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La policía mexicana busca a un quinto implicado en la muerte de Paulette

Los investigadores sospechan de un hombre de unos 40 años y amigo de la madre.- La niña de cuatro años fue hallada ayer muerta con síntomas de asfixia

"Sin evidencia, no hay crimen". Esta frase no ha sido extraída de ninguna serie policiaca en boga. La pronunció hace unos días Lissette Farah, madre y hasta ahora principal sospechosa de estar involucrada en la muerte de la pequeña Paulette, cuya desaparición y fallecimiento están aun lejos de aclararse, en un caso que ha intrigado, consternado e incluso encolerizado, a la sociedad mexicana.

La policía mexicana busca a un quinto implicado en la muerte de la niña de cuatro años, cuyo cuerpo fue ayer hallado en su habitación con síntomas de asfixia. A los padres de la pequeña y las dos niñeras, que se encuentran detenidos, se suma ahora este nuevo sospechoso, un hombre de unos 40 años, y que, de acuerdo con los primeros datos, se trata de un amigo de la madre, han informado fuentes jurídicas.

La madre, Lisette Farah, es quien ha levantado más suspicacias, tras incurrir en importantes contradicciones en los interrogatorios, según los investigadores. La mujer sufre trastornos de personalidad. Además de ella, el padre, Mauricio Gebara, y las dos cuidadoras, Erika y Martha Casimiro Cesáreo, están en situación de arraigo, detenidos y aislados en dependencias policiales a la espera de que avance el caso. La policía ha confirmado que la búsqueda del quinto implicado se centra en la capital del país.

Atención permanente

Paulette nació en una familia con dinero. Interlomas, donde desde hace nueve años viven los Gebara Farah, es uno de los suburbios insignia del poderío económico de los habitantes de Huixquilucan, municipio colindante con la ciudad de México. La niña vino al mundo con discapacidades motrices y de lenguaje producto de su nacimiento a las 25 semanas de embarazo. Requería atención permanente, que además de sus padres, le procuraban dos nanas, y fue precisamente una de ellas la que la mañana del lunes 22 de marzo descubrió que la pequeña no estaba en su habitación.

La familia avisó ese mismo lunes a la policía del Estado de México de la desaparición de la niña. Fue cuestión de horas para que en las redes sociales, Paulette se convirtiera en un tema de tuiteros y facebuqueros. Fotos de Paulette en las que aparece vestida con vistosos disfraces, sonriente, comenzaron a circular en correos electrónicos, a aparecer en cartelones, a convertirse en una imagen común en las avenidas de la capital mexicana.

Al mismo ritmo que crecía el interés de la opinión pública comenzó a abultarse el escepticismo colectivo pues las cosas no cuadraban. Su precaria salud anulaba la posibilidad de que la niña hubiese escapado por sí misma. Pero la presencia de algún extraño no había dejado rastro: ninguna puerta había sido forzada o violentada, y los perros que habitaban en el mismo domicilio no alertaron presencia de extraños o movimientos inusuales. El secuestro, moderna plaga en México, quedó descartado: nadie contactó nunca a la familia para pedir rescate o extorsionar. Y las comparecencias de los padres ante los medios sólo provocaron que las dudas se multiplicaran: "¿así vas a salir en la televisión?", recordaba una colega de Milenio TV que le dijo Mauricio Gebara a su mujer, vestida en chándal, unos minutos antes de la entrevista.

Si existe algún comportamiento "único" que se debe mostrar cuando uno tiene extraviado a un hijo, ése, cual sea, nadie nunca lo vio en Mauricio o Lissette. El ruidero en las redes sociales clamaba por el paradero de Paulette con la misma intensidad que se regateaba solidaridad a los padres, vistos como impasibles. "Estoy tranquilo", llegó a decir Mauricio a El Universal cuando la niña llevaba días desparecida. El padre alegaba que estaba seguro que su hija no estaría lejos.

A la semana de la desaparición de Paulette, la policía decidió sellar el departamento de los Gebara Farah. La última, que entró al cuarto de la niña, según informó el propio Procurador de Justicia fue la madre, que pidió pasar para tomar un suéter. El lunes, Mauricio y Lissette, y las dos nanas, fueron detenidos de manera precautoria y traslados a un hotel de Toluca, capital del Estado de México. Las autoridades explicaron que tal medida obedecía a que los principales testigos habían caído en contradicciones y que preferían mantenerlos aislados.

La medianoche del martes peritos en criminalística llevaron a cabo la tercera reconstrucción de los hechos. Y fue cuando ocurrió el hallazgo. Envuelta en sábanas, el cuerpo sin vida de Paulette estaba en su recámara, semioculto, entre su colchón y la base de madera del mismo. En esa misma recámara en la que, sentada en la cama, su madre dio un puñado de entrevistas a los medios.

Alberto Bazbaz, procurador de Justicia del Estado de México, enfrentó a los medios de comunicación el miércoles por la tarde (hora mexicana) y en una caótica conferencia dijo que saben que Paulette murió por asfixia causada por obstrucción de las vías respiratorias y compresión torácico-abdominal. Y dijo que la personalidad de la madre les genera dudas, al punto de que pasó de testigo a sospechosa. Pero no especificó fecha posible de la muerte, menos aún móvil, cómplices o ubicación de la escena del deceso. Y tampoco explicó cómo es que nueve días después de que ellos se involucraron en el caso les aparece el cadáver en la mismísima recámara. Los primeros exámenes periciales practicados al cadáver apuntan a que la niña murió entre el 22 y el 26 de marzo. El mismo día 22 fue cuando se denunció la desaparición de la pequeña.

La pregunta que más atormenta hoy es si la muerte se pudo haber evitado, es decir, si ésta ocurrió después de que fue reportada la desaparición. Las imágenes presentadas por el procurador en la conferencia de prensa incluyen una de parte del cuerpo de Paulette. A partir de lo que se observa en la misma, algunos aventuraron que es improbable que llevara más de una semana de fallecida.

Pero en la conferencia también se presentaron audios de la madre. En uno se le escucha instruir a su otra hija, de siete años, para que no despierte sospechas. Y en el otro señala que "sin evidencia, no hay crimen". Se equivocaba. Hay un crimen. Y las evidencias empezarán a hablar poco a poco, pero lo harán.