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El presidente de Yemen anuncia que no ampliará su mandato

La declaración se produce en víspera de la gran manifestación convocada para mañana en la capital Saná para exigir su dimisión

"No habrá extensión de [mi] mandato, ni sucesión, ni puesta a cero del reloj", ha anunciado hoy el presidente de Yemen, Ali Abdalá Saleh, ante una reunión de emergencia de las dos cámaras del Parlamento. Su decisión, apenas 12 horas después de que su homólogo egipcio hiciera un anuncio similar ante las protestas que amenazan con desalojarle del poder, parece un intento desesperado por frenar un desarrollo similar en ese empobrecido país del suroeste de la península Arábiga. La oposición a Saleh había convocado para mañana su Día de la Ira. La cita se mantiene. Aunque los opositores han calificado de "positivo" el anuncio presidencial, temen que se quede en meros parches para que todo siga igual.

"Ofrezco estas concesiones en el interés del país. Los intereses del país se anteponen a nuestros intereses", ha afirmado el presidente yemení ante los diputados, los miembros de la Shura y representantes del estamento militar. A continuación, el ha pedido a los opositores que suspendan las protestas, concentraciones y sentadas que han organizado para mañana. "Consideramos que se trata de una iniciativa positive y esperamos los siguientes pasos concretos", ha sido la reacción del partido islamista Islah a través de su vicesecretario, Mohammed al Saadi. Pero en cuanto a la manifestación de mañana, "el plan sigue y será organizado y ordenado", ha asegurado Al Saadi citado por la agencia Reuters.

Después de tres décadas en el poder, el mandato de Saleh, un aliado clave de EEUU en la lucha contra Al Qaeda, finaliza en 2013. Sin embargo, desde hace algún tiempo su partido, el Congreso General Popular (CGP), trataba de avanzar reformas constitucionales que hubieran permitido su mandato de por vida. También existían crecientes rumores de que intentaba pasar la vara de mando a su hijo mayor, Ahmad, que actualmente ejerce de jefe de la Guardia Presidencial.

La oposición trató de manifestarse contra esos planes el pasado diciembre, pero no logró movilizar a los yemeníes. Sin embargo, el pasado viernes varios miles de personas se concentraron en Saná, la capital, tras las plegarias del viernes. Junto a los eslóganes por la carestía de la vida, se oyeron por primera vez llamamientos a que Saleh deje el poder. El efecto Túnez era innegable.

Fuentes locales aseguraron a EL PAÍS que las protestas fueron mucho más nutridas en el sur del país, independiente hasta 1990 y en donde en los últimos años se ha reavivado el sentimiento secesionista. Desde entonces no ha pasado día sin que grupos más o menos nutridos hayan protestado a pesar de los sucesivos anuncios de Saleh de incrementar los sueldos de los funcionarios, bajar los impuestos, reducir las matrículas universitarias o crear un fondo de empleo para los jóvenes recién licenciados. Apenas migajas en un país donde el 40% de la población vive con menos de dos dólares al día.

Saleh también anunció un nuevo retraso de las elecciones legislativas, una exigencia de la oposición, pero que puede llegar demasiado tarde. El actual mandato del Parlamento se extendió por dos años en febrero de 2009 tras un acuerdo entre el CGP y la oposición para entablar un diálogo sobre la reforma política. Se consideraba el paso de un sistema presidencial a uno parlamentario y la descentralización del Gobierno. El comité establecido con ese fin sólo llegó a reunirse en una ocasión y los opositores se sintieron traicionados cuando las autoridades anunciaron las nuevas elecciones para el 27 de abril sin esperara al resultado de ese debate político.

"Me temo que ya es demasiado tarde para el diálogo. La gente ya no pide diálogo, sino cambio de régimen y la salida del presidente", advertía ayer Mohamed al Sabri, del la alianza opositora Foro Común, citado por la agencia France Presse.