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Brasil ensaya la alfabetización con flores y poesía

Una experiencia piloto se convierte en modelo de educación ecológica

La escuela municipal Hermann Müller, situada en un área rural de Joinville, en el Estado brasileño de Santa Catarina, se ha convertido en modelo de educación ecológica, con una experiencia piloto para alfabetizar a través de la naturaleza.

En el centro se utilizan métodos revolucionarios que nadie se atreve a criticar, porque los alumnos obtienen altas puntuaciones en los índices de comprensión de lectura y escritura.

La joven directora de la escuela, Silvane Aparecida da Silva, ha sabido conjugar con éxito educación infantil y medio ambiente con un método para alfabetizar a los niños, de procedencia campesina, con flores y poesía.

En un jardín plantado y cultivado por los alumnos bajo la dirección profesional de expertos jardineros, cada letra corresponde a una flor. Y en cada macizo de flores, los profesores cuelgan una poesía.

Este Jardín Encantado está construido con materiales procedentes de demoliciones. El alfabeto de las flores es un camino de piedra que desemboca en una miniatura de la casa de Monet.

Los niños aprenden matemáticas con la construcción de una zona para cultivar orquídeas, que devuelven a la naturaleza cuando llegan a su estado adulto. También cultivan flores y cuidan de la huerta, cuyos frutos van directamente a la cocina de la escuela.

Cuando Aparecida ocupó el cargo de directora de la escuela rural, en 2003, el centro estaba desprestigiado, con apenas 20 alumnos desmotivados que no conseguían aprender a escribir ni su propio nombre. Hoy, la escuela está abarrotada y los alumnos estudian todas las asignaturas a través de la naturaleza, que aprenden a amar, respetar y disfrutar.

Este proyecto innovador, que ha recibido el apoyo de la Secretaría de Educación, tiene el objetivo, como ha confirmado la directora de la escuela a EL PAÍS, de alfabetizar "en un clima de educación ambiental, conduciendo a los alumnos a la observación, la contemplación y el respeto a la naturaleza, experimentando e interiorizando su preservación".

Para los profesores, la finalidad de esta escuela piloto es "promover proyectos y vivencias a través de un aprendizaje dirigido a la ecología, la cultura y la afectividad".

Transformación

Da Silva se emociona cuando cuenta la transformación de los niños pobres, llegados del campo, ante la unión de naturaleza y poesía. "Es increíble cómo los niños entienden la poesía y consiguen transformar sus vidas con ella. Mejor que los adultos. A ellos no les dan miedo las imágenes y metáforas más osadas. Cuando leen, por ejemplo, el verso "aquí plantaremos árboles y sombras": para ellos plantar también sombras es algo normal. Su fantasía trabaja mejor que la de los adultos, a quienes la poesía suele crearles miedo porque desbarata sus seguridades. A los niños, no. Ellos están siempre abiertos a la paradoja y a lo inesperado".

Una particularidad y genialidad de la escuela de Joinville es la complicidad de los alumnos con sus padres y familiares, gente del campo. Da Silva cuenta cómo los niños, con su amor por los pájaros como símbolos de libertad, consiguen convencer a sus padres de que abran las jaulas para dejar libres a los pájaros y de que abandonen la caza, entregando las escopetas y trampas a la escuela.

"Los niños, cuando entienden y aman el lugar en que nacen, al crecer se vuelven ciudadanos comprometidos con el lugar de sus raíces", afirman los maestros.

Entre jardines, huertas y pájaros en libertad, los alumnos reflejan una alegría difícil de advertir en las severas escuelas formales. Una experiencia digna de reflexión en la compleja búsqueda de nuevas formas de enseñar.