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La cumbre de L'Aquila da otra oportunidad a la Ronda de Doha

Países ricos y emergentes se comprometen a cerrar el acuerdo sobre comercio internacional en 2010, tras sucesivos fracasos

El empeño del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, de reactivar el G-8 mediante el tosco método de añadir países como capas de cebolla a la cita del club de los más ricos, multiplica los gestos huecos, tan habituales en estas cumbres. Pero la reunión en L'Aquila de líderes de las economías avanzadas y emergentes obligaba al menos a revisar un asunto pendiente, cada vez más difícil de eludir: la reapertura de las negociaciones para eliminar barreras al comercio internacional. Un envite que los líderes mundiales salvaron por la mínima, con el compromiso de cerrar un acuerdo en 2010.

La Ronda de Doha, como se bautizaron las negociaciones que lanzó en 2001 la Organización Mundial de Comercio (OMC) para liberalizar más los intercambios de mercancías y servicios, simboliza también uno de los fracasos más sonoros del inédito esfuerzo de países avanzados y emergentes por afrontar de forma conjunta la crisis económica.

El G-20, el foro que sintetiza este nueve impulso, se fijó como meta en su primera reunión de líderes, en noviembre pasado, alcanzar un pacto para retirar aranceles y subvenciones antes del fin de 2008. En su segunda reunión al más alto nivel, en abril, el G-20 sólo pudo constatar el enésimo chasco tras más de ocho años de conversaciones y ni tan siquiera se atrevió a fijar un nuevo plazo.

Se desatascan las negociaciones

Ahora, las negociaciones vuelven a desatascarse. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, fue el encargado de dar la buena nueva en un receso de otra de las reuniones de formato cambiante en las que muta cada puñado de horas la cumbre de L'Aquila. "Nos comprometemos a lograr una conclusión ambiciosa y equilibrada de la Ronda de Doha en 2010", afirma el comunicado que suscribieron el G-8, el grupo de los principales países emergentes (el G-5, constituido por China, India, Brasil, México y Suráfrica), Egipto (invitado por Italia), Suecia (presidencia de la UE) y Australia, Indonesia y Corea del Sur (que completan el Foro de las Grandes Economías, creado para acordar medidas contra el cambio climático).

La fortaleza del compromiso adoptado este jueves radica en que incluye a los países determinantes en la negociación comercial: la UE y Estados Unidos, por el bando de las economías avanzadas, y China, India y Brasil, por el lado de los emergentes. Pero estos mismos países ya suscribieron, sin resultado alguno, documentos similares al acordado en la Escuela de la Guardia de Finanzas de L'Aquila, sede de esta cumbre.

La Ronda de Doha encalló en julio de 2008, con EE UU y India parapetados en las posiciones más enfrentadas. Y es precisamente la culminación de los procesos electorales en ambos países lo que, en palabras del director general de la OMC, Pascal Lamy, ha cambiado "la música ambiente" de las conversaciones en las últimas semanas. Un viraje comandado por los nuevos representantes comerciales de EE UU, Ron Kirk, e India, Anand Sharma. Y que pasará su primera prueba en una próxima reunión ministerial, que India propone acoger a principios de septiembre.

Dólar y alimentos

El resto del comunicado avalado por los 18 países reitera mensajes ya lanzados en la última cumbre del G-20. Hubo un levísimo guiño a la exigencia china de repensar el peso del dólar como divisa de referencia - "trabajaremos para lograr un sistema monetario internacional estable y que funcione bien"-. Y repite los compromisos de afrontar los efectos sociales de la crisis y de impulsar una regulación más estricta de las finanzas.

La cumbre se cierra el viernes con una mesa ampliada a 30 países sobre seguridad alimentaria. El presidente de EE UU, Barack Obama, promueve un nuevo fondo de ayudas a los agricultores de países pobres, con el que quiere reunir 15.000 millones de dólares en tres años. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que llegó el jueves por la tarde a L'Aquila, abrirá este foro junto al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon. España ya ha adelantado que destinará 1.000 millones de euros en cinco años a iniciativas contra el hambre en zonas rurales.