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Malestar en el aire

En los vuelos de prueba no sólo es preciso conocer el estado externo del aparato, sino también las consecuencias directas en la climatización de la cabina de pasajeros. Por ahora ninguno ha sufrido daños.

Pese a que algunos aeropuertos europeos han comenzado a retomar la actividad (en España AENA ha autorizado a que estén de nuevo todos operativos) y otros lo irán haciendo en las próximas horas, la mayor parte del espacio aéreo europeo se mantiene cerrado a causa de la nube de cenizas expulsada por el volcán islandés Eyjafjallajökull. Con el fin de evaluar el estado de la atmósfera en altitudes correspondientes a determinadas aerovías europeas, tres de las compañías aéreas más afectadas por las suspensiones, la holandesa KLM, la alemana Lufthansa y Air France, están realizando vuelos de prueba en los aeropuertos de Dusseldorf (Alemania), Schiphol (Holanda) y Charles de Gaulle (París).

Lufhansa los realizó 10 vuelos durante la jornada del sábado, mientras que KLM ha puesto en vuelo de manera escalonada, el mismo número de aviones a lo largo de la mañana del domingo 18. Air France anunció que, durante la tarde del domingo, un A-320 realizó un trayecto entre París y Toulouse, sin que hubiera tenido ningún problema. Estas pruebas consisten, principalmente, en enviar por distintos niveles de vuelo (altitudes comprendidas entre los 3.000 y 13.000 metros) varios aparatos sin pasajeros, pilotados por tripulaciones expertas y con técnicos a bordo. Los resultados de estos vuelos, aprobados por las distintas autoridades del transporte alemán, holandés y francés, se harán públicos tan pronto como se hayan sacado conclusiones en base al examen de los aviones ya en tierra, aunque parece claro que en los que ya han aterrizado no se aprecian daños.

Sin embargo, se ha manifestado en distintas aerolíneas un malestar creciente, al considerar que las medidas mantenidas por las distintas autoridades aeroportuarias relativas al cierre de los aeropuertos, está siendo exagerada, ya que las condiciones atmosféricas no son tan graves como para mantener gran parte del espacio aéreo cerrado. Sin embargo, Ryanair, aerolínea irlandesa de bajo coste y una de las principales compañías aéreas por volumen de pasajeros y operaciones, ha anunciado la suspensión de todos sus vuelos en Europa hasta el miércoles, con excepción de España. Además, ha advertido a sus tripulaciones desplazadas para que, desde ahora, hagan lo posible por estar ese día en sus bases de operaciones para iniciar los vuelos de inmediato. Insisten desde la compañía aérea en que (y al igual que sucede en el interior del avión) mientras que se encuentren desplazados de sus bases, el comandante es el máximo responsable de cada tripulación también en el exterior, por lo que deben estar en contacto permanente con él y en total disposición para un eventual retorno inmediato a las operaciones (las tripulaciones suelen estar integradas por seis personas en aviones del tipo Boeing 737-800, modelo operado por Ryanair).

Según Eurocontrol (organización europea encargada de la seguridad en la navegación aérea), el espacio aéreo superior (las aerovías de alta cota) es apto para el vuelo, dependiendo de aquellas zonas en las que la previsión sea la de contaminación por ceniza volcánica. Eurocontrol, sin embargo, advierte de que la dificultad está en acceder a ese espacio aéreo superior, ya que en la mayor parte de los casos las áreas que los rodean aún presentan muchas dificultades. Según los datos aportados por este organismo internacional, se esperaban alrededor de 4.000 vuelos registrados durante el domingo en el espacio aéreo europeo, cuando lo normal es que en el mismo se hubieran realizado más de 24.000 vuelos. En total, desde el jueves 15 de abril y hasta el domingo 18, han sido cancelados más de 63.000 vuelos en el espacio aéreo europeo, con las pérdidas que representan no sólo para las compañías aéreas, sino también para todos los servicios auxiliares que operan en los aeropuertos.

Ante un vuelo de prueba en el que ha atravesado una zona presuntamente contaminada por ceniza volcánica, no sólo es preciso conocer el estado externo del aparato (sondas, equipos de navegación, componentes externos móviles y motores) una vez haya aterrizado, sino también las consecuencias directas en la climatización de la cabina de pasajeros. La presurización y ventilación de la misma se efectúa por un sofisticado sistema de distribución interna de aire acondicionado, que depende directamente de la mezcla entre el aire caliente procedente de los motores y el aire de impacto (aire exterior que se envía filtrado al interior del avión). Si existen partículas en suspensión en el exterior, pese a que los filtros recogen casi todas las impurezas, es inevitable que una parte se haga patente en el interior en forma de humo y olor a azufre.

Lo que está provocando más quebraderos de cabeza a las autoridades internacionales que deben tomar la decisión de abrir los aeropuertos, es la gran superficie de atmósfera afectada, algo sin precedentes en la aviación europea. Es frecuente (en las rutas hacia o procedentes de Italia) evitar las erupciones del volcán Etna, situado en la costa oeste de la isla de Sicilia. Para ello existen aerovías alternativas usadas por las compañías aéreas que evitan la nube de cenizas lanzada por el volcán, casi siempre en la misma dirección, lo que permite rodearla con facilidad. En el caso del volcán islandés es distinto. Al haberse producido la principal erupción el miércoles (y dada su intensidad), ha dejado en las capas altas gran parte de cenizas que, precisamente por su escaso tamaño y peso (no afectan prácticamente a los vuelos comerciales) pueden permanecer semanas en suspensión. Las aerolíneas que retomen sus rutas aéreas habituales, tendrán que aumentar las revisiones de sus aparatos tras los vuelos, en especial en lo relativo al mantenimiento de filtros y sondas que estén expuestas a la corriente de aire exterior.