Crimen en París, escalofrío en Turquía

La muerte a tiros de tres activistas amenaza las conversaciones de paz entre el Gobierno de Ankara y el movimiento independentista kurdo

Decenas de miles de personas acuden al funeral de las tres activistas kurdas asesinadas en París, el jueves en Diyarbakir.
Decenas de miles de personas acuden al funeral de las tres activistas kurdas asesinadas en París, el jueves en Diyarbakir.AP

La escena en el Centro Kurdo de Información, cerca de la estación del Norte en París, parecía sacada de una novela policíaca. Pero las tres víctimas eran reales y además sus asesinatos ponían en peligro el proceso de paz en Turquía entre el Gobierno y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, en sus siglas en kurdo).

Las tres eran activistas kurdas del PKK, considerado por la UE como grupo terrorista. Se trataba de Sakine Cansiz, de 55 años y una de las fundadoras del grupo; Fidan Dogan, de 32 años, directora del centro de información, y Leyla Soylemez, de 24 años. El novio de una de ellas y varias amigas encontraron sus cadáveres pasada la una de la madrugada del 10 de enero. Estaban preocupados porque no contestaban al teléfono.

Las víctimas recibieron varios balazos en la cabeza. Las dos habitaciones del centro, en el primer piso del edificio, estaban intactas. Varias fuentes apuntan a que todo ocurrió en un minuto. Los casquillos del calibre 7.65 indicaban que los disparos vinieron de una sola pistola automática.

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Unos días antes de los asesinatos, el Gobierno turco había admitido estar en conversaciones con Abdulá Ocalan, líder y principal miembro fundador del PKK, que cumple cadena perpetua en una prisión especial en una isla en el mar de Mármara. Los kurdos llevan décadas pidiendo el reconocimiento de derechos sociales y políticos y el proceso persigue poner fin a un conflicto que se inició en 1984. En ese año, el PKK se alzó en armas contra el Gobierno y, desde entonces, los enfrentamientos han costado la vida a más de 40.000 personas, la mayoría militantes kurdos y civiles.

Un clima de cauto optimismo se había ido asentando en Turquía hasta que la noticia de los asesinatos de las tres mujeres en París provocó un escalofrío generalizado en todo el país. ¿Quién podría estar detrás de estas muertes? ¿Resistirían las negociaciones de paz un suceso calificado de “provocación” por las dos partes?

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El Gobierno del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se apresuró a culpar al propio PKK de las muertes. Según esta tesis, una facción kurda opuesta al proceso de paz habría cometido los asesinatos para provocar tensiones que dinamitaran las conversaciones. “Creo que el escenario más posible es una lucha interna”, comenta Nihat Ali Ozcan, antiguo mayor del Ejército y doctor en Ciencias Políticas con una tesis sobre el PKK. “Y ni siquiera necesariamente debido a diferencias ideológicas, sino que podría estar relacionado con el reparto de finanzas o incluso un crimen pasional: la historia del PKK está llena de episodios así”.

Varios indicios apuntan hacia el enfrentamiento interno y a que las víctimas conocían al asesino o asesinos. La puerta del centro de información no había sido forzada y parecería extraño que las tres mujeres, acostumbradas a vivir en semiclandestinidad y a permanecer vigilantes, hubieran dejado entrar a un desconocido. Además, el viernes la policía francesa anunció que había detenido a dos sospechosos turcos de origen kurdo. Se cree que uno de ellos era el chófer de una de las víctimas, lo que reforzaría la tesis de la responsabilidad del PKK.

Sin embargo, activistas, políticos kurdos y fuentes del PKK acusaron desde un primer momento al conocido como Estado profundo. En Turquía, se llama así a una supuesta red u organización secreta, ultranacionalista y relacionada con Ejército, que llevaría décadas actuando fuera de la ley para mantener Turquía como un país unido y secular. Aunque no hay una evidencia directa de la existencia del Estado profundo como un grupo organizado, sí hay casos documentados de operaciones clandestinas y de una guerra sucia contra los kurdos, sobre todo durante los ochenta y noventa, en la que el Estado profundo sería responsable de la desaparición y muerte de miles de personas.

Las autoridades francesas apuntaron a los Lobos grises como otros sospechosos de los asesinatos. Se trata de una organización juvenil turca ultranacionalista y neofascista que compartiría algunos de los objetivos del Estado profundo. A diferencia de esta supuesta red clandestina, los Lobos ya han cometido asesinatos fuera de Turquía y su existencia es reconocida públicamente. Además, son enemigos declarados del PKK y ya en el pasado fueron usados por los servicios secretos turcos contra militantes kurdos.

“Actualmente, hablar del Estado profundo no tiene mucho significado: Erdogan está al mando [del Estado] y el Ejército no tiene el poder que tenía en el pasado”, analiza Hugh Pope, responsable para Turquía del International Crisis Group. Pope destaca el gran apoyo que el proceso de paz ha recibido dentro de Turquía, “un país que ahora tiene más enemigos en la región”.

Precisamente, otra posibilidad que algunos expertos mencionan es que se trate de los servicios secretos de un tercer país. “Tal y como se ejecutó, parecería que no fue ni Turquía ni los kurdos sino un tercer actor a quien no interesaría una tregua [entre el Gobierno turco y el PKK]“, dice Cengiz Aktar, profesor de Ciencias políticas en la Universidad de Bahcesehir en Estambul. “Podría haberse tratado de Irán o de Siria”. Turquía apoya a los rebeldes sirios enfrentados a Damasco desde marzo de 2011. Irán es el mayor aliado del régimen sirio en la guerra civil y, además, ambos países cuentan también con minorías kurdas en su territorio, por lo que no solo están enfrentados a Turquía, sino que no les interesaría que los kurdos turcos ganen más autonomía y reconocimiento.

El jueves, decenas de miles de personas acudieron al funeral por las mujeres en Diyarbakir, la principal ciudad kurda de Turquía. La ceremonia transcurrió en paz, lo que todos los analistas interpretan como una importante muestra de apoyo al proceso.

En cualquier caso, las negociaciones tienen un largo camino por delante, que además se prevé lleno de potenciales obstáculos. El que la aviación turca haya recrudecido esta semana sus bombardeos de posiciones del PKK en el norte de Irak y que la milicia kurda tampoco haya cesado en sus operaciones es seguramente el mayor riesgo para el éxito de las conversaciones. “No va a ser un proceso lineal, va a haber muchos altibajos y el primer paso es construir la suficiente confianza entre ambas partes”, señala Guven Sak, director ejecutivo de TEPAV, un centro de estudios políticos en Ankara.

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