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Las tropas de El Asad logran una victoria táctica en la provincia de Damasco

Los rebeldes aseguran que se usaron armas químicas contra ellos en Damasco

El régimen lo ha negado en repetidas ocasiones pero impide la entrada de inspectores

Casas destrozadas en la provincia de Alepo, en Siria.
Casas destrozadas en la provincia de Alepo, en Siria. AP

El régimen de Bachar el Asad ha ganado una importante batalla esta semana al retomar una localidad crucial para las vías de suministro de armas y alimentos de los rebeldes. Según anunció este jueves la agencia oficial de noticias Sana, el Ejército sirio “recuperó el control completo” de Otaiba, al este de la provincia de Damasco, indicando que al Gobierno aún le quedan fuerza y recursos para resistir el embiste de los revolucionarios en la capital, donde se han visto intensas batallas y ataques con explosivos en los pasos meses.

“Unidades del Ejército han causado grandes daños a los terroristas, matando a muchos de ellos e hiriendo a otros, durante una operación de caza de terroristas y asalto a sus casas en varios barrios y ciudades de Damasco”, dijo Sana. El régimen se suele referir a todos los opositores con el término de terroristas, algo ha lo que ha recurrido aún con más frecuencia después de que, hace dos semanas, una de las milicias rebeldes, el Frente Al Nusra, jurara lealtad a Al Qaeda.

Las milicias rebeldes resistieron la ofensiva del Ejército en el entorno de Otaiba durante 37 días. Habían controlado la localidad durante ocho meses. En al menos dos ocasiones en las pasadas semanas acusaron al régimen de haber empleado armas químicas contra ellos, algo que Damasco negó. Finalmente las tropas de El Asad se hicieron con el control de ese nodo, que deja a los revolucionarios debilitados en la capital, donde resiste la cúpula política y militar del régimen.

El régimen negó de nuevo el miércoles que haya empleado armas químicas contra la población, a pesar de las recientes acusaciones en la escena internacional. El ministro sirio de información, Omran al Zoubi, dijo durante una visita a Moscú: “Aunque Siria disponga de armas químicas, nuestros líderes políticos y nuestro Ejército no las usarán, ni contra los sirios ni contra los israelíes”. Adujo para ello no solo “problemas legales”, sino también “reservas morales”, según la agencia Interfax.

El 25 de marzo, Gran Bretaña y Francia enviaron una misiva a la Secretaría General de la ONU en la que aseguraban que disponían de pruebas suficientes de que El Asad ha empleado ya armas químicas en ataques en Alepo, Damasco y en Homs. El martes, el general de brigada israelí Itai Brun dijo tener indicios de que El Asad había empleado gas sarín en Alepo en repetidas ocasiones durante el pasado mes. En un principio, la diplomacia norteamericana se resistió a dar crédito a esas alegaciones, pero finalmente, el Secretario de Defensa, Chuck Hagel, se sumó a esas acusaciones ayer.

Ayer, Gran Bretaña reiteró también sus quejas. “Tenemos información, limitada pero convincente, de varias fuentes, que demuestra que se han empleado armas químicas en Siria, incluido [el gas] sarín. Es algo extremadamente preocupante. El uso de armas químicas es un crimen de guerra”, dijo un portavoz del ministerio de Exteriores británico en un comunicado.

El 19 de marzo el régimen acusó a los rebeldes de haber empleado armas químicas en un ataque en Alepo, que provocó 26 muertes. Los opositores dijeron entonces que no disponían de arsenales químicos y que el responsable del ataque era en realidad el régimen. El Gobierno de El Asad pidió entonces a la Organización de Naciones Unidas que investigara el incidente. A día de hoy, sin embargo, no ha permitido a los investigadores internacionales que entren en el país a efectuar la labor que les ha sido encomendada.