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El ministro de Exteriores israelí, imputado por fraude y blanqueo de dinero

El proceso con Avigdor Lieberman, cuyo partido sujeta la coalición de Gobierno, puede causar una crisis política en el país

Avigdor Lieberman, viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Israel, fue informado ayer por la Fiscalía General de que se le imputaban los presuntos delitos de fraude, blanqueo de dinero, abuso de confianza y manipulación de testigos. Lieberman, fundador y líder del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu, tercera fuerza política del país, parecía dispuesto a seguir en el Gobierno hasta que se formalizara su procesamiento. El trámite podría durar seis meses más.

La imputación de Lieberman, tras 10 años de tormentosa investigación, podría suscitar a medio plazo una profunda crisis política. Lieberman se ve como el futuro líder de la derecha israelí, desbordando a Benjamín Netanyahu por el flanco nacionalista y antipalestino, y podría forzar la convocatoria de elecciones anticipadas si le conviniera para frenar el proceso judicial. Sin Yisrael Beitenu, la coalición de Netanyahu se vendría abajo.

Avigdor Lieberman asegura que el caso contra él es una caza de brujas organizada por sus "enemigos políticos". El ministro de Asuntos Exteriores es un personaje altamente polémico, dentro y fuera de Israel. Vive en una colonia en los territorios palestinos ocupados, ha sido condenado por pegar a un niño (2001) y es aficionado a las declaraciones escalofriantes: ha propuesto, entre otras cosas, la "ejecución sumaria" de los diputados árabes israelíes, el ahogamiento de los presos palestinos en el mar Muerto y el bombardeo de la presa egipcia de Asuán. La jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, se reunió una vez con él y desde entonces se niega a repetir la experiencia. Su público, sin embargo, agradece su mezcla de franqueza, populismo y odio a los árabes.

La fiscalía empezó a investigarle 10 años atrás, por haber recibido ilegalmente 800.000 euros de un empresario austriaco para su primera campaña electoral. Luego, según la fiscalía, se descubrió que mientras era ministro de Transportes fundó al menos seis sociedades instrumentales, a través de las cuales ingresó 2,5 millones de euros por contratos que él mismo adjudicaba. Los cargos de fraude, blanqueo de dinero y abuso de confianza se basan en esos hechos.

El año pasado, ya como ministro de Exteriores, cometió otro presunto delito. El Ministerio de Justicia ordenó al embajador israelí en Bielorrusia que recabara de las autoridades locales un documento necesario para el sumario contra Lieberman; el embajador, subordinado del ministro, guardó una copia del documento y se la entregó a su jefe. De ahí la manipulación de testigos.

Lieberman, nacido el 5 de junio de 1958 en Kishinev (antigua URSS, hoy Moldavia), emigró a Israel en 1978 y ejerció diversos empleos, entre ellos el de portero de discoteca, hasta ascender en el Likud, el gran partido nacionalista y derechista israelí. Entre 1996 y 1997 fue director de la oficina del primer ministro Benjamín Netanyahu, pero en 1999 rompió con el Likud y fundó Yisrael Beitenu (Israel es nuestra casa), un partido ultranacionalista y arabófobo cuyo electorado consistía básicamente en los 700.000 inmigrantes judíos llegados desde la antigua URSS en los noventa. Yisrael Beitenu no dejó de crecer y en 2009 se convirtió en la tercera fuerza política, por detrás del Likud y de Kadima y por delante de los laboristas.