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Los seísmos causan daños económicos por 5.000 millones de euros en Italia

Unas 3.500 empresas se han venido abajo por los terremotos en Emilia-Romaña

Los bomberos buscan desaparecidos bajo los restos de la fábrica Haemotronic, en Medolla, tras el terremoto del 29 de mayo.
Los bomberos buscan desaparecidos bajo los restos de la fábrica Haemotronic, en Medolla, tras el terremoto del 29 de mayo. Efe

De las 24 víctimas del terremoto de la región de Emilia-Romaña, 18 perecieron bajo los escombros de sus empresas. Es un dato doblemente elocuente. Habla de la laboriosidad de esta zona del norte de Italia —una empresa por cada 10 habitantes, desde vinagre balsámico o queso parmesano a industrias biomédicas o piezas para Ferrari—, pero también de unas infraestructuras chapuceras. “Morir en una industria porque las paredes se desploman como hojas de papel no es digno de un país civilizado”, dice Mayda Guerzoni, portavoz del sindicato CGIL.

Ahora, mientras la tierra sigue temblando a un ritmo de 120 sacudidas al día, los 200.000 afectados esperan que su Gobierno y el de la Unión Europea liberen los primeros fondos necesarios para un plan de choque ya calculado. Lo cuenta el alcalde de Mirandola (provincia de Módena): “Antes que las casas o las escuelas, tenemos que reconstruir las empresas. Solo a través del trabajo podremos salir adelante”.

El primer golpe mortal se recibió el 20 de mayo. El segundo, el 29. Las cifras que manejan Gobierno y sindicatos dan una idea de la catástrofe: 20.000 trabajadores se han quedado temporal o definitivamente sin trabajo porque 3.500 empresas se han venido abajo. Unas 200.000 personas tuvieron que dejar sus casas. De ellas, 16.300 permanecen en 35 campamentos de acogida. El movimiento de tierras ha provocado que 200.000 hectáreas sigan bajo riesgo de aluvión. Por el momento, se calculan unos daños económicos de 5.000 millones de euros. Todo ello sin contar lo irreparable: las 24 vidas humanas y la destrucción de una parte considerable del patrimonio histórico de una de las regiones más hermosas de Italia.

Los temores, como las réplicas, no acaban. Muchos trabajadores temen que sus empresas —de por sí ya golpeadas por la crisis económica— opten por cerrar definitivamente. El viernes, en San Felice sul Panaro, los operarios de la empresa Icolor bloquearon los camiones que pretendían llevarse la maquinaria a otra sucursal. Se mostraron dispuestos a volver a trabajar entre los escombros, aun a riesgo de su integridad física, antes que perder sus empleos para siempre.

“En los 10 pueblos afectados de la provincia de Módena”, explica Hermes Ferrari, portavoz de CNA, la asociación que agrupa a artesanos y pequeñas y medianas empresas, “se exportaron al extranjero en 2011 productos por valor de 10.000 millones de euros. El 25% de toda la región, que es la tercera que más exporta de Italia. Aquí hay una empresa por cada 10 habitantes. El 92% tiene menos de 20 empleados. Y, por culpa del terremoto, el 80% de ellas están cerradas, bien porque han sufrido daños, porque esperan la autorización de seguridad o por miedo a nuevas réplicas”.

El miedo a lo que pueda pasar y el escalofrío de lo vivido. Entre esos dos temores malviven los vecinos de las zonas más afectadas.

Maurizio Morini es de La Cappelletta, una cooperativa de San Possidonio que perdió cerca de 30 mil quesos. “El martes estaba trabajando fuera de la quesería y me quedé paralizado por el terror. Cuando terminó el temblor, miré a mi alrededor y noté con alivio que la estructura había aguantado”. Morini entorna los ojos sobre unas naves de paneles blancos rematados en azul. “Luego abrí la puerta del almacén y los quesos rodaron hacia fuera. Se cayeron todos. Los 42.000 que guardábamos”, dice y enseña la piel de gallina que invade sus brazos al recordar aquel momento. La Cappelletta sigue abierta. Pero de las 33 ganaderías que le llevan leche cada mañana, seis han cerrado.

Desde el Gobierno de Emilia-Romaña se le pide al Ejecutivo de Mario Monti —con el agua de la crisis hasta el cuello— que libere los fondos de ayuda cuanto antes. Hay prisa por reconstruir las empresas, por evitar que se marchen.

El Gobierno italiano ya ha asignado una partida de 500 millones de euros, que recaudará a través de un nuevo impuesto sobre la gasolina y reduciendo en 80 millones la financiación de los partidos políticos. Se espera, además, la llegada de entre 150 y 200 millones del Fondo de Solidaridad de la Unión Europea (Fsue). Los fondos, que se crearon en el año 2000, no van dirigidos a particulares, sino a la reconstrucción de infraestructuras y a la protección del patrimonio histórico.

Justo lo que desean los orgullosos y trabajadores habitantes de Emilia-Romaña. En vez de limosnas, una ayuda ágil y rápida para recuperar, primero, el trabajo. Y, enseguida, la belleza heredada que quiso robar el terremoto.

Jugarse el tipo para salvar la empresa

Maria Nora Gorni, de 65 años, es la presidenta de Consobiomed (la asociación de empresas biomédicas) y una empresaria muy importante en Emilia-Romaña. Frente a los 2.500 metros cuadrados de su empresa, Ri.Mos, fundada en Mirandola junto a su marido en 1985, está montando una carpa: “Hago incursiones dentro de la nave y saco ordenadores, teléfonos y algunos productos que los hospitales me piden con urgencias”.

Desde fuera, la industria no parece muy dañada. Pero dentro sí lo está: “Se cayeron todas las paredes de separación y todavía no tengo el visto bueno de los bomberos para acceder”. Pero lo hace. Entra ella sola y, a los pocos minutos, sale corriendo, cargando con cajas y bolsos. Después de esperar un poco, de mirar con recelo la estructura y el terreno, vuelve a correr hacia adentro.

“Los hospitales me llaman y piden los dispositivos ginecológicos que producimos para que las mujeres den a luz con seguridad. ¿Qué voy a hacer? O bien me quedo paralizada esperando a que llegue otra sacudida hasta sabe Dios cuándo o bien corro el peligro. Por supuesto no voy a abrir. No quiero poner en peligro a mis 34 empleadas. Si tiene que pasar algo, que me pase a mí. Para ellas y sus familias esto es un trabajo, pero para mí es mi vida entera”.

Gorni ha calculado un daño de unos 200.000 euros. Propuso a sus empleadas ir a otra empresa que tienen en Brescia (Lombardía), pero ellas no quieren dejar la zona. “Nosotros estamos vinculados a este territorio. Me pregunto si las multinacionales tendrán la misma sensibilidad”, dice.