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OBITUARIO

Emilio Colombo, histórico de la política italiana

El ex primer ministro era el último miembro vivo de la Asamblea constituyente de 1946

Emilio Colombo, durante su época de primer ministro, en 1971.
Emilio Colombo, durante su época de primer ministro, en 1971. CORBIS

El último padre de la Constitución italiana murió en Roma el 24 de junio. Emilio Colombo era el único que quedaba con vida entre los que en 1946 debatieron, negociaron y lijaron el texto de la Carta Magna de la neonata República. Con sus 93 años, atravesó gran parte de la historia de su país y protagonizó los años en los que el belpaese se sacudía de encima la herencia del régimen fascista, volvía a la democracia y se creaban instituciones y reglas nuevas. Fue primer ministro en otra época delicada: a principios de los setenta, cuando la inflación tocó las estrellas, explotaba el terrorismo y se legalizaba el divorcio. Por el papel clave que desempeñó a lo largo de las décadas, en 2003, el presidente Carlo Azeglio Ciampi le nombró senador vitalicio.

Nació en 1920, en una modesta familia de clase media en Potenza, una ciudad del sur. Se licenció en Derecho y se formó en el mundo de las asociaciones católicas. Un cardenal de su zona le recomendó que entrara en política. Y así lo hizo. Siempre militó en las filas de la Democracia Cristiana (DC). Fue en las listas de este partido, disuelto bajo los golpes de los escándalos de corrupción a principios de los noventa, cuando salió elegido en las primeras elecciones libres tras la dictadura, en 1946. Cuando entró por primera vez en el Parlamento, como miembro de la Asamblea que debía redactar la nueva Constitución, solo tenía 26 años.

Desde aquel momento no salió de la arena política hasta 2001. Se quedó fiel a su bando, tanto que se le conocía también con el apodo algo burlón de “cardenal Colombo”. Su carrera fue continua y sin obstáculos: cubrió varios ministerios, como Agricultura, Economía, Exteriores. Eran los años de la posguerra, los años en los que Roma decidía la redistribución de las tierras a los pobres, la nacionalización de la energía eléctrica o planes de ayuda para el sur. Él mismo guio un Gobierno durante 18 meses, entre 1970 y 1972. Era el Gabinete número 32 desde el final de la guerra: en aquella época los Ejecutivos duraban el tiempo de unas vacaciones veraniegas. El Vaticano no soportó la aprobación de una ley que permitía divorciarse a los italianos e italianas, pero el ala más progresista de la DC y del Gobierno lograron sacarla adelante. El Gabinete se tumbó, pero un referéndum confirmó la norma dos años más tarde.

A partir de 1977, Colombo fue presidente del Parlamento Europeo. Dos años más tarde recibió el Premio Carlomagno, que se otorga al hombre político que más contribuye a la causa comunitaria. “La única dolencia de una vida política excepcional —apunta el diario Il Corriere della Sera— fue la fallida elección al Parlamento en 2001”. El derrumbe de la Democracia Cristiana había dejado huérfanos a los que no quisieron secundar la conversión a la política de un famoso y polémico empresario milanés, Silvio Berlusconi. Colombo se presentaba como candidato independiente bajo la sigla Democracia Europea y se quedó a las puertas del Palacio.

Fuera del foco de la política, admitió que en el pasado había esnifado cocaína dos o tres veces a la semana, durante un año. Dijo que fue por usos terapéuticos. También declaró ser homosexual, pero nunca trascendieron mayores pormenores sobre su vida privada. Siempre se había refugiado en la ironía diciendo que “estaba demasiado ocupado como para pensar en casarse”. En los escaños del Senado se mantuvo hasta el final, y todo italiano lo vio, después de las últimas elecciones de febrero de 2013, presidir la sesión de la Cámara alta que eligió al nuevo presidente del Senado, Pietro Grasso. Le toca al senador vitalicio más anciano gestionar estas fases de cambio. Colombo se encargó porque su compañero Giulio Andreotti, fallecido a principios de mayo, ya estaba muy enfermo y no acudía al Parlamento.