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Paul Ryan, un adalid del recorte de los programas sociales

Paul Ryan, católico de 42 años, es miembro de la Cámara de Representantes desde 1998

El republicano Mitt Romney y Paul Ryan, su compañero de candidatura.
El republicano Mitt Romney y Paul Ryan, su compañero de candidatura. AFP

Paul Ryan prometió, en su discurso de ayer, llevar el cambio a Washington. “Vivimos la peor recuperación económica en 70 años”, dijo. “No podemos permitirnos cuatro años más de esto”. Obviaba Ryan que él, a sus 42 años, es todo un veterano del Congreso y de la capital federal norteamericana. Fue elegido para la Cámara de Representantes por el primer distrito de Wisconsin, donde está su localidad natal de Janesville, en 1998. Lleva en la bancada republicana 13 años. Ha sido reelegido seis veces.

Nacido en 1970 en una familia de abogados, se licenció en Economía y Ciencia Política por la Universidad de Miami (Ohio). En 1991 comenzó a trabajar en el Capitolio como becario en la oficina del senador republicano Bob Kasten. Allí conoció al representante Jack Kemp, uno de los pioneros en la defensa del libre mercado y el neoliberalismo en el Partido Republicano, y para él acabaría escribiendo discursos en la organización Empower America. Finalmente, a los 28 años, decidió presentarse él mismo a unas elecciones, por Wisconsin, que ganó.

En numerosas entrevistas, Ryan ha recordado que sus comienzos no fueron fáciles. Su bisabuelo, su abuelo y su padre fallecieron antes de cumplir los 60 años. Él mismo encontró, en 1986, en su hogar, el cuerpo sin vida de su padre, víctima de un infarto. En el instituto comenzó a trabajar en un restaurante McDonald’s. Durante sus años de becario y asistente en el Capitolio tuvo que compaginar varios empleos, entre ellos el de camarero y el de entrenador personal, para poder subsistir y avanzar su sueño de entrar en política.

En la Cámara de Representantes vivió el relevo de Bill Clinton a George W. Bush, y vio cómo el déficit del Estado crecía de forma desbocada, víctima, sobre todo, del aumento de programas de ayuda social y, especialmente, de dos costosas guerras. Hoy, Ryan no tiene palabras especialmente laudatorias para Bush. Su oportunidad le llegó con la presidencia de Barack Obama y los movimientos de protesta ciudadana contra la reforma sanitaria, que germinaron en el Tea Party.

Para ese movimiento ultra, Ryan diseñó un presupuesto, reescrito en numerosas ocasiones que proponía vastos recortes en programas sociales como el seguro médico público para ancianos y la revocación de la ley de reforma sanitaria de Obama. Fue aprobado con los únicos votos de los republicanos en 2011, en un gesto simbólico, pues murió, aniquilado por los demócratas, nada más llegar al Senado. En sus años en Washington, el mayor logro del nuevo candidato a la vicepresidencia fue más ideológico que otra cosa.