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François Hollande: “Las pruebas incriminan a El Asad”

Varios laboratorios occidentales analizarán muestras de las víctimas del presunto ataque

El presidente François Hollande en el Palacio del Elíseo
El presidente François Hollande en el Palacio del Elíseo EFE

Ante el ensordecedor silencio de Alemania, y la confusa e inaudible voz de la política exterior de la Unión Europea, el presidente francés, François Hollande, acordó ayer con el presidente estadounidense, Barack Obama, dar “una respuesta común” al ataque químico del régimen sirio contra la población civil. Por la mañana, el Elíseo afirmó, a través de un comunicado oficial, que “existen ya un puñado de pruebas que indican que el ataque del 21 de agosto [en las afueras de Damasco] fue de naturaleza química”. La nota subrayaba que “todo lleva a considerar al régimen sirio como responsable de ese acto incalificable”, y añadía que “Francia no permitirá que el ataque”, que según Médicos Sin Fronteras causó al menos 355 muertos y más de 3.500 afectados, “quede impune”.

Por la tarde, Hollande se entrevistó por teléfono con el presidente Obama, y le manifestó su certeza de que Damasco había utilizado armas químicas. Ambos quedaron en mantenerse en estrecho contacto para consensuar “una respuesta común”. Antes, París había aumentado la presión sobre Damasco al reclamar al régimen de El Asad que permitiera “acceder sin demora y sin ninguna restricción” a los inspectores de la ONU al lugar de la matanza.

En mayo, las primeras pruebas de un ataque químico, lanzado el 29 de abril por el régimen sirio contra una localidad del norte del país, fueron ya examinadas en Francia

 Según han revelado distintas fuentes, el Gobierno galo ha participado en un operativo internacional que intenta confirmar con datos las sospechas de que el ataque de artillería contenía agentes químicos, en concreto una sustancia neurotóxica.

Según declaró ayer al semanario Journal du Dimanche Olivier Lepick, de la Fundación para la Investigación Estratégica, varias muestras de orina, sangre, cabello y tejidos, recogidas entre las víctimas por médicos presentes en el lugar donde ocurrió la masacre, debían volar ayer mismo hacia varias capitales occidentales, entre ellas París, para ser examinadas por distintos laboratorios. En Francia, el instituto encargado de analizar las muestras será el centro de Estudios de Bouchet, dependiente de la Dirección General de Armamento del Ministerio de Defensa.

En mayo, las primeras pruebas de un ataque químico, lanzado el 29 de abril por el régimen sirio contra una localidad del norte del país, fueron ya examinadas en Francia y revelaron la presencia de gas sarín en la sangre de una de las personas fallecidas.

Ahora, Lepick y otros especialistas creen que los síntomas descritos por los médicos que atienden a las víctimas —hiperventilación, dilatación de las pupilas, contracciones musculares, dificultades respiratorias y ausencia de sangre y heridas— no dejan ningún espacio a las dudas sobre la naturaleza química del ataque.

Entretanto, Europa sigue guardando silencio y mostrando al mundo su profunda división. El jueves, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, afirmó que en caso de confirmarse que hubo un ataque químico sería necesaria una respuesta de la comunidad internacional, y no descartó que esta sea “una acción de fuerza”. Mientras Londres elabora su propia estrategia en contacto con Washington, la jefa de la política exterior de la UE, Catherine Ashton, evitó el viernes hablar de una posible acción militar y llamó a buscar “una solución diplomática a la guerra civil”.

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