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OBITUARIO

Jakes Gerwel, un hombre discreto junto a Mandela

Fue la mano derecha del expresidente en sus años de gobierno

Jakes Gerwel, a la derecha, posa junto a Nelson Mandela, en 1999.
Jakes Gerwel, a la derecha, posa junto a Nelson Mandela, en 1999. AP

Nelson Mandela, a sus 94 años, aguanta pero sus compañeros de lucha, o sus socios políticos más cercanos, o sus mejores amigos caen. Jakes Gerwel, que murió esta semana a los 66 años, cumplió las tres funciones. Pero casi nadie lo supo.

Gerwel  -el “profesor” Gerwel, como le llamaban los pocos que lo conocieron- fue una figura importante en la consolidación de la democracia sudafricana, la principal misión que se propuso Mandela cuando llegó a la presidencia en 1994 tras casi 50 años de apartheid y tres siglos y medio en los que la minoría blanca de la población oprimió, humilló y dominó a la mayoría de piel negra. Gerwel fue importante porque estuvo siempre al lado de Mandela durante los cinco años cruciales que éste permaneció en el poder, siempre a su lado, pero siempre invisible. Fue el asesor más leal de Mandela, un hombre que llegó a conocer a Mandela casi tan bien como Mandela se conoció a sí mismo. Mandela era el genio, la estrella, pero los principios democráticos que le motivaban era idénticos a los de Gerwel, y sus procesos políticos mentales -basados en el valor del respeto como instrumento de persuasión- también. Mandela depositaba la más absoluta confianza en él porque sabía que carecía de ambición política o deseo de riqueza y que, como él, entendía que su misión era servir al pueblo, no a sí mismo. Mandela también conocía su trayectoria.

Gerwel nació en la pobreza en 1946, hijo de labradores en una finca de ovejas en el cabo sudafricano. Aunque nunca hubiese conocido a Mandela su historia de superación personal hubiera sido digna de conocimiento público. Fanático lector desde una temprana edad, ascendió al puesto de profesor universitario de literatura y de ahí, en los años 80, a rector de la Universidad del Western Cape, en Ciudad del Cabo. Fue una época de gran ebullición política y Gerwel no se quedó al margen. Hizo causa común con los estudiantes más militantes en la resistencia contra el apartheid, convirtiéndose en su dirigente y su defensor. Participó con coraje en la lucha política y fue detenido en varias ocasiones, pero nunca buscó el reconocimiento público; siempre mantuvo un bajo perfil. Fue un hombre valiente y discreto, un intelectual y un incansable trabajador, una persona de inquebrantable integridad, cualidades que convencieron a Mandela que era el hombre indicado para el puesto por el que Gerwel pasará a la historia: director general de la presidencia en el primer gobierno democrático de Sudáfrica.

Entre 1994 y 1999 Gerwel ejerció como brazo derecho del presidente Mandela, administrando su despacho, sirviendo como consejero, amigo, persona en la que Mandela sabía que podía confiar sus dudas o sus secretos sin la más mínima posibilidad de que sería traicionado. Gerwel fue, en vida, una tumba. Podría haberse ganado poderosos aliados políticos o empresariales compartiendo las intimidades que conocía, podría haberse enriquecido escribiendo el libro definitivo sobre los años presidenciales de Mandela, pero nunca reveló ningún detalle comprometedor ni personal, ni político sobre su jefe, al que veneraba, y nunca utilizó su cercanía con él ni para avanzar su carrera ni para inflar su cuenta bancaria.

Tras abandonar su puesto en la presidencia en 1999, Gerwel siguió unido a Mandela, trabajando a su lado en la ONG, la Mandela Foundation, a la que el ex presidente ha dedicado sus energías desde que dejó la política. Con la muerte de Gerwel Sudáfrica ha perdido a uno de sus hijos más ilustres; pocos han dado tanto en la lucha por un mundo mejor con menos necesidad de obtener fama, dinero o gloria.