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Los kurdos vuelven la espalda al poder islamista

Los candidatos del AKP han tenido una fría acogida en el sureste del país

Los más de 15 millones de kurdos de Turquía, que se concentran sobre todo en el sureste de Anatolia, han dado una fría acogida a los candidatos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan. Los islamistas moderados, que obtuvieron algunos de sus mejores resultados en esa región en los comicios de 2007, se han visto relegados durante la reciente campaña frente a los masivos actos organizados por el Partido Republicano del Pueblo (CHP), cuyo líder, Kemal Kiliçdaroglu, es de origen kurdo.

El propio Recep Tayyip Erdogan experimentó este rechazo hace una semana en un mitin celebrado en la ciudad de Hakkari al que apenas asistieron un millar de personas. Mientras, todos los comercios de la ciudad permanecían cerrados en protesta por su visita. Poco después, su rival Kiliçdaroglu concentró a una gran muchedumbre en el mismo lugar en medio de la normalidad en la vida ciudadana.

"La comunidad kurda le pasado factura a Erdogan por no cumplir sus promesas en la anterior legislatura. En 2009 anunció la llamada Apertura Democrática, pero la iniciativa fue paralizada", explica Mehmet Yegin, experto en asuntos kurdos dentro de la Organización de Estudios Estratégicos Internacionales (USAK) uno de los centros de investigación turcos más prestigiosos.

Es AKP tiene en su haber la creación de un canal de televisión estatal en kurdo y que los centros de estudio de esa lengua se han multiplicado desde su llegada al poder. "Pero el acoso policial a las organizaciones nacionalistas, más o menos toleradas hasta ahora, situadas bajo el paraguas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se ha incrementado hasta bloquear su actividad", precisa Yegin.

Para muchos kurdos, el progreso que ha experimentado Turquía no ha llegado aún a beneficiarles. "Ser kurdo en Turquía es ser un ciudadano de segunda clase", asegura la escritora Bejan Matur, informa Blanca López Arangüena. Después de tres décadas de conflicto y 40.000 muertos, considera que "el problema kurdo se basa principalmente en haber prohibido la lengua". "Si el Estado diera plena libertad para la lengua y autonomía, tampoco se solucionaría el problema", argumenta, pues "el PKK exige estar en el poder y no acepta una solución pactada". Matur advierte, sin embargo, del nacimiento de nueva clase media urbana kurda que no se identifica con la guerrilla.