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Irlanda pone otra vez en vilo a la UE

Dublín convoca un referéndum sobre el nuevo tratado fiscal europeo

La consulta amenaza con agravar las tensiones en la UE

El Gobierno de Irlanda anunció ayer martes que convocará un referéndum sobre el nuevo tratado fiscal europeo. El anuncio está causando nerviosismo en una Europa en la que están aflorando cada vez mayores tensiones acerca del manejo de la crisis. Una consulta popular de tan incierto resultado puede constituir un problemático escenario de debate acerca de la política de ultraortodoxia fiscal patrocinada por Alemania, y que despierta un recelo cada vez más abierto. François Hollande, por ejemplo, -líder de los socialistas franceses y favorito en los sondeos para las presidenciales de primavera- ha expresado duras críticas sobre el tratado, que promete renegociar en caso de lograr la presidencia.

Aunque un hipotético rechazo de Irlanda al plan para reforzar la disciplina fiscal no paralizaría su entrada en vigor, que sólo requiere la luz verde de doce países, la convocatoria puede dar alas a la pugna política en el continente y volver a poner en evidencia la fragmentación entre los miembros de la eurozona.

El primer ministro irlandés, Enda Kenny, se ha mostrado convencido de que la votación brindará “la oportunidad de reafirmar nuestro compromiso con el euro”, pero la adhesión europeísta de los irlandeses se ha enfriado mucho en un contexto de drásticos recortes presupuestarios y recesión, que hace poco más de un año forzó a un plan de rescate internacional con duras condiciones.

Kenny, jefe de un gobierno de coalición de centroizquierda (Fianna Fail y laboristas), se ha visto obligado legalmente a anunciar el referéndum tras un dictamen de la fiscalía general del Estado que concluye que la ratificación del tratado modificaría la Constitución irlandesa. El taoiseach no ha revelado todavía la fecha precisa de la consulta, que se celebrará “en las próximas semanas”.

La oposición del Fine Gael (centroderecha) ha declarado su apoyo incondicional a un pacto fiscal que considera necesario en pro de “la recuperación y la estabilidad”. Los irlandeses, sin embargo, todavía se resienten del golpe para su orgullo nacional que supuso aceptar a finales de 2010 el plan de rescate de la UE y el FMI, por valor de 85.000 millones de euros, inaugurando una etapa de draconiana austeridad económica.

Los votantes de la República ya han dicho no en dos ocasiones a sendos tratados europeos que requirieron de modificaciones para ser finalmente aceptados. El Tratado de Niza (rechazado en 2001 y sólo aceptado un año después al replicarse la votación) y el Tratado de Lisboa, ratificado hace tres años después de una negativa inicial en 2008, que levantó ampollas entre los restantes socios europeos. Los dos grandes partidos que tradicionalmente han dominado el gobierno de Irlanda desde la independencia (Fianna Fail y Fine Gael) confían en ser capaces de convencer ahora a sus electores, pero nunca puede descartarse un fiasco a cargo de la proverbial rebeldía de los irlandeses.