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ELECCIONES LEGISLATIVAS EN LOS PAÍSES BAJOS

Los liberales de derecha ganan las elecciones holandesas

La socialdemocracia, también proeuropea, logra la segunda plaza. Los extremistas se hunden

Formar la próxima coalición no será fácil, y los partidos se reunirán de inmediato para negociar

El triunfo de los liberales de derecha en las elecciones holandesas, con 41 escaños de un Parlamento de 150, seguidos a corta distancia por los socialdemócratas, con 39 escaños, marca una nueva era política en el país. Ambos partidos son favorables a la disciplina fiscal y la solidaridad en la eurozona. Sus respectivos líderes, Mark Rutte, primer ministro saliente, y Diederik Samsom, quieren firmeza con Grecia, y también con España, Italia y Portugal. Además, están abocados a entenderse. Juntos pueden formar una mayoría estable para afrontar la crisis. Pero si los ganadores deciden buscar aliados entre los liberales de izquierda, o bien la democracia cristiana, será difícil gobernar. Dicha coalición estaría en minoría y la única posibilidad sería pactar con el extremista Geert Wilders. Teniendo en cuenta que fue el causante de la caída del Gobierno el pasado abril, y forzó este adelanto electoral, no parece la opción adecuada.

Además de tranquilidad para la UE, que miraba con recelo el aumento del escepticismo en Holanda, contribuyente neta y fundadora comunitaria, los comicios han supuesto el hundimiento de los extremos. La derecha xenófoba de Geert Widers, el líder antimusulmán era la tercera fuerza nacional con 24 escaños. Le quedan 15. Estaba “conmocionado” por los resultados y trató de mantener la sonrisa ante el fracaso de su discurso antieuropeo. La crítica al Islam y la inmigración musulmana está, de momento, muy lejos. “Es una catástrofe. Solo espero que los ciudadanos vean con el tiempo lo mal que va la UE y podamos recuperarnos”, dijo.

La izquierda radical del Partido Socialista mantuvo sus 15 diputados. Pensaba arrasar y solo encabezará la oposición parlamentaria. Los liberales de izquierda han subido puestos y llegan a los 12 escaños, mientras la democracia cristiana y los verdes han perdido electores. Les quedan 13 y 3 escaños a cada uno. De su lado, los partidos confesionales conservan los cinco y tres diputados de legislaturas anteriores, respectivamente. Y una sorpresa final. Los pensionistas irrumpen en la política nacional con dos asientos. Un 75,4 % de los casi 13 millones de votantes acudieron a las urnas.

“Debemos seguir adelante. Tenemos un país hermoso que no puede quedarse quieto”, aseguró Rutte nada más confirmarse el resultado. “Somos el mayor partido de Holanda y hay que trabajar juntos”, añadió. A pesar de sus diferencias con la socialdemocracia, la crisis ha sacudido todas las agendas políticas. Comparado con el discurso de Samsom, las grandes diferencias aparecen en los recortes sanitarios. Sobre Europa se pueden entender. A ninguno le gusta que Grecia siga pidiendo dinero y no hable de devoluciones. “Es hora de lograr una sociedad unida y equitativa. Hay que trabajar juntos”, afirmó el cabeza socialdemócrata. Son guiños mutuos porque se llevan bien. Tendrán que demostrar ahora que el buen trato no traiciona sus respectivos programas. Los primeros tanteos serán este jueves en el Parlamento.

Estas elecciones han sido las del voto en todas partes. La democracia a la medida. Los colegios electorales inundaron las estaciones de ferrocarril (ya en 2010 votaron allí 50.000 personas). Hubo mesas en grandes hoteles, almacenes y hasta chiringuitos playeros. La otra característica ha sido el peso de las redes sociales. Los liberales de derecha, vencedores en las urnas, han intercalado anuncios en línea con gran éxito. Los socialdemócratas parecían estar en contacto constante con sus bases. Y los liberales de izquierda diseñaron el mejor sitio de internet, según los expertos cibernéticos.

La imagen de los líderes también ha cambiado. Samson, cuya hija mayor tuvo problemas al nacer, ha paseado a su familia en el mejor estilo de los candidatos estadounidenses. En un país de gran contención emotiva, ha sido criticado por exhibirse. En la calle, por el contrario, ha habido fiesta. Como no hay jornada de reflexión, los militantes de todos los partidos han ido a la caza del votante con regalos inocentes. Ha llamado la atención el reparto de zumos de fruta y rosas. La nota disonante la dieron un puñado de ciudadanos airados que no pudo votar en la estación de trenes de Utrecht por no estar censados allí. Un centenar rompieron la papeleta al verse rechazados.

Hace dos años, cuando Mark Rutte ganó las elecciones y tuvo que formar un Gabinete minoritario apoyado por la extrema derecha, el freno al islam acaparó los discursos. Esta vez la preocupación ha sido Europa y sus gastos. Dada la proximidad geográfica y la sintonía financiera holandesa con Alemania, esta consulta puede servir de ejemplo para los comicios federales germanos de 2013. Aunque La Haya suele arrimarse a su vecina en cuestión de cifras, Berlín habrá tomado nota de las dificultades del proceso.

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