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Al menos 22 muertos en las protestas en Siria

Las tropas se enfrentan a los manifestantes en varias localidades del país

El Ejército sirio ha causado hoy al menos 22 muertos entre los opositores que se manifestaban en contra del presidente Bachar el Asad en distintas localidades del país, según señalan los activistas. Estos datos contradicen la versión del régimen de Damasco, que el pasado miércoles aseguró a Naciones Unidas que la ofensiva militar en contra de "grupos terroristas" había terminado.

La mayoría de los enfrentamientos que han protagonizado el enésimo viernes de la ira se ha producido en la provincia de Deraa, en el sur, donde arrancaron las protestas el pasado mes de marzo. En esta provincia, al menos 15 personas han muerto hoy la vida en choques entre grupos de manifestantes y miembros de seguridad, según el Observatorio sirio de Derechos Humanos: ocho víctimas civiles en la localidad de Gabagueb, cinco en Elheraq, una en Enjel y otra en Nawa.

"Adiós Bachar, nos vemos en La Haya", gritaban los manifestantes en Homs

Además, cuatro manifestantes han muerto en varios barrios de la ciudad de Homs (centro) y otras dos en la provincia de Rif Damasco (sur), unas zonas en las que ya de madrugada los ataques de las fuerzas de seguridad dejaron dos fallecidos. Se estima que la cifra total de muertos podría aumentar en las próximas horas debido al estado grave de los heridos, muchos de los cuales han salido a las calles como cada viernes después de la oración del mediodía para pedir la dimisión -y hasta la ejecución- del presidente sirio.

En el centro de Homs, donde anoche murieron dos opositores, los manifestantes protestaban al grito de "adiós Bachar, nos vemos en La Haya", en referencia al informe publicado ayer por la ONU, según el cual Siria podría ser acusada de crímenes en contra de la humanidad. Otra persona ha muerto en las protestas de Bab Amro, en la misma provincia. Los enfrentamientos entre militares y opositores han tenido lugar también en Deir el Zor (en el este del país), en la llanura de Houla (al norte de Homs), en Hama y en Qusair (en la frontera con Líbano).

El último viernes de la ira se saldó con la muerte de 20 personas en todo el país, que se sumaron a las 2.000 víctimas estimadas por la ONU desde el principio del conflicto. Por su parte, el Gobierno de Bachar el Asad acusa a los manifestantes de ser los únicos responsables del baño de sangre y de haber matado a 500 agentes de policía.

El régimen de El Asad acusado de crímenes contra la humanidad

El informe publicado ayer por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas sobre los abusos perpetrados por el régimen sirio en contra de los manifestantes afirma que el presidente Bachar el Asad podría ser acusado de crímenes contra la humanidad.

La comisión encargada de investigar sobre la situación en el país árabe acusa al régimen de participar en asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y persecuciones.

Para elaborar el informe, que analiza el periodo entre el 15 de marzo y el 15 de julio, la ONU no contó con el apoyo de las autoridades sirias. Los miembros de la comisión especial tuvieron que basarse en los testimonios de 180 ciudadanos sirios huidos del país a raíz de la escalada de violencia. Participaron en el estudio también militares desertores, que se habían negado a obedecer a las órdenes de disparar sobre los civiles desarmados.

Según la comisión, tanto las fuerzas armadas y de seguridad, como las milicias ciudadanas (shabiha) participaron en la violación de los derechos humanos. La ONU acusa a Damasco de haber llevado a cabo "ejecuciones sumarias" y de haber ordenado de disparar en contra de los opositores, incluso en las manifestaciones más pacíficas, donde los activistas exhibían ramas de olivo.

Los exiliados sirios entrevistados sostienen que los ataques se llevaban a cabo de tres maneras: por aire, con tanques o a través de francotiradores. La mayoría de los disparos estaban dirigidos a la cabeza o al pecho de los manifestantes, con el claro objetivo de matar, según sus relatos.

Los activistas afirman también que las "ejecuciones sumarias" estaban a la orden del día en hospitales y en cárceles. Los militares están acusados de haber introducido a manifestantes heridos en celdas frigoríficas de las morgues cuando aún se encontraban con vida.

Más de la mitad de los testigos escuchados por la comisión -98- asegura haber sido víctima de tortura -paliza, electroshock, humillación y tortura psicológica-. Los exiliados también afirman que muchas de las detenciones fueron arbitrarias. El informe afirma que los niños también sufrieron torturas y persecuciones.

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