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Y por si faltaba algo... la P4

Los jueces arrestan a un asesor de la Presidencia del Gobierno italiano y a un diputado del PDL, acusados de formar una sociedad secreta que informaba a Gianni Letta, mano derecha del primer ministro y Gentilhombre del Papa

Cada 15 o 20 años, Italia tiene la buena costumbre de emprender una limpieza a fondo. Luego todo continúa igual o peor, pero lo cierto es que la limpieza se hace. Sucedió a principios de los años noventa con el juicio en Palermo por asociación mafiosa contra el divino Giulio Andreotti y el maxiproceso milanés llamado Manos limpias. Y muchos piensan que está volviendo a pasar ahora con el gigantesco escándalo destapado por la fiscalía de Nápoles, un caso que es casi una novela negra, repleta de nombres excelentes, basura y extraños movimientos en la oscuridad.

El protagonista central es Luigi Bisignani, es un oscuro faccendiere (intermediario) romano nacido en 1953 que desde muy joven estuvo inscrito en la logia masónica P2 y fue condenado por corrupción en los años de Tangentopolis. Pese a ello, los fiscales sostienen que, desde hace años, ha ejercido su enorme poder en la sombra desde un discreto despacho situado en palacio Chigi, la mismísima sede de la presidencia del Gobierno.

Dos fiscales de Nápoles llevan un año indagando sobre esta supuesta y gigantesca red de "influencias y chantajes" tupida por el imputado a pocos metros de la oficina de Silvio Berlusconi. Los magistrados han tomado y siguen tomando declaración a más de un centenar de testigos. Hay ya 19 personas oficialmente investigadas, y tres imputados. Pero los implicados y posibles beneficiarios se cuentan por decenas.

Entre los nombres ilustres que aparecen en las escuchas telefónicas y han sido investigados o llamados a declarar están el número dos del Gobierno, Gianni Letta; el ministro de Economía, Giulio Tremonti; sus colegas (las tres mujeres) titulares de Educación, Medio Ambiente e Igualdad; el presidente de Ferrari, Luca Cordero de Montezemolo, y los consejeros delegados de ENI, Finmeccanica, Correos y Ferrovie dello Stato, además de varios altos cargos de la magistratura y de los servicios de inteligencia.

El auto judicial que ordenó el miércoles pasado el arresto domiciliario de Bisignani le acusa de haber formado una sociedad secreta contraria a la ley Anselmi (es decir, de sello masónico) que informaba directamente a Giani Letta. En Roma se dice que Bisignani sería el jefe del todopoderoso Dottore Letta, hombre dialogante y discreto, y fiel escudero de Silvio Berlusconi. Además de ser secretario de Estado de presidencia del Gobierno, Letta, de 75 años, es Gentilhombre de su Santidad.

Pero la jerarquía entre los tres no está todavía clara. Letta encarna la prolongación del viejo poder vaticaliano y democristiano; exactor y experiodista, trabajó desde los años setenta para Berlusconi, y este le ha señalado a menudo como el mejor candidato a la presidencia de la República. A la vez, Letta es un hombre del Vaticano, el tejedor que engrasa las relaciones con la curia y con el Quirinal. Pero un día alguien preguntó a Berlusconi por Bisignani, y dijo: "Es más potente que yo".

El Ken Follet italiano

Bisignani fue prohijado por Andreotti a la muerte de su padre. Empezó siendo redactor en la agencia ANSA, pero acabó expulsado del colegio profesional tras ser condenado por corrupción en el escándalo de las comisiones de Enimont. Su gran momento de fama se produjo cuando fue cazado mientras ingresaba 9.000 millones de liras en el IOR, el banco vaticano, a nombre de una supuesta asociación para los niños pobres.

En teoría, su único oficio conocido es dirigir la tipografía ILTE, que edita las páginas amarillas. Además, ha escrito algunas novelas de espías. Giuliano Ferrara le llamó el Ken Follet italiano, pero los jueces creen que es más bien el sucesor del venerable maestro de la P2 Licio Gelli, quien todavía vive pero presumiblemente ya no ejerce.

El principal acusado fue interrogado el lunes, y ha confirmado ya a los fiscales que un diputado del Pueblo de la Libertad, el fiscal en excedencia Alfonso Papa, era su topo en algunas fiscalías, y le ponía al corriente de los procesos penales en curso contra, entre otros, el propio Letta; Denis Verdini, coordinador y banquero del PDL, y el movimiento católico Comunión y Liberación.

Letta ha respondido a las revelaciones con una lacónica nota, que afirma: "Caigo de las nubes. No he recibido ninguna información sobre ningún proceso". Su maestro Andreotti le habrá seguramente reprochado la débil respuesta. Il Divo siempre decía que desmentir una noticia es darla dos veces. Ayer, sin embargo, se supo que Letta reconoció ante los fiscales que Bisignani le había informado de la investigación en curso.

Il Dottor Letta, en todo caso, no resulta de momento imputado en el escándalo. Aunque Berlusconi ha defendido su inocencia atacando a los fiscales por "inventarse" las acusaciones, también ha manejado la idea de hacerle senador vitalicio (honor que tiene también Andreotti) para dotarle de algún tipo de inmunidad.

Los jueces han solicitado permiso al Parlamento para enviar a la cárcel al diputado Papa (la junta decide hoy si lo concede), y la captura de un suboficial de los Carabineros, Enrico La Monica, que desde hace unos meses vive en Senegal. Pero no se descarta que haya nuevos imputados, ya que según ha dicho la fiscalía napolitana, la investigación es "de amplio espectro".

La investigación se conoce como P4 porque Bisignani estuvo inscrito en la Logia Propaganda 2, fundada por Gelli y en la que Berlusconi tuvo el carné número 1.816. Para hacerse una idea del poder de Bisignani basta con conocer la opinión del exfiscal Gerardo Colombo, que dirigió la acusación pública en los casos P2 y Tangentopolis y tuvo contacto habitual con Bisignani. Colombo ha recordado que, cuando pidió su captura en 1993, "Bisignani se encontraba en Londres, pero Scotland Yard nos dijo que llamaron a su puerta y, como no lo encontraron, se marcharon".

Según ha resumido Ezio Mauro, el director de La Repubblica, "el berlusconismo ha favorecido la infiltración en los ganglios del Estado de personajes típicamente italianos que nombran dirigentes clave en los servicios secretos, los ministerios y las empresas más importantes, la policía, la magistratura, con el objetivo de chantajear y condicionar a políticos y poner y quitar consejeros delegados. La pregunta es cómo es posible que eso ocurriera desde un despacho de palacio Chigi".

Concita de Gregorio, la directora de L'Unità, ha publicado un impactante editorial en el que contaba que, cuando hace un año publicó por primera vez el nombre de Bisignani en un artículo preguntando por qué tenía un despacho en la presidencia del Gobierno, esa mañana, muy temprano, recibió cuatro llamadas en el diario. "La última, y la más importante, llegó directamente desde palacio Grazioli a través de la centralita del Viminale (el Ministerio del Interior)", explica.

El interlocutor, recuerda la periodista, dijo esto: "Mi querida señora, por la estima que le tengo me permito ponerle en guardia ante posibles errores. No quisiera, sinceramente, que tenga que arrepentirse después. Usted sabe mejor que yo cómo son de insidiosos algunos terrenos, y cuán sembrados están de trampas. Tenga cuidado y no se deje instrumentalizar, no dé pábulo a voces interesadas e injuriosas. Sería una pena: nos obligaría a prescindir de una voz que es tan importante para nuestro país".

Una amenaza en toda regla. Coincidencia o no, De Gregorio acaba de anunciar que deja la dirección de L'Unità. La cúpula del Partido Democrático, es decir Massimo D'Alema, desea un director más dócil con el partido para conducir el diario fundado por Antonio Gramsci (L'Unità). D'Alema ha admitido que conoce a Bisignani desde hace 35 años, pero ha aclarado que lo ve "muy raramente". El auto judicial cuenta que Bisignani recomendó a D'Alema (jefe de la comisión parlamentaria que supervisa a los servicios secretos) el nombramiento de un general para dirigir la Inteligencia del Ejército. La poderosa vieja I República, intentando sobrevivir como sea al advenimiento de la nueva era.