Teherán. No obstante, este reputado economista, encarcelado en 2009 por su apoyo a los reformistas, defiende que las primeras medidas de Rohaní ya se están notando. "La inflación ha caído diez puntos y el rial se ha revalorizado un 25% desde su llegada", apunta sabedor de que aún queda mucho por hacer.

Además de la presión para mejorar la economía, Rohaní tiene que hacer frente a los sectores más recalcitrantes del régimen que le acusan de estar dispuesto a ceder ante Occidente. El presidente ha pedido paciencia tanto para convencer a éstos como para lograr resultados, pero el tiempo apremia y la luna de miel con los iraníes no va a durar para siempre.

"Desafortunadamente, el mundo se centra en el programa atómico en vez de los derechos humanos", se quejaba la premio Nobel Shirin Ebadi en una entrevista con Reuters la semana pasada. "La gente votó a Rohaní por que prometió cambiar la situación y eso no ha sucedido", declaraba antes de señalar que el número de ejecuciones desde su elección se ha duplicado con respecto al año anterior. (Algunos activistas opinan que los ultraconservadores que controlan el poder judicial están acelerando los ajusticiamientos para poner en aprietos al nuevo presidente.)

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Sin embargo, también hay quien vincula una mejora económica y de las libertades personales con el éxito de las conversaciones nucleares. Según su resultado, "Irán puede orientarse hacia una degradación de su situación y una mayor encastillamiento de su postura, o bien hacia una mejora de las condiciones de vida de la población, en el terreno económico, pero también en términos de libertades políticas y de los derechos humanos", afirmaban siete antiguos embajadores europeos en Teherán, entre ellos el español Leopoldo Stampa, en una carta abierta publicada en vísperas de la última reunión de Ginebra.

De momento, los avances en lo que el Rohaní llamó "reducir la presión del aparato de seguridad" parecen modestos. Los jóvenes hablan de que se han reducido las ominosas patrullas de la policía moral que periódicamente hacen redadas contra quienes violan las rígidas normas de vestido. Pero las declaraciones del presidente sobre la inutilidad de censurar el acceso a Internet y las redes sociales no se han traducido en el esperado cambio. Twitter y Facebook, que tanto él como su ministro de Exteriores utilizan con gran éxito de seguidores, sólo son accesibles a través de servidores extranjeros.

Aunque la censura se ha relajado en los medios de comunicación, los periodistas lo atribuyen más a su propio atrevimiento que a un cambio de las líneas rojas, y ponen como ejemplo el cierre el mes pasado del periódico Bahar y la detención de su director tras publicar un artículo que podía interpretarse como crítico con el líder supremo. Los Pasdarán han seguido destruyendo pantallas parabólicas (que a pesar de estar muy extendidas son ilegales).

Desde el entorno de Rohaní se destaca que ha encargado a uno de los vicepresidentes que redacte una Carta de los Derechos Ciudadanos, ordenado que se retiren las quejas contra los periodistas (lo que ha permitido la puesta en libertad de 86 de ellos que estaban en la cárcel) y nombrado un asistente especial para asuntos de las minorías. Sin embargo, aún hay cientos de presos políticos, y los más prominentes opositores, Mehdi Karrubi, Mir-Hosein Musaví y la esposa de éste, Zahra Rahnavard, cumplieron ayer mil días bajo arresto domiciliario, sin juicio ni cargos.

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